jueves 4 de diciembre de 2008

Aurelio el limpio

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Después de la guerra. Después de los muertos y los tullidos. Saliendo del hambre y la miseria y con los odios a flor de piel. El odio de los vencedores.

Una aldea perdida en las montañas.

Aurelio.

Malas comunicaciones. Desde la capital más cercana… primero el tren. El lento y traqueteante tren de madera. Luego, el autobús local de nombre tan rimbombante. La Conveniencia. Por fin, media hora andando entre caminos, atajos y veredas que atravesaban bosques y claros.

Aurelio.

Pocos habitantes salían o entraban en la pequeña aldea. Para acceder a la misma, aquellas andaduras a través del bosque, que refrescantes en verano te permitían disimular la dureza de la ascensión del camino pero se tornaban tristes y húmedas en los cortos días del invierno.

Antes de llegar, el tren serpenteaba el río de los furtivos y le devolvía en algodones de vapor el agua abajo hurtada. Robles y castaños se vestían de gala en otoño y tapaban con sus hojas los cepos de otros furtivos. El autobús dibujaba líneas onduladas cosiendo la montaña, líneas como aquellas que Doña Enriqueta mandaba dibujar en el pizarrín rajado en las esquinas.

Aurelio.

Lejos, mientras desvencijadas botas protestaban por los guijarros del sendero, humo de leña seca pintaba nubes en el cielo verde por el destello de las altas praderías. Caballos semisalvajes corrían al trote emulando a aquellos otros que jamás verían en la sábana blanca con luz propia. Besos robados y tiros en 36 milímetros de celuloide.

Aurelio. De edad imprecisa. Tal vez 58. Tal vez 68. Imposible de calcular.

Paquita, la coja, sacaba el vino verde, recién ordeñado y turbio. Vino arañado a las laderas. Y una ristra de chorizo por ella enhebrado... y una hogaza de pan hecho por la abuela. Corteza dura para afilar cuchillos y roer parsimoniosamente. El viajero ocasional… merendaba. Mientras, oía lo que se contaba.

Aurelio vivía con una familia completa. Un matrimonio con sus cuatro hijos, los abuelos, y aquel hermano deficiente de Paquita, la coja, que ellos decían era subnormal.

Aurelio y esos nueve no formaban una decena.

Todavía quedaba más montaña arriba de aquellas humildes casas. Mirando hacia arriba, hacia el reino del buitre, conocían todo lo necesario para organizar el día. Unas primeras nieves solicitaban la revisión del leñero (la leñera decía Aurelio… cuando hablaba, que casi no hablaba)

Nadie sabe cómo llegó a aquella aldea. Ni siquiera su adoptiva familia podía recordar cuando había entrado en su existencia. Tampoco él lo sabía.

La cuadra

La cuadra era uno de los lugares más importantes de la casa. Allí estaban aquellas nueve vacas. La Amarela, la Parda, la Canela, la África, la Ceniza, la Rubia, la Aurora, la Esmeralda y, por fin, la Margarita. Todas ellas, las nueve, atendían por su nombre y con ellas no era necesaria la aguijada, aquel palo con un clavo en la punta para azuzarlas. ¿Azuzar a esas preciosas vacas con nombres tan evidentes? La África tomó su nombre de una sobrina del abuelo llamada América, fruto de la emigración. Así era él, que se callaba que la Margarita venía de una antigua novia que tuvo cuando hacía el servicio militar en Melilla.

La cuadra era uno de los lugares más importantes de la casa. De aquellas nueve criaturas dependía el sustento de otras nueve criaturas dejadas de la mano de Dios. Allí se ordeñaba, allí se parían los terneros que supondrían un ingreso extraordinario en tan mermada economía. Allí vivían los futuros chorizos y morcillas…

La cuadra era uno de los lugares más importantes de la casa. Allí, en el rincón del fondo, a la derecha, debían dejar su tributo todos los miembros de la familia. No sabían de las comodidades de las ciudades pero, al fin y al cabo, no tenía que ir a hacerlo bajo las inclemencias del tiempo en los días duros.

La cuadra era uno de los lugares más importantes de la casa. Allí vivía, en esa cuadra, Aurelio. Al fondo. A la izquierda, al lado de la pareja de sonrosados cerdos con fecha fija de caducidad. Sonrosados que no sabían de la función de aquellas ramas secas de arbustos seleccionados que pronto habrían de quemar su piel.

Aurelio no hablaba. Por las mañanas salía de la cuadra y se sentaba frente a la casa en un banco de piedra de granito cara al sol… los días que no llovía. Pronto, la abuela le acercaba un tazón desportillado de sopas de pan sobrante con leche entera, sin colar siquiera. Lo tomaba con calma. Dejaba el tazón y la cuchara de aluminio sobre la piedra y se marchaba. Y si llovía, se sentaba en otro banco de granito bajo la balconada del este, por donde no venía el agua.

Niños harapientos y niñas remendadas, limpios de ropas limpias por el clareo del sol sobre la hierba del río cercano, se encaminaban hacia la escuela. En aquella primera planta, suelo de castaño y grandes grietas que permitían divisar la calefacción animal proporcionada por otra cuadra, recitaban la tabla del siete, los ríos de España, y las letanías de Nuestra Señora. Aurelio lo sabía y echaba miradas huidizas. Al salir de la escuela, y puntualmente, se asomaban a la gran pradera desde donde podían ver, al otro lado del valle, una ascendente carretera de barro. Iba a pasar el coche de línea y podrían ver algo del polvo que levantaba, oír un lejano ronroneo y, con mucha suerte, el sonido de una aguda bocina. Era un ritual a cumplir todos los jueves, jueves de La Conveniencia.

Tañe la campana. Toque de muerto. Seis. Una mujer. Se supone que Aurelio lo oye desde algún lugar. No. Aurelio no entra en la iglesia. Nadie recuerda haberlo visto nunca allí. Don Jacinto, tan puntilloso él, jamás se atrevió a decirle nada. Él, que jamás permitió que nadie moviera una azada, una pala de pinchos, una carreta de bueyes… en el día del Señor, aunque se perdiera la cosecha por el granizo, la tormenta, el viento huracanado… Él, jamás le dijo nada.

Se decía que Aurelio se perdía en el bosque de hayas, en el gran hayedo del noroeste, y que allí hablaba con deidades extrañas. Nadie lo encontró nunca en el bosque. Ni en ningún otro lugar.

No aparecía por el banco de granito hasta después de la hora de comer. Se sentaba y esperaba. Siempre había alguien que le ofrecía una calada de negro tabaco cuando no un cigarro completo liado con los restos de las apuradas colillas. Jamás dijo gracias.

Con la caída de sol, y con otro tazón de leche con sopas que le ofrecía la abuela, se retiraba al fondo de la cuadra no sin antes haber comprobado que todos los miembros de la familia habían pasado por el otro rincón, al fondo a la derecha. Entonces, se tumbaba en su cama, de hierba seca apelmazada por el paso de su historia.

Una bombilla de 25 watios, cuando estaba encendida, alumbraba su existencia. Un ventanuco mínimo, le anunciaba la salida del sol.

Ninguno de los cuatro hijos de aquella familia adoptiva habló con él. Solo le sonreían. Ninguno de los niños del pueblo habló con él. Solo le sonreían. Ninguno de los niños se rió de él, ni le tiró una piedra como hacían con otros. Ninguno de los perros del pueblo le ladró (los perros no le olían). Ni los perros de los cazadores que ocasionalmente paraban en una tienda-bar cercana (no le olían). Tampoco la Guardia Civil hizo pregunta alguna sobre él. Todo el mundo le conocía. Más tarde, todo el mundo supo que no le conocía.

Un día, cuando la abuela salió con el tazón de leche, Aurelio no estaba. Ella dejó el tazón sobre el granito y se fue a hacer mantequilla con la nata recogida durante varios días de la leche de las vacas, de las vacas preñadas. Batió y batió. Lavó. Y en un trapo envolvió… Tendría para algunos días. No muchos, que a todos les gustaba en una rebanada de pan con algo de azúcar. Y un poco guardaría para introducir en unas manzanas, a asar pronto.

El tazón tenía la leche ya fría. Unas moscas recorrían el filo de la desportillada taza asomándose curiosas a ambos lados de su precipicio. Una tropilla de niños regresaba de la escuela. Les había hablado de los moros y Don Rodrigo. Y de Viriato. Y de Bellido Dolfos. Y de un Caudillo valiente con un manto de armiño y espada en las manos… Y de que Don Jacinto les esperaba por la tarde para algo del Purgatorio y del Limbo (del Cielo y del Infierno les había hablado el jueves anterior)

Comentó con su hija algo acerca de Aurelio. Ambas pensaron que estaría en el hayedo, con las hojas ahora amarillo rojizas contrastando con el intenso verde de tejos y acebos.

Encontraron a Aurelio sobre su cama de paja. Tendido sobre su espalda, con las manos sobre el pecho, sus dedos entrelazados y con los pulgares apuntando hacia sus ojos, ojos que despedían una luz especial. Una sonrisa incipiente que podría adelantar una gran carcajada.

No hubo gran sorpresa. Muchos dijeron que ya era muy mayor. Otros, con misericordia, dijeron que para vivir tal como vivía había tenido mucha suerte yéndose así, en paz (lo que les parecía). Otros más comenzaron a hacerse preguntas acerca de su origen y su pasado, preguntas para las que no hubo respuesta alguna.

En la casa sí hubo algo de revuelo. Después de tantos años compartiendo la cuadra, las deyecciones de las vacas y humanas, las moscas y el olor, los dos tazones de leche diarios… se preguntaban si Aurelio era un miembro de la familia.

Sí. Hubo consenso. Lo era.

Los dos hombres de la casa llevaron su cuerpo a la mejor habitación que tenían y lo depositaron sobre la cama, que previamente habían cubierto con unos cortinajes.

Las dos mujeres de la casa le desnudaron para proceder a arreglarlo un poco y hacerlo más presentable a las visitas de todos los convecinos. La sorpresa fue tremenda.

Desnudo, tal como vino al mundo, observaron su blanca piel, blanca hasta el extremo de emular a las nieves de Guijarrón, el pico que presidía el pueblo. No solamente eso. Después de tantos años viviendo en la cuadra, su cuerpo no olía. Olía a… ¡nada! Los perros no le olían. Ahora lo entendían. Por otra parte, su ropa, andrajosa, estaba absolutamente limpia. Al tratar de peinarlo, su lacia negro azabache cabellera estaba ¡limpia!, no había liendres o piojos como algunas veces tenían ellas y los niños. Otro tanto pasaba con su larga barba que, ¿quién se la cortaba? Observaban ahora que tenía siempre el mismo tamaño.

Aurelio, sobre la cama, estaba separado por una puerta de doble hoja, con cristales translúcidos, del comedor de la casa donde ahora estaban muchos convecinos tomando unas viandas y conversando sobre el muerto. Era una conversación simple ya que todos estaban de común acuerdo en que no sabían nada de él.

Los niños del pueblo habían subido a los aledaños de El Guijarrón, desde donde se podía ver el mar en los días claros. Y ese día era un día especialmente claro.

Don Jacinto mandó tañer la campana con el tañido propio de un hombre.


click
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Podría acontecer, y acontece, que esta historia esté basada en hechos reales.
Las localizaciones pudieran estar en cualquier pueblo de montaña
de Cantabria, Asturias o Galicia.
Es probable que algunos de los personajes todavía vivan
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>>OVNM 202 / 081127 - Aurelio el limpio
>>fotos: 1/ A los pies de Cucayo - 2/Subida a Tresviso - 3/4 Ventana y Tejado en Cucayo (Todas en Cantabria)

>>música: Thomas Newman - Any other name (Cualquier otro nombre)

>>Enlace con CRISTAL RASGADO donde encontrarás el post original

miércoles 17 de septiembre de 2008

*
¡ Ahora estoy aquí !

*
cristalrasgado@gmail.com
***

y aquí os espero

...

gracias

jueves 11 de septiembre de 2008

Despedida OVNM







Hoy termina un ciclo.
Dejo de publicar en mis cuatro blogs.


No lo decido con tristeza. Nunca antes había escrito nada y, por un azar (gracias M e I, gracias I y M, mis musas iniciales e iniciales musas), lo he hecho.
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Me encuentro satisfecho. Sin casi notarlo, han sido 184 publicaciones. Algunas serias, otras, al contrario, en clave de humor cuando no rozando el gamberrismo directamente.
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Tanto acga como ñoco han hecho sus respectivos papeles. Distendidamente. Ni acga ha conseguido controlar al niño que lleva dentro en ñoco, ni éste ha conseguido que acga abandone la seriedad cuando ésta es requerida.
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Son una pareja inseparable ya desde los tiempos de O.V.N.M, ese Peculiar Unipersonal Workshop donde las vacas pastan felices sin importarles los destrozos en su maizal.
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Con la nostalgia del cierre, hago aparecer un nuevo y único blog que habrá de sustituirles. No tratará de ser un blog temático sino un blog de fusión de contenidos similares a los anteriores. Asi, seguiré colocando mis fotografias, relatos. poemas...
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Aquí está. Este es. A partir del día 17 a las 17 horas y 17 minutos

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Gracias a todos por vuestras visitas y comentarios.

Espero contar con vosotros en esta nueva etapa.

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Para la despedida, he seleccionado música de Handel.
No puede haber nada mejor que la que él creó para unos fuegos artificiales.

El baile con ellos, ahora nada dramático,
lo mantuve en la Segunda playa del Sardinero, en Santander.
Esta vez bailaron a mi antojo y les robé su identidad, que es la mía de rojo y fuego.

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185 - Despedida - OVNM - 080911
fotografía: Slide: Bailando con ellos, mis fuegos
música: Handel - La Rejouissance from Royal Fireworks Music

viernes 11 de julio de 2008

Cayuco de cristal

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Es una historia mínima, de esa clase de historias que no pueden interesar a nadie.

Al parecer, el individuo había estado trabajando duro, desde hacía ya bastantes años.

Tenía la ilusión de hacer un cayuco de cristal... y lo consiguió. Invirtió todo su tiempo, y sus ahorros también, en diseñarlo. Muchos años de ahorros. Sí. Habría de ser algo especial para el gran proyecto que albergaba. El caso es que lo consiguió. Consiguió tener su cayuco de cristal.

Tenía ese individuo muchos contactos en África. Precisamente allí se había desarrollado una técnica especializada en la fabricación de esas frágiles embarcaciones... pero ninguno de cristal, que era algo impensable ni siquiera dentro del mundo de los sueños. Para soñar hay que tener referentes reales sobre los que construir sueños. Ellos, los de ese continente, tenían muchos recursos, pero ninguno real, o al menos, sobre los que se pudiera fabricar un sueño de esa clase.

El individuo, al que llamaré Nelson, por ejemplo, tenía contactos y supongo que ellos fueron los que, con un complejo entramado de síntesis animista y sincretismo religioso consiguieron que, a una invitación de Nelson, personalidades muy importantes del mundo que dispone de recursos con los que construir sueños, respondieran afirmativamente a la invitación que le hacía, invitación en la que les proponía un singular viaje. Obvio parece que ese viaje habría de realizarse en el asombroso cayuco de cristal.

Y llegó el deseado día de Nelson. Los tenía a todos en la playa. El de Francia, el de España, el de la Gran Bretaña, el de Italia, la de Alemania... así, una nómina de altos cargos que creen regir los destinos de los hombres. Gente sin un nombre decente pero fácilmente reconocibles dentro de los medios de comunicación. Reconocibles, pensaba Nelson, pero no conocibles, por lo desfigurado de sus almas.

Sentados todos en el suelo, sin protestar, tomándose el viaje como un juego, pensando en la gran cantidad de pececitos de colores y corales que podrían divisar, esos hombres, una mujer también, señores de todas las cosas, disfrutaban de lo que parecía un viaje prometedor. Estaba claro que todos los magos africanos ejercían bien su poder a distancia ya que nadie objetó nada... en ningún momento.

Fue un viaje singular. El suelo transparente les dejó ver la realidad de aquél océano. No había pececitos ni corales. Cadáveres y más cadáveres nadaban bajo sus pies. Yo prefiero no describir su estado exacto. Los detalles, quiero decir. Ojos bien abiertos les hablaban al conjunto de hombres que pasarían a los libros de historia. Ojos acusadores, con lágrimas para salar el mar. Sí. Ya sé que eso ya lo escribí otra vez, que hay lágrimas que son las que salan los mares que conocemos. Es una realidad que me gusta recordar.

El techo transparente del cayuco, y es que ahora estaba sumergido, le permitía divisar manos, manos moviéndose libremente señalando destinos utópicos. Vientres con su fruto marchito. Pies tratando de correr por desiertos de agua. Agua dentro de agua. Mentes licuadas y desvanecida en el aire de los sueños perdidos.

Recorrieron las costas. La africana, la europea... las costas. Y más cadáveres. Muertos. Cadáveres muertos sin fecha de caducidad.


Cuando se acabó el viaje, Nelson los despidió educadamente. No les dijo nada. Nada acerca del gran esfuerzo que había realizado en ofrecerles, con ese viaje, el regalo de su vida. No les pidió nada. Le regaló otra sonrisa.

Se fueron todos a sus transcendentales ocupaciones. Unos tenían que firmar un no sé qué para regular a los emigrantes. Para impedirles no sé qué. Para evitar no sé qué.
Otros tenían comprometida una gran comida, diecinueve platos, les habían dicho, con el de los Estados Unidos, el de Rusia, el de Japón... y así la alta nómina de esos que...

Todos estaban muy ocupados. Estaban contentos ya que, además de comer, plantarían un arbolito.

Nelson les dijo adiós con la palma de la mano, con su blanca palma de su negra mano. Vio su negro rostro reflejado una vez más en su cayuco de cristal y supo lo que tenía que hacer.
Sumergido, con su cayuco de cristal, se volvió agua para ir buscar a los suyos y desleírse entre ellos.

¿Qué les podría contar ahora?

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¿debiera poder la ira a la pena?

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///OVNM 057/080711 - Cayuco de cristal
///foto: Límites
///música: Ismael Lo - Jammmu Africa - Tajabone
///enlace: English version - OVNM International
///enlace:
La Mirada Ausente - Cayucos azul y rojo

domingo 6 de julio de 2008

La niña del Ariège

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¿La negrita? ¿Debiera decir la niña de color?

Hacía calor. Bastante calor. Tarascón, al sur de Francia, a los pies de los Pirineos. Un café con hielo sobre la mesa. Jugueteo con la cámara fotográfica. Cruce de miradas. Miradas cómplices.

Ella juega a esconder la mirada deseando ser fotografiada. Yo juego a romper mi tradición de no fotografiar personas. Sí. Me cuesta mucho trabajo robarles un pedazo de su alma mortal... y que me lo roben.

Está sola. O lo parece. Tal vez aquél, el que está a unos doce metros apoyado indolentemente en una pared sea su hermano mayor... ¿o su padre? Atiende a la escena. No le da importancia. Tal vez sea un espíritu libre.

Solo son dos disparos. Dos guiños. Dos pequeños hurtos... que ella desea.
Ni una palabra. Sería imposible e innecesario. No nos entenderíamos con sonidos, solo con miradas, como lo estábamos haciendo.

¿Podría hacerlo? Lo he hecho. Ahora pienso en si acaso podría hacerlo. ¿Puede un mayor tener miradas cómplices y puras con una niña? ¿Sería esa niña acusada de provocadora, buscadora? ¿Y él? Yo. ¿Un pervertido corruptor de menores?

¿Llegará el día en el que no podamos acariciar a nuestros hijos? ¿Estaremos tan podridos que seremos siempre sospechosos?

No sé si me están mirando pero me gustaría estar mirando a aquella negrita de aquella manera. ¿Debiera decir la niña de color? No sabía que las personas tuviéramos color. Tanto lenguaje políticamente correcto está haciendo estúpido mi pensamiento, o al menos, algo más de lo que podría ser.

Colores. ¿Cuántos colores existen? Creo que en el hombre sin pixelar solo hay un color. El invisible, al que se accede con el conocimiento. Lo demás, apariencias vanas que se desvanecen con la oscuridad en tanto que la invisibilidad continua.

Las aguas frías de los Pirineos, que trae el río Ariège, desean refrescar el ambiente. Una señora pasa en una antigua bicicleta... tan antigua como ella. Un Renault 8 mira entretenido lo que sucede. No se conserva mal, pese a su edad. Una pandilla de quinceañeras esperan, llenas de teléfonos móviles, la llegada de alguien más. Unos patos, posiblemente porrones moñudos, ensayan aterrizajes en las aguas del Ariège en tanto que una pareja se fotografía con el castillo al fondo. La negrita sigue sentada. Parece pedirme una sesión fotográfica más larga. Le digo, con la lengua de las sinpalabras, que dos fotos son suficientes.

Más tarde, en otro lugar de la villa, mientras paseo, me la vuelvo a encontrar. Nuestras miradas son las de dos amigos de toda la vida. Le digo adiós, que tengo que irme a subir a un pico. Me replica, llévame contigo. Claro respondo, te llevaré en el bolsillo de la camisa, alto para que puedas ver mejor, desde el pico, parte de Francia, parte de España, y apretando los ojos, toda África entera.

Sonríe.

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///OVNM 056/080706 - La niña del Ariège
///foto: 080620-P1000032- La niña del Ariège - Tarascón Francia
///música: Driss el Maloumi - Enfance

miércoles 2 de julio de 2008

El Perfume

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Historia real con un pequeño toque de fantasía



Íbamos alrededor de cincuenta en el autobús. En cada parada, alguien se bajaba y alguien subía. La renovación de los pasajeros era continua y el autobús seguía siendo el mismo, como el río, aunque sus aguas se renueven a cada instante (algo así me contaron en el colegio hace años, cuando jugaba con las canicas).

En realidad, a lo largo del recorrido, el autobús tenía tres elementos fijos a saber: el conductor, yo y el señor aquél de la gabardina desgastada por los bajos, que llevaba el periódico del día perfectamente doblado, y sin hojear todavía (tal vez hubiera ojeado la primera página cuando lo compró). Esos tres elementos fijos le daban al autobús todo su sentido, su existencia.

El señor de la gabardina miraba absorto las imágenes que desfilaban por su ventanilla, sin curiosear acerca de los otros pasajeros como lo estaba haciendo yo.

Se detuvo el autobús. Bajaron unos, subieron otros. Varias veces más se paró y varias veces más bajaron unos y subieron otros (pensé en el río y sus aguas)

Se detuvo el autobús. Esta vez, el lugar de la parada tenía sentido para nosotros. Se bajó él, primero, y yo tras él. Me detuve un poco a leer el estúpido letrero de letras rojas móviles que me informaban de la tardanza de los próximos autobuses y, sobre todo, de que era un panel en pruebas, algo que ya sabía dado que llevaba dos años diciéndome lo mismo. Mientras, el autobús se alejaba.

Eché a andar y enseguida me encontré detrás del hombre de la gabardina raída. Iba andando a un paso extremadamente lento. Por curiosidad, me acomodé a su paso. Íbamos los dos a un paso cada vez más lento por la calle vacía. Nos cruzamos con aquella joven que había salido de un portal, a unos 170 metros.

Dado que ya casi me resultaba imposible seguir su paso, cada vez más lento, aceleré el mío y me puse a su lado.

¿Le pasa algo?, le pregunté. ¿Se encuentra usted mal? Y sin darle tiempo a contestarme... ¿puedo ayudarle en alguna manera?

Se detuvo. No. Muchas gracias. No puede ayudarme ya que afortunadamente no me pasa nada. Bueno, pero sí, pasarme, sí que me pasa.

Le interrumpí un poco bruscamente, pero dígame ¿qué le pasa? ¿le ayudo?

No hombre. No es nada. Solamente que tengo que ir lo más despacio que pueda.

Eso ya lo veo. Perdone que sea curioso.

No se preocupe, me suele pasar muchas veces. Tengo que ir despacio para dar tiempo.

¿Tiempo? ¿Tiempo... a qué?

Joven, es usted muy curioso... aunque bienintencionado. Gracias por su amabilidad y, ya que insiste, le daré una explicación.

Mire, nos acabamos de cruzar con una joven, ¿no?. Bueno, no era tan joven, ya habrá pasado la mitad de su vida. ¿La ha visto? ¿La ha olido?

Yo me considero bastante observador, pero no me suelo fijar mucho. Además, iba distraído siguiendo al hombre de la gabardina raída. Así pues, le confesé que solamente había percibido un olor.

¡Ajá! Exclamó. ¡Lo ha notado! ¡Ha notado el olor! (Estaba excitado)

Sí, había notado un olor pero no entré en más detalles. No entendía de olores pero desde que disfruté de la película El Perfume, lo huelo todo… o casi.

El hombre de la gabardina raída seguía. Pues sí, yo vivo ahí mismo, y cuando desde la parada de autobús he visto salir a esa joven, que no le diré como se llama, he empezado a andar lo más lentamente posible. Mire usted, vivo en la misma casa, misma letra, la E, pero tres pisos más abajo que ella.

Ya, le dije, pero no le entiendo. No veo la relación entre la parada, la joven, el piso... no le entiendo.

Mire usted, lo primero a aclararle es que tengo una nariz privilegiada. ¿Ha oído usted hablar de Jean Baptiste Grenoulli? Pues como era él, soy yo. (En ese momento rememoré la película citada). Eso me lleva a percibir y clasificar en mundo en tres olores, los agradables, los desagradables y los neutros. Comprenderá usted que hay infinitos matices, pero efectos prácticos, lo dejo en tres.

Ya, le dije. Pues yo percibo más de tres.

Sí, me dijo él, casi todo el mundo percibe unos pocos más pero hagamos la prueba de la manzana.

¿Qué prueba? le dije rápido.

Pues la de la manzana. Váyase a una frutería, cómprese una manzana verde, y dígase a que huele. Haga esa prueba cada hora durante los próximos tres meses, y dígase cuántos matices distingue. Y si quiere, nos vemos aquí dentro de ese tiempo e intercambiamos pareceres. Ah, si la manzana es de pueblo, mejor. Notará más matices.

Esa prueba ¿la ha hecho usted?.

Claro, me dijo. Con toda clase de materia: viva, muerta e inerte.

Fui osado y encontré una respuesta inverosímil. Le espeté, ¿y usted? ¿cuántos percibe?

En condiciones normales, que dependen de mi estado físico y la situación atmosférica, especialmente presión y humedad, vengo a notar las transiciones en el olor con unos intervalos de entre 17 segundos y 17 minutos. Reconocerá que el vocabulario está muy limitado para expresar tantas sutilezas.

No me lo creía y él lo notó.

Mire usted. ¿Ha querido a alguien? ¿ha amado a alguien? Pues ahora trate de clasificar a todo su entorno conocido, incluso sin conocer, con solo esos dos verbos. No haga trampa, solo con querer y amar.

Tocado, me dije. Ahora lo veía claro. Tenía que salir del paso. Le dije ¿y que tiene que ver la joven de antes con esto?

Mi sensibilidad me hace deleitarme con las mejores fragancias pero, tiene una contrapartida. Si bien es cierto que he simplificado y he encuadrado a la mayoría de los olores como neutros, quedan algunos especialmente desagradables.

¿Y la joven? ¿Qué?

Pues ahí está la cuestión. La joven vive tres pisos más arriba que yo, en el décimo. Ahora, en cuanto acabe de hablar con usted, entraré en el portal – ya estábamos enfrente – cogeré el ascensor, y subiré siete pisos en esa celda de tortura.

¿Tortura?, dije.

Mire usted, parece no haber entendido nada. Esa joven utiliza un perfume de refritos, con nombre falsificado, fabricado en Shangai, en una pequeña nave cerca del aeropuerto. Por cierto ¿conoce el Ikea de Shangai?. Es una mezcla de restos de peluquerías del extremo oriente. Desde el portal, más fielmente, desde que nos cruzamos con ella, hasta la puerta de mi casa es un rastro imposible, rastro que en ascensor se vuelve asfixiante. Y mire usted, el ascensor, que es de los rápidos, tarda 71 segundos en llegar a mi piso. Subo conteniendo la respiración pero cuando salgo, y entro en mi casa, tengo todas las ropas impregnadas hasta el punto de tener que ducharme y cambiarme por completo.

Vaya problema, asentí cariacontecido. ¿Y que piensa hacer? Le dije suavemente mientras pensaba en que tenía que ver el Ikea de Shangai en esta conversación.

Nada. No puedo hacer casi nada. No tengo medios económicos para cambiarme de piso. Ella, por la edad, no creo que se case y cambie de vivienda. Sólo, y solo eso, el estudio detallado de sus hábitos, me permiten no coincidir con ella en el trayecto de casa a la parada del autobús y viceversa. Y hoy, precisamente hoy, he tenido otro enorme fallo de planificación. Bueno, al menos me ha permitido un rato de conversación con usted.

Gracias, dije yo también. Es agradable su conversación, y he aprendido mucho con usted acerca de olores. Por cierto, y yo, ¿cómo huelo?

Mire usted, permítame que no le conteste a esa pregunta. Buenos días.


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175 - El Perfume - OVNM/080702/
fotografía: frascos de perfume
música: escuchas a Robert Rich & Steve Roach - Strata - Forever





jueves 29 de mayo de 2008

El hombre que desayunó un churro

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¿Responden los títulos de las grandes obras de la literatura universal al contenido de las mismas?

En mi modesta opinión, no. No responden. Por otra parte, este juicio puede ser temerario ya que no está basado en la lectura de todas ellas.

Veamos algunos ejemplos que, aunque no necesariamente tengan que ser grandes obras literarias, los he seleccionado por que los he leído.

En “El principio de Peter”, Lawrence Peter desarrolla su célebre principio, con ingenio pero ¿cuál es el principio?. Cessare de Beccaria, en su obra “De los delitos y las penas” nos aporta una visión qué, desde el siglo XVII, conmueve el mundo de la justicia. No obstante, el título no indica nada acerca de los delitos de los que trata ni de las penas que se aplican. Entre nosotros, introduce el principio de proporcionalidad y eso es suficiente motivo para leer el libro, pero eso se sabe después.

Limbo” es un título que en sí no proporciona ninguna pista. Pero tampoco “1984” o “Un mundo feliz”. Los tres, Wolfe, Orwell y Huxley nos hablan de mundos a los que, en cierto modo ya hemos llegado. Que conste, lo sabemos por la lectura de las obras, no por el título. Ah, y ¿qué se me puede decir de “Utopía”? Tampoco Tomás Moro es muy claro en el título. ¿A qué utopía se refiere? Modestamente, sin ser Tomás Moro, yo convivo con muchas utopías. ¿Convivo o sobrevivo?

¿Dice algo “Walden Dos”?. No sé en que estaría pensando B.F. Skinner cuando escogió ese título. Bueno, sí lo sé. Pero juego con ventaja, antes había leído “Ciencia y conducta humana”, sobre conductismo, algo que siempre me ha fascinado (aunque ahora no esté en auge).

Y no digamos nada de “¿Qué dice usted de después de decir hola?”, de Eric Berne, magnífico tratado de psicoterapia. Admitamos que con ese título no puede ser un libro serio y, sin embargo, es estudiado en muchas universidades (me cuentan los que saben que las hay). El libro me encantó pero no quiero que eso desvirtúe mi argumentación para llegar al churro.

Un ejemplo típico, conocido desde nuestros años escolares, es “El Quijote” (título muy abreviado para ahorrar unas cuantas palabras en un título que es de por sí larguísimo y muchas veces no cabe en una línea según sea el tamaño de la letra). Pues bien, es un claro exponente de cómo un título puede estar cargado de mucha semiología. Nunca tuve claro si se refería al Canal de la Mancha o a La Mancha, región española, ahora autonómica que linda al norte con... etc. Y diría más. ¿Sería tal vez un tratado sobre métodos naturales de limpieza?. Bien. Ahora lo sé. Me he leído el libro. Pero convengamos, el título se presta a inequívocos equívocos.

Resumiendo. Unos títulos no dicen nada. Otros dicen mucho pero invitando a la confusión.

Todo este prólogo viene a cuento de una historia real, a la que se le ha puesto un título incuestionable. La historia de “El hombre que desayunó un churro” es clara. Podrá gustar, o no gustar. Hasta podrá dejarnos indiferentes. Pero todo el mundo podrá establecer una relación entre título y contenido.

A fin de poder juzgar por uno mismo, sin presiones, transcribo la historia completa, sin añadidos u omisiones.

“El hombre estaba sentado, con la mirada distraída. No recordaba nada de su pasado y, por su abstracción, tampoco parecía percibir el presente.
Algo, y no supo qué, le desvió de su abstracción y se encontró frente a un plato con un churro. Lo tomó con sus dedos pulgar e índice de la mano izquierda, era zurdo. Lo miró detenidamente y, por un momento, vio una taza con café humeante. No, era chocolate, pero él no lo percibió. Maquinalmente, introdujo el churro en el café caliente y se lo llevó a la boca. Lo masticó parsimoniosamente y entró... volvió al estado de abstracción inicial. No llegó a ser consciente de si había llegado a deglutir el churro. Se supone que lo hizo. El ya no estaba en el presente, pero tampoco en el futuro”.


Bien, de esta historia se deduce que conscientemente o no, el hombre desayunó un churro. Se debe precisar que la exactitud de la palabra “desayunó” es debida a que el autor de la historia da fe de que lo acontecido sucedió a las ocho horas y diecisiete minutos.

En cuanto al sexo, masculino, era una evidencia. Y respecto al churro, éste tenía todas las cualidades para serlo, aunque no se le hubiera espolvoreado azúcar por encima. El empleo del singular es también obvio. Era un churro, no dos ni tres o cualquier otra cantidad. Para despejar dudas, el autor se tomó la molestia de inmortalizarlo en una fotografía, a modo de notario mayor.

Concluyendo. Esta es de las pocas obras de la literatura universal, que haya encontrado, en la que existe una correspondencia exacta entre el título y lo relatado. Cierto que hay algunas concesiones a lo superfluo, para rellenar un poco y hacer la obra algo más extensa.

Desde estas líneas deseo felicitar al autor por el acierto obtenido. Nadie podrá llamarse a engaño cuando acuda a las librerías. Comprará el contenido exacto.
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173 - El hombre que desayunó un churro - OVNM/080529/
fotografía: un churro para un hombre

música: escuchas a Porcupine Tree en Trains, casi seis minutos de buena música

lunes 19 de mayo de 2008

17:17:17

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Sí, eso es. A las diecisiete horas, diecisiete minutos y diecisiete segundos, me he muerto. Lo sé. Pero es una extraña sensación la que siento dado que tengo hambre. Quizás mi desayuno no haya sido suficiente o, más probable, haya comido mal. El caso, y muy preciso, es que a esa exacta hora he muerto.

Lo cuento ahora mismo, en tiempo real, por las extrañas cosas que están aconteciendo en ese preciso instante. Y puedo dar fe de su veracidad dado que los testigos que me lo están contando todos son gente de confianza. Además, no se conocen entre sí, están alejados en el tiempo y la distancia. No pueden tramar una broma de esta naturaleza.

En ese instante, dentro de un cajón de mi mesilla de noche, todos los cristales de las gafas que había usado a lo largo de mi vida, se han roto. Todos y un par de lentillas. Y es una pena ya que tenía una bonita colección que reflejaba el paso del tiempo. Unas gafas tipo “amor”, herencia de mi padre, se han salvado.

En la misma mesilla, todas mis plumas, mi preciada colección de plumas estilográficas, se han puesto a llorar tinta. Es curioso, la Waterman, con la que firmaba en tinta violeta en los años de la revolución, también. Una de ellas, una antigüedad del siglo XIX que solía mojar en tinta china, lo mismo. Las demás han llorado en tinta Montblanc, la última que he usado. Lo que más me ha impresionado es el caso de los plumines de corte recto que usaba para la caligrafía. Han llorado dentro del pequeño tubo de cristal donde los guardaba. No deja de producirme asombro ya que ninguna de ellas estaba cargada. Y no digamos el caso de aquella que me había fabricado con una pluma de gallo, o tal vez gallina, en los años de ‘jimi jendris’.

Se me ha de perdonar mi estado de confusión. Todas las noticias me están llegando al mismo tiempo y no sé si sabré ordenarlas.

Me dicen que mi teléfono móvil está teniendo una indescifrable conversación con mi teléfono fijo. Nadie es capaz de desentrañar el contenido. En el ordenador se suceden diversas conversaciones entre mis desconocidas direcciones de correo. Los blogs, solo los míos, hablan de un paro total o todo lo contrario.

Al parecer, las Islas Canarias han sufrido un micro seísmo y todas, incluida la de San Borondón, se han hundido 17 milímetros. Afortunadamente, no ha habido desgracias personales dignas de mención dado que las inundaciones han sido mínimas. Por otra parte, las Rías Gallegas se han elevado 17 milímetros. Tampoco ha pasado nada.

Sin embargo, sigo teniendo hambre. Tengo que darme prisa en llegar a casa a ver si pillo algo en la nevera. Creo que haber muerto y tener que andar desgasta mucho.

En el centro de trabajo, la fotocopiadora se ha puesto a escupir montones de fotocopias con las tonterías que escribía. Está el suelo nevado. Mis ex compañeros no paran de usar la destructora de documentos. Están asombrados acerca del hecho de que no escupa documentos oficiales, creo que había escrito más de diez mil archivos. Dicen que de momento están salvados.

Mi viuda informa que mis máquinas de fotografía están disparando continuamente. Las tres viejas reflex compiten con las digitales. Ella, mi viuda, dice que la lata de paté, con el minúsculo agujero, que convertí en una primigenia máquina, también compite aunque en desventaja. Aún así, se muestra orgullosa de sus fotos.

Por cierto, entiendo a mi viuda. Soportarme en vida ha tenido su mérito, pero ahora, con todos estos hechos paranormales…

El hayedo del Saja, a las 17:17:17, ha dejado caer todas sus hojas. Con él, se han solidarizado el resto de los árboles. Robles, abedules, tejos, acebos… sin distinción entre caducos y perennes. Creo que gente de la universidad anda ya investigando el fenómeno. Muchas hojas de mis libros se han desprendido, algunas violentamente, del encuadernado.

Mis dos pares de botas actuales, las primeras e indestructibles que usé en Picos y Pirineos, con las últimas usadas el pasado sábado para subir al Tesorero, se han puesto a bailar. Por otra parte, un nano movimiento téctonico ha elevado la altura de todos los picos de España, Portugal, Francia e Italia que haya pisado, en 17 decímetros. ¿Suiza?, no recuerdo. Pues lo siento un montón, los de los Institutos Geográficos Nacionales van a tener que rehacer toda la cartografía.

Ahora me estoy tomando unas lonchas de lomo ibérico de un pueblo de Salamanca al lado del Tormes, que a la muerte le sientan fenomenal. Las acompaño con un vino joven de rioja, de fermentación maloláctica, vamos, de maceración carbónica. Por momentos tengo la sensación que mis neuronas de mantequilla andan a plena sinapsis.

Hay mucho ruido en casa. Más de mil cedés de música están sonando al mismo tiempo. Aún así consigo distinguirlos, pero reconozco que es una cosa molesta para mi viuda. Por cierto, no sabe que hacer conmigo todavía. Me toca y dice que estoy caliente.

Ahora tengo un arrebato de pena. No me está dando tiempo de despedirme de tanta gente que he conocido y que no me conoce. Si me marcho así, por las buenas, no sabrán que me he muerto y pensarán que soy un maleducado.

En cualquier caso, estaré muy atento a ver si me enfrío.


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texto: 17:17:17 - OVNM - 080519
fotografía: Llaves del otro lado
música: Sun Ra - Tiny Pyramids

-170-

miércoles 14 de mayo de 2008

Otra vez



los días…
nacen, crecen… y se desvanecen casi sin pensar en ellos.

hoy nace un día muerto. otra vez lo han hecho.

pero seguirán naciendo niños, creciendo las flores, cantando los pájaros

seguirán las gentes paseando por la orilla del río, del mar…
seguirán las buenas gentes sentándose en los parques, bajando al fondo del mar…
subiendo altas montañas.

todo seguirá
seguirá
seguirá igual

o casi

casi igual

para ti, no será igual. será nada.
para tu familia no será igual. será una condena sin fin
la condena del día a día hasta el fin del futuro

¿y para ellos?

para ellos seguirá igual
todo igual

no ganarán
no pasarán

triunfará la fuerza de la razón
nunca
la razón de la fuerza

y mientras todo sigue…
sigue igual

apuntaré

apuntaremos con dedos implacables
todos apuntaremos

a los miserables que miran para otro lado
a los miserables que dan apoyo moral
a los miserables que regalan argumentos políticos
a los miserables que prestan su inteligencia
a quienes carecen de ella
a los miserables nacidos del odio
a los miserables que rezan con vosotros

apuntaré a las madres. apuntaremos.

no a ti, madre de ese puto asesino
no a ti, madre inocente de fruto enfermo

apuntaré, apuntaremos a las madres patrias, úteros huecos
paridoras de hijos de puta

Hijos de puta
Hijos de puta
Hijos de puta

paridoras de nódulos cancerígenos que nos corroen

paridoras de sufrimiento

sufrimiento

***

dedicado...
a ti, servidor público que te hacen salir del anonimato
sin haberlo solicitado

***

ni foto ni música. no es un buen día
aunque todo siga igual
no. no lo es.

*

-167-




lunes 12 de mayo de 2008

David en Ancorage

***

El gran hombre de los grandes zapatos blancos y ojos rías azules se llama David.

Se ha ido a Alaska a hacer dinero, por eso está en el Banco Más Grande Del Mundo. El B.M.G.D.M.

Con todo el dinero que va a conseguir, va a pegar todos los ríos de Alaska, que a estas alturas, por la llegada de la primavera, se rompen en mil pedazos.

Él se daba cuenta de que con los ríos rotos habría problemas. Ya sabéis, inundaciones y esas cosas que cuenta bien una meiga perdida entre no sé qués.

Bueno. Hay que ayudarle. Enviad vuestros ahorros a su casa. Todos vuestros ahorros, no seáis tacaños. Está en Ancorage, que es mirando el mapa muy arriba, donde empieza a hacer frío, y torciendo algo a la izquierda en un país de derechas. Más detalles, dónde esos circulitos que tienen las esferas se hacen más pequeñitos tendiendo a hacerse un punto.

Cuando tenga todos los ríos pegados, nos va a invitar a ir en quad y a hacer muñecos de nieve del tamaño que os guste. Si van a ser muy grandes, llevad escaleras. Animaos, que será divertido.

¡Ah!, para los que no seáis muy pequeños, vamos a organizar una queimada del QTC y diremos eso de mouchos, coruxas, sapos e bruxas...

Nota. Cuando David dice que los ríos están rotos, se refiere a las placas de hielo que los cubren. Esas son las que quiere pegar con un soplete eléctrico a pilas gordas, especial productor de fríos intensos.

Otra nota: QTC no es un programa de la tele, es que te cagas.



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texto: David en Ancorage - OVNM - 080513
fotografía: @444-080328-OVNM-David Alaska
música: Rooster - Alice in Chains

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Nota Tres: Para aficionados (cosas de ñoco)

Mouchos, coruxas, sapos e bruxas. Demos, trasnos e dianhos, espritos das nevoadas veigas. Corvos, pintigas e meigas, feitizos das mencinheiras. Pobres canhotas furadas, fogar dos vermes e alimanhas. Lume das Santas Companhas, mal de ollo, negros meigallos, cheiro dos mortos, tronos e raios. Oubeo do can, pregon da morte, foucinho do satiro e pe do coello. Pecadora lingua da mala muller casada cun home vello. Averno de Satan e Belcebu, lume dos cadavres ardentes, corpos mutilados dos indecentes, peidos dos infernales cus, muxido da mar embravescida. Barriga inutil da muller solteira, falar dos gatos que andan a xaneira, guedella porra da cabra mal parida. Con este fol levantarei as chamas deste lume que asemella ao do inferno, e fuxiran as bruxas acabalo das sas escobas, indose bañar na praia das areas gordas. ¡Oide, oide! os ruxidos que dan as que non poden deixar de queimarse no agoardente, quedando asi purificadas. E cando este brebaxe baixe polas nosas gorxas, quedaremos libres dos males da nosa ialma e de todo embruxamento. Forzas do ar, terra, mar e lume, a vos fago esta chamada: si e verdade que tendes mais poder que a humana xente, eiqui e agora, facede cos espritos dos amigos que estan fora, participen con nos desta queimada.





martes 6 de mayo de 2008

Espeleo

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Por la natural timidez de acga, que en materia tan delicada cuenta con el apoyo incondicional de ñoco, la foto de ambos tiene la cara difuminada.
En fin. Cosas de ellos.

***

El caso es qué, para estrenar el mes de mayo, nos fuimos a visitar la Cueva de La Hoyuca, en Riaño, Cantabria. Cinco horas no dio para mucho, teniendo en cuenta que mide 44'5 kilómetros.

Con este post agradezco a Antonio, reputado espeleólogo y amigo, que haya sido mi anfitrión en su bello mundo subterráneo de estalactitas y estalagmitas, de banderas y caos de bloques, de ríos, túneles, pasadizos, simas y oquedades.

Nos acompañaron, también, Eva, Lorena y Pedro... tan neófitos como yo.

¡ Venga !
primero mete el brazo...
el hombro,
ya está,
la cabeza ahora
y déjate caer por el agujero
!!!

Y así... suma y sigue. Reptando, arrastrándonos, a gatas, en cuclillas y hasta ¡a pie!

Dejo aquí constancia de una experiencia que se asemeja al Sindrome de Stendhal. No sabría contarlo muy bien.

***

Cantabria, tal vez con Croacia, cuenta con el conjunto de recorridos subterráneos más largo de Europa.

Hace unos días, en mayo, se unieron dos complejos con lo que ahora, hay un sistema con 105 kilómetros de longitud en Cantabria .


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texto: La Hoyuca - OVNM - 080506
fotografía: @444-080501-Ñoco en un laminador de La Hoyuca
la foto fue tomada por Antonio
música: Tunnel Grotte Cave Taupiqueur

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lunes 28 de abril de 2008

Fulge es Fulgencio Máximo

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..............................Ella: Que haces?
..............................Él: Estoy escribiendo
..............................Ella: Y sobre que escribes?
..............................Él: Sobre Fulgencio Máximo
..............................Ella: Perdona… mi ignorancia...
..............................Ella: Quién es?
..............................Él: Un amigo mío, un personaje famoso de la vida real

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ñoco: pesadito con su problema
acga: debes comprenderlo, no es un problema baladí
ñoco: pero es que lleva así toda la vida
acga: hay cosas a las que uno nunca se acostumbra
ñoco: vale. pero me parece un poco borde



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texto: Fulge es Fulgencio Máximo - OVNM - 080428
fotografía: @444-FB-080423-5817-Fulgencio Máximo
música: Parsons and Spies - An hour

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domingo 20 de abril de 2008

El desahucio

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Me paré. Me quedé mirando. Mirando la casa. No me di cuenta y... estábamos los dos mirando su casa. Eran dos miradas distintas. Yo trataba de encontrar la fotografía escondida. La mía era una mirada ausente. La suya, intensa. Era la mirada de unos ojos de fuego.

En una esquina, una gata negra amamantaba a unos famélicos gatitos y tres gorriones buscaban unas migas entre los hierbajos.

Miraba. Él miraba lo que había sido su casa hasta anteayer. No habían pasado ni cuarenta y ocho horas. Más tarde habría de comentarme que hacía 44 horas que lo habían desalojado. Y allí estaba plantado, con todas sus pertenencias puestas. Ni una simple maleta donde guardar algún recuerdo. Bueno... sí. Lo que tenía al lado era una de esas maletas de la posguerra, cómo de lona con unas rayas rojas y cantoneras de lata pintada de un color marrón desgastadas por muchos viajes. Y sí, si tendría sus pertenencias. Pero pocas podrían ser. Seguro. Serían pocas.

Dos de los gatitos miraban con curiosidad a los gorriones. Coches veloces apenas se interponían entre nuestras miradas. Las miradas. La ausente y la de fuego. Y la mirada de la casa que miraba nuestras miradas. Todo eran miradas.

En el primero derecha vivía Asunción. No vive ya, murió de una neumonía el pasado invierno. Cuando Asu era joven, tenía su balcón lleno de geranios. Todos, todos, de color rojo. Bueno, no. No. Uno, y todos los años uno, era blanco. Le gustaba explicar que, para ella, representaba la juventud perdida, y con ella, la pureza. ¿Y el rojo, señora Asu?. No, el rojo es distinto. Es la pasión que todavía conservo, y quiero conservar. Es la sangre derramada, que he visto derramar de una forma estúpida cuando era joven. Es el fuego, que espero que me caliente en días venideros. Es el color de la esperanza...
No señora Asu, creo que usted se equivoca, el de la esperanza, es el verde.
No hijo, el de la esperanza en un mundo mejor, más solidario y justo. El color de la esperanza es el rojo.

En el primero izquierda... El primero izquierda estaba... estuvo habitado por Merche y su hijo. Habían llegado juntos hacía siete años.
Y el padre del niño, ¿dónde está?. Que no, que el niño no necesita padre, decía seria. Y debía ser así, dado qué, por criterio unánime de la vecindad, era un niño perfectamente educado. Se le veía sensible, delicado, fino. Pausado en el hablar, entonación correcta y voz baja. Parecía extranjero, decían en la vecindad. Claro, la vecindad tenía la vaga idea de que los niños extranjeros no eran tan chillones y faltones como los de estos lares.

¿Y ahora? ¿La gata? ¿Se había ido?. Lo gorriones continuaban allí. Y tres palomas. Una gaviota sobrevolaba amenazadoramente. Las palomas la miraban de reojo. La sabían enemiga.

Me parecía que hablaba sólo, o que tal vez me convertía en un interlocutor invisible. Seguía contando. Tenía los ojos húmedos, enrojecidos pero serenos, ahora, que se le estaba apagando el fuego. Tenía los ojos de la aceptación de una causa perdida, los ojos que sabían ver que nadie se molestaría por ellos, por unos viejos de nada.

Y en el Segundo Derecha estaba, sola, Pura la viuda. Viuda desde muy joven, viuda de un sargento del Ejército de Tierra. Contaba cómo en el 57, luchando contra los moros de Sidi Ifni, le reventó en las manos una de aquellas granadas atadas con alambres. Y contaba las historias de esa guerra. Decía ¿y vosotros que sabéis? Mi Lisardo me escribía unas cartas aterradoras. El sofocante calor del día, el helador frío de las noches, ¿qué sabéis del desierto? Decía. Ahora sólo veis postales, pero mi Lisardo tenía que andarlo con aquellas alpargatas. Era duro, me contaba, y eso no lo mitigaba nada, ni siquiera aquellos cartones de tabaco, cajetillas, o cigarros sueltos que les enviaban desde Canarias. ¡Ah! Y el coñac. La radio se pasaba todo el día pidiendo para nuestros soldados que estaban haciendo una guerra. Mierda de guerra, ¿y que hacía el generalísimo? Nada, no les daba ni armas ni nada. Y la radio poniendo discos dedicados. No les daba nada. Nada. Era increíble, no les daba nada. Pero no, los moros estaban allí, disfrazándose con pieles de corderos, los muy cabrones. ¿Y el Hospital Militar? Siempre llegaba alguien nuevo. ¡Que mierda sabéis vosotros!
Por favor, Doña Pura, no se nos enfade. Eso fue ya hace mucho tiempo.

Se sentó sobre el borde de la maleta, que se plegó ligera y silenciosamente. Debía estar casi vacía. ¿Qué llevaría dentro? ¿Cartas de su juventud? ¿Pequeños recuerdos de historia condensada? Sí, creo que... seguro, que llevaría toda su vida.

Pasó el autobús. El 5. Lleno de gente con casa.

Me miré. Miré hacia mi interior y vi mi casa. ¡Cuántas cosas inútiles! Y, entre ellas... ¿tendría suficientes cómo para llenar una pequeña maleta?. Me sentí desazonado.

Musitaba. Entrecortadamente decía algo. Algo del Segundo Izquierda. Ahora caí en la cuenta de que tenía una cabeza ordenada. Repasaba su casa, sistemáticamente.

Estaba doña Isabelita. Aquella agradable señora, rubia blanquecina, de ojos azules y mirada clara, la que tenía siete hijos, ahora seis de ellos colocados y casados. El cuarto le salió mal. Ella, de natural oronda, no parecía preocuparle nada. Sebastián subía hasta el último piso y, en el rellano, se liaba un poco de yerba. Era pacífico. Bajaba a casa, algo atontado, y no hacía nada. Sacaba los perros a pasear. ¿No lo he dicho? Sebastián era ese hijo no colocado, no casado, él que le salió mal. Eso era todo. Doña Isabelita era feliz. Su marido había ganado bastante dinero pero le quedaba lo justo. Casi nada. Lo había dilapidado, se contaba, en el juego y mujeres. Lo del juego era conocido, se sabía en dónde se lo jugaba. De las mujeres... nadie pudo probar nada. Pero la felicidad de Doña Isabelita consistía en que era Doña, una señora, querida por toda la pequeña comunidad. A ella acudían en busca de consejo. Criar a siete hijos, una era hija, le daba una autoridad moral indiscutible.

En el rellano, arriba, donde lo de Sebastián, había una buhardilla. Normalmente nadie la ocupaba pero, de vez en cuando, aparecía una pareja de jóvenes y pasaban unos meses. En los últimos tiempos estuvo vacía. No tenía cerradura y los vecinos subían a dejar cosas que les estorban en sus casas, que eran muy pequeñas. Y cuando llegaba la pareja de jóvenes, sin escándalo de ninguna clase, se vaciaba todo, se llevaba a la basura y nada había pasado. Sebastián controlaba parte de lo que sucedía. En esos momentos, no fumaba. Ejercía la autoridad sobre su territorio pese a que nunca había traspasado aquella puerta sin cerradura.

Está la gata de nuevo. Toma el sol. Los gatitos no se separan más de tres metros.

Le dije que si tenía casa nueva, o lugar a donde ir. Casi sin mirarme, me contestó que no me preocupara, que sus problemas se acabarían pronto. Viendo mi cara de sincera consternación, se apresuró a decirme de nuevo que no me preocupara, que no iba a hacer ninguna tontería. Y le creí.

Remigio, el zapatero, ocupó una esquinita del escaso portal. Allí estuvo hasta que los nuevos tiempos trajeron la tecnología. Él decía que la “tenica” nunca sería igual que su trabajo manual, esmerado y pulcro. Nunca pudo adaptarse a los artilugios mecánicos, solo leznas, cuerdas, pegamento y poco más era su industria. Nunca llegó a entender la razón de que los nuevos zapateros hiciesen llaves. No andaba nada bien de salud. Un día desapareció. Nadie supo lo qué había sucedido. Se especulaba con que una hija había venido para llevárselo a una residencia que las Hermanitas de la Caridad tenían en Palencia, en los alrededores, o por ahí.

Estaba intentando retener lo que me estaba contando cuando me dijo que perdonase, que tenía que marcharse, que había sido muy amable por haber estado charlando con él. Cogió la maleta, hizo una ligera inclinación de cabeza. Giró lentamente y, con paso cansado, se fue calle abajo.

Lamenté no haber hablado más tiempo con él. Quizás tuviera muchas cosas que contar. Dándole tiempo, me hubiera dado una visión completa de los tiempos que le había tocado vivir. ¿Qué sabía yo de esos tiempos? ¿Y mi maleta? ¿Tendría algo para guardar en ella?

Triste, pero al tiempo alegre, también me fui, sabiendo que el hombre de la maleta nunca haría una tontería. Seguro que tendría muchas razones para continuar viviendo.

Los gorriones se habían ido. Una gata, tres gatitos, algunas palomas, una gaviota... acompañaban a aquella casa. Pero no por mucho tiempo. En un lujoso despacho, del piso 13, unos hombres con maletines hablaban apresuradamente.

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texto: El deshaucio - OVNM - 080420
fotografía: @444-FB-071022-3066-El Desahucio
música: Dead Can Dance - Summoning of the muse

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lunes 7 de abril de 2008

Dos niños en Milán

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Estaban ajenos al mundo. Ensimismados en sus negocios. Ya habían comprado y vendido todos los automóviles de gama alta. No les importaban los lujosos y caros escaparates a su espalda.

Sus madres, apaciblemente, charlaban acerca de las últimas noticias recibidas de Sudamérica. No eran las dos del mismo país, pero estaban unidas ahora por un lazo solidario más fuerte que el amor.

Llegaban los ecos de ese senador, senador de Berlusconi, que en la plaza del Duomo vociferaba promesas con fecha fija de incumplimiento.

Las dos madres seguían con su conversación en tanto que dos cochecitos, con sendos niños, se miraban enfrentados. Ambos niños trataban de balbucear cuatro palabras en italiano.

Bolsos de 700, zapatos de 600, cinturones de 90… llamaban desde los escaparates, pero ellas conversaban con una cadencia melosa en tanto que el sol acariciaba sus rostros curtidos en aires de otras latitudes. Sus cuerpos reflejados en esos escaparates no estaban hechos para esas mercancías… o eso era lo que ellas creían.

Cientos de Canon y Nikon llevaban colgadas a otros tantos japoneses y japonesas por los tejados del Duomo. En Vittorio Enmanuelle, había filas de disparos de flash en el aire, que jugaban a ser pequeñas tormentas de rayos surcados por dos docenas de helicópteros con mando a distancia que, recién llegados de China, eran manejados por gentes de tez cenicienta.
Miles de Canon y Nikon llevaban colgadas a otros tantos japoneses y japonesas por toda la ciudad.

Dos niños ajenos a todo manejaban los hilos del futuro, en tanto que una camarera etíope, con finas manos y huesudos dedos, servía una lasaña en el restaurante cercano y aprendía dos palabras de español.
Dos niños ajenos a todo manejaban los hilos del futuro en tanto cientos de cilindros de plástico transparente encerraban rosas que buscaban una mirada de gentes con prisas.
Dos niños ajenos a todo manejaban los hilos del futuro en tanto una veintena de paraguas, en un día soleado, se abrían y cerraban con un sonoro sonido reclamo de ave en celo.

Ronroneaban los tranvías. El cielo tejido de cables enredaba en el mármol rosa del Duomo. Cientos de Harley Davidson descansaban, envueltas en cueros negros y adornos de plata ocupados por gentes de aspecto amenazador y semblante bonachón, con brillos refulgentes que deseaban apagar al sol. Y el Sforzesco les miraba en tanto a sus espaldas una multitud abrazaba la hierba con sus cuerpos cansados.

Dos vírgenes nórdicas manejaban un plano gigante que se elevaba como una vela empujado por un aire inexistente cerca del Palazzo Reale.

Del Teatro alla Scala emanaba un aria que solo se oía con la imaginación. Y aquella señora muy gruesa, con cara sonrosada, mientras cantaba, simulaba ser un alma tísica… pero los dos niños no se extrañaban de la potencia de su voz, ajenos al mundo como estaban.

Torbellinos de humanidad yendo y viniendo en los alrededores de la Stazione Nord. Otro tanto en la Stazione Centrale. Otro tanto en todos los lugares.

Dos niños ajenos al mundo. Conversando de lo realmente importante. De sus cosas.

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///OVNM 049/080406 - Dos niños en Milán
///foto: 080405-C5613 - Dos niños en Milán
///música: María Callas - Caro nome

viernes 28 de marzo de 2008

Y llamé a las puertas del cielo (R)

Os invito a leer


A esta corta historia, de hace casi un año,
le tengo un especial aprecio
tal vez por ser lo primero que he escrito

ahora, me he permitido añadirle
foto y música
como es una constante en mis nuevos posts
***
En el post encontraréis un enlace que os llevará a
O.V.N.M. Internacional
donde
“Y llamé a las puertas del cielo”
está publicado en
inglés – francés – gallego – árabe – chino

y más lenguajes me gustarían…

jueves 27 de marzo de 2008

Él, no quería




Me lo explicaron claramente.

Él, no quería.

Su padre había sido maletilla desde muy joven y, a base de mucho tiempo, había llegado a ser mozo de espadas de uno de los toreros más famosos del país del toreo.

La posición del padre, y los largos años de vida alrededor del coso, le habían facilitado tejer un entramado complejo de amistades, afectos y conveniencias.

Él, no quería.

Su padre, dentro de la más legítima aspiración que puede tener un buen padre, deseaba que Rafael llegara a ser lo que él nunca hubiese conseguido, pero si soñado. Sí, soñado, por que su vida entera era un sueño. Se veía, en Rafael, lidiando en Las Ventas, La Maestranza... en todas.

Pero él, él no quería.

Su padre, Manuel, puