12.11.07

066 - Concho!




¡Concho! Lo escribí en Febrero y lo había olvidado ¡Concho!
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Había ido a comprar el banco, como otras tantas veces. Me habían llamado ellos, estaban interesados en una OPA amigable. Había acudido a la cita con un cierto desdén, sabía de antemano que no llegaríamos a un acuerdo. Ellos no pondrían un buen precio y yo no tenía liquidez suficiente como para comprar el banco entero. En serio, comprar solo una parte no me apetecía, sería tanto como comprar solo unos tornillos, a lo sumo, solo una pata. Ya sabía de antemano que la conversación la remataría diciéndoles que en tanto no les comprase el banco entero me limitaría a prestarles algo de mi dinero, lo suficiente para que mi economía no se resintiese y lo necesario para crear riqueza en el país y permitir que ellos siguieran forrándose a costa de pretendientes como yo, pretendientes a comprar el banco entero. ¡Así podían ellos tener esos sillones! ¡y millones!
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Mientras esperaba, en un confortable sillón azul con vistas a la única bahía del norte que mira al sur, rodeado de periódicos de color naranja, de esos que las vísceras solo le interesan en tanto coticen en bolsa, y absorto en John Surman y Jack DeJohnette, llegó una pareja de uno, de uno por que en principio solo me fijé en ella (debe ser una deformación, o defecto de nacimiento). Se sentó a mi lado, separada por una mesita repleta de periódicos de color naranja. Mediana edad, quizá 50, vaqueros, jersey a rayas horizontales, de variados colores, diría de fabricación artesanal. Una chaqueta de cuero en los brazos. Picaba sur (foehn le llaman en centroeuropa y yo he decidido llamarle comenieves) y el día era cálido. No era como para tenerla puesta, la chaqueta. Cogió uno de los periódicos naranja y lo hojeó desdeñosamente, como buscando sin buscar en mí, diría Santa Teresa. No me miró.
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Se le acercó su otra mitad, deduzco, y la incordió quitándole el periódico naranja. ¡Concho! dijo ella, con ligero acento gallego suavizado por los muchos años que llevaba viviendo en esta ciudad del norte que mira al sur, no exento –el acento- de una cierta acritud. (Bueno, esto es una elucubración mental, pero podría ser así, me refiero a lo de la residencia en la única ciudad del norte que mira al sur)
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¡Concho!, Esta palabra mágica, como ¡Abracadabra! desató todas mis neuronas. John Surman y Jack DeJohnette pasaron a un segundo término y llegó en pleno mi niñez, la de aquellos tiempos en los que a golpe de escoba encerraba a mi tía Chita en el baño. Chita era la más joven y guapa de mis tías, y nos sacaba a paseo al parque, acompañada por el que más tarde sería su marido. Nosotros, mis hermanas y yo debíamos ser las carabinas ¿se usará esta palabra ahora?.
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¡Concho!. Se había roto la cerradura del baúl de los recuerdos. Todo junto, a la vez. Mis incursiones a robar uvas, manzanas y peras, en los huertos de las afueras. Mi robo de bicicletas mientras mis amigos jugaban a ese noble deporte llamado balompié, al que -como un valiente- me he resistido hasta estos días. Mis helados de La Ibense, mis churros y patatas fritas, saladitas eso si, de Galiano, mi vinito dulce de Cariñena, de ese que salía de un baturro con un gigantesco odre (era niño pero no era tonto y, además los padres no se andaban tan preocupados por los niños como ahora), los coches de choques, el Teatro Principal y las entradas de gallinero (primera tentativa de alejamiento de La Tierra). Todo por un ¡Concho!.
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Después lo he pensado. Concho, ¿no será el masculino de concha? (Le preguntaré a un argentino). Yo era niño, no sabía de lengua, podía decir impunemente me cáchis en la mar sin saber que realmente decía me cago en la madre de dios, o decir me cago en diez sin atender a esas transformaciones del lenguaje para evitar decir sin problemas me cago en dios.
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Ah, ya recuerdo, en los bares ponía prohibido jurar y blasfemar, ahora entiendo. Yo solo entraba a recoger una chapas de martini o cinzano para aplastar un poco y rellenar con una elaborada mezcla de arena (ahora sé que era silícea) y piche (alquitrán). Con esas chapas barría, ganaba todo, se pegaban al suelo y vamos, nada que ver con las normales, rellenas de una cáscara de naranja o papeles de periódico húmedo. Era el rey. El rey del fórmula 1 de los recorridos de chapas. Podría crear recorridos inverosímiles sabiendo que mis chapas responderían siempre.
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¡Concho!, no lo he dicho, era la palabra que usaba Chita, y de ahí mis evocaciones. Yo no juraba, no sabía. Sabía algunas palabrotas pero no sabía decirlas en el momento adecuado. Los niños de antes éramos más inocentes. Nuestros padres no sabían como convertirnos en unos pequeños josputas, no tenían tiempo ni experiencia. Ahora es más fácil, aunque ellos se esfuercen poco, la vida ayuda mucho.
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Pero de niño tuve una mala experiencia (seguro que más) ¡Concho! Debió decir aquel padre que me obligó a devolverle a su hijo todas las bolas (
otros les llamaban canicas) que jugando limpio le había ganado. Podía ganar doscientas al día, si quisiera. Y no me importaba cambiar cien canicas de barro por tres de piedra o una de cristal. Podía ser generoso, sabía que todas volverían a mí. No soy modesto, para qué, soy realista. Donde ponía el ojo, iba la bola. Ni más ni menos, sin exagerar. Así que ¡Concho! debió decir mucha gente. Coño de crío dirían ahora o, joder con el enano este. (hay muchas combinaciones posibles)
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Joder, dirían los del circo. Me colaba en todos, era mi pasión. Nunca conseguí cazar un gato, noble forma de entrar en el circo gratis. Decían que si les llevabas un gato, para darle de comer a los leones, te dejaban entrar gratis. Ahora, que sigo siendo un niño, creo que era mentira. Bueno, yo no cacé, pero mi venganza era segura, nunca les compré una entrada. También pedían papel para limpiarle el culo a los elefantes. Ahí es donde caí yo en cuenta que todo debía ser mentira. Tan mentira como los personajes del circo. Al acabar la función, los veía y comprobaba que eran normales, como mis padres. ¡Gente normal! ¡Concho!
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Total, la señora del concho había conseguido sentar a su marido, un suponer, en otro sillón, y le había pasado la revista, no sin antes recriminarle la forma brusca de asalto sufrido. El sur seguía iluminando la bahía al sur de la ciudad que mira no al norte. Esos claros días gozan de una visión larga. La humedad atmosférica baja a medidas cercanas al 50% contra las superiores al 70% habitual. La visión alcanza más y más lejos. Los picos del sur estaban más limpios y definidos. No lo puedo evitar. Hablo conmigo y me digo con asombro, ¡oye!, ¡y que los has subido todos! ¡concho!. Y al oeste, los Picos, los únicos que se escriben con mayúscula, mucho más cercanos, pidiéndome un ¡concho! a gritos, creo que ya me echan en falta.
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Volví con John y Jack, a los que ahora, mientras escribo, escucho de nuevo para ponerme en situación. Y agradecí profundamente todos los recuerdos desatados.
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Cuando se marchó la mujer del ¡concho!, me sentí desazonado. Tenía que haberle dicho algo, algo acerca de mi cascada de recuerdos, o interesarme acerca de su acento. O preguntarle acerca de su vida en cualquier otro plano de la realidad. Quizá hubiéramos compartido ciudad, colegio, autobús, algo. Ahora, un mes más tarde (más o menos) y por tanto más próximos al FinDelMundo, se me remueve alguna fibra sensible, que debería tener en algún lugar. No sé, cuando estudié estas cosas, las fibras solo eran eso, fibras. Carne roja.
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Nunca me hablaron de la fibra sensible, además, ¡la fibra sensible, concho!. ¿Significará que sólo hay una?. Y si solo hay una, cuando dicen que hay que comer fibra para ir bien al water, ¿se refieren a esa fibra?. Entonces, ¿se alojará en el estómago e irá a parar, vía intestino delgado y después grueso, al ano?
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¿Que pasa? Tal vez, antes de salir, deje la sensibilidad en las vellosidades intestinales. Sería la solución de algunos problemas. Supongamos que dentro del torrente sanguíneo llegara al cerebro y se alojara en un clúster específico. Si, tal vez sea así. Ya entiendo. Esta claro, esas personas que carecen de sensibilidad debe ser por que no se queda nada en las vellosidades intestinales, todo sigue hasta su destino final. Tal vez de ahí venga la expresión tiene la sensibilidad en el culo.
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Seguro que la fibra sensible, una vez alcanzado el cerebro, se ubica en un clúster. Sucede, y eso lo he comprobado, que cuando dos clúster homogéneos se juntan, se transfiere información. Eso me debe estar pasando. Tenía en un cluster el ¡Concho! y en otro, mi niñez. Ya está. Se han juntado y por ósmosis se ha transferido información dispersa. No dejaré sueltos los demás clusters. Acuden en masa, para aflorar, multitud de recuerdos.
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De momento, me quedo con Chita encerrada en el baño, hasta que decrecía mi furor infantil o mi madre me quitaba la escoba.
¡Concho! No compré el banco. Lo sabía.

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De John Surman, con o sin Jack DeJohnette, recomendaría:
* Upon Reflection
* Private City
* Withholding Pattern
* Invisible Nature
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Cualquiera de estos álbumes es bueno para empezar
y lo siento, no he encontrado nada de él para este texto.
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También recomendaría mirar un cuadro, por ejemplo, de Modigliani: Desnudo rojo
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texto: Concho - 071112 ovnm - 070308 WAST
fotografía: Mil canicas huyendo apresuradamente


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Post scriptum
Coco Becerra ha dejado un comentario en este post. Decía yo, cinco líneas más arriba, que sentía no haber encontrado nada de John Surman. Él lo ha hecho.
Lo que ha encontrado es exactamente lo que yo quería, enriquecido con unas excitantes imágenes.
Pongo aquí el enlace, y agradezco a Coco Becerra su diligencia. Se ve que sabe.
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14 comentarios:

mandarina azul dijo...

¡Concho! Pues que, una vez más, me ha gustado mucho leerte.
¡Concho! Y la ósmosis de tus dos clúster.
¡Concho! Y tu tía Chita (¿Conch-ita?).
¡Concho! Y tus canicas.
¡Concho! Y Yann Tiersen, al que hace ya una temporadita que no escuchaba.
¡Concho! Y la señora gallega.
¡Concho! ¡Que te doy un beso! ¡Concho!

carlota dijo...

He disfrutado como una enana (igual es porque yo también he retrocedido en el tiempo) leyendo este post, lleno de nuestra tierra, de la gallega, de tus recuerdos tan vívidos y tan ...¿lejanos? (je,je). Fíjate, que según leí el título, inmediatamente recordé a mi madre, cabreada, pronunciando esa palabra que era la más grave que podía salir de su boca, jaja. Y Chita se llamaba una de mis abuelas, y Chiti una de mis tias...una gozada leerte y viajar contigo en el tiempo. Besos.

humo dijo...

En la meseta se decía jopé y jolines, pero también mecachis.
Ahora digo todo tipo de palabrones, quizá para vengarme por las collejas que me propinaban mis hermanas cada vez que decía mierda o algo parecido. No pudieron hacer de mí una señorita, qué frustración tan horrible.

carlota dijo...

Por cierto, me fui a ver el cuadro...ya lo conocía, pero me volvió a impresionar, que belleza, y color. Leí que por lo visto el rojo era su color fetiche, criticó los "trucos" de Picasso, aunque le pintó, y fue un pintor maldito en vida, criticado por su aficción a las mujeres, drogas y bebida...(el orden lo desconozco) y por sus pinturas "obscenas"...muriendo en 1917 sin saber lo que era el éxito, de tuberculosis. Y parece que casi un siglo después, sus obras son las más cotizadas, tras Picasso, Warhol, y...ya no me acuerdo...vayan a verlo, merece la pena. Gracias de nuevo a tí, Ñoco, por recomendarlo.

E Bosch dijo...

Yo recuerdo haber escuchado "conchu" (pronunciese con acento catalán) pero a gente de la generación de mis abuelos. Luego le perdí la pista a la palabreja. Me ha hecho gracia leerla de nuevo.
Descomunal Modigliani.

Luigi dijo...

Me ha encantado ver escrita una palabra que he escuchado toda mi vida de mi madre y mis tías, muy gallegas todas ellas.

También dicen Tasi por Taxi, Vítor por Víctor, y limóng por limón.

Tesa dijo...

Me han gustado mucho tus relatos y ese juego de canicas de un lugar a otro.

Si tus canicas no tienen donde ir, tengo un bote de vidrio donde todavía guardo unas cuantas, son tan bonitas que ahí están, recordándo mi niñez, y todos los niños que han pasado por mi vida.

¡Concho!, hacía mucho que no leía esta expresión.

Añoranza de la buena con una sonrisa.

Besos.

RAMMSES dijo...

A mi memoria los recuerdos de mi niñez afortunada. Así como tu, también fui niño pero no tonto. Fascinante... ¡¡Ñoco y la musica!!
Hoy he sido niño otra vez.
Un abrazo.
PD: Ñoco que te comenté antes pero no se guardó no importa ya esta otra vez y con placer.

isabel dijo...

Oh, marbles.
A lovely story! Once again I go back to childhood. Why do all of us remember our delightful childhood? Are we maybe, too old and miss it?
And... what to say of this endearing word? I can also remember old days in my Castillian village and people saying it in the most different occassions. Nowadays it has practically dissapeared. It's been a pleasure to listen to it again.HH

Coco Becerra dijo...

Os dejo esto, no tengo tiempo de mucho más. (Como Mc Arthur y Terminator dijeron antes, volveré). http://www.youtube.com/watch?v=eyIPFWPCx9M

Teresa (tu sobrina) dijo...

¡Oh qué lindo! Cómo me ha gustado. Yo que soy mucho más joven te diré que en el colegio cuando era niña decíamos ¡concho! también, pero poquitas veces, porque era una palabra que se suponía que era fea. Así que tal vez los niños de ahora lo digan también (aunque no creo, no es eso lo que les oigo decir cuando me los cruzo por las calles)
También he mirado el cuadro, y me ha gustado mucho el desnudo rojo, sí señor, no lo conocía. Y me gusta la expresión de su cara. Y viendo ese cuadro en internet me encontré con otro, el desnudo sentado, también de Mondigliani, y me ha gustado mucho también.
También escuché la canción, es estupenda. Cuando empieza parece de una peli tipo "Pi", o parece que va a pasar algo o que hay alguien muy solo (alguien en blanco y negro). Un beso enorme.

Marina dijo...

¡Concho, concho y concho! qué bueno es, por favor, cómo me ha gustado.
em e terminaron las palabrs. ¿Qué puedo decir! ¿PODRÉ ESCRIBIR COMO TÚ CUANDO SEA MAYOR? ¿SI? PORFA.

Ya es la segunda vez que te lo pido y no veo que me suceda nada, escribo igual que siempre. Joooooo

Un beso de súplica porafaaaaaaaaaa

Merce dijo...

conCHÓ!!!

Esmeralda dijo...

Un placer leer una historia que te transporta lejoooos en el tiempo.
Jugué mucho con las canicas, como las calles eran de tierra se hacía en cualquier lado el agujero para meterlas. Tengo una cajita llena, no de aquella época(se quedaron por algún tramo del camino)pero tengo muchas.

Jolín! yo también fui niña, sobre todo hasta los 4 años, luego fui niña pero triste.
-Que chiquica mas buena - le decían a mi madre.
Ahora con la perspectiva de la edad, pienso, que no era buena, ERA TONTA. Las palabras malsonantes no me las habían puesto aún.

Me ha gustado mucho esta marcha atrás y que tu la hayas provocado.

Ps i As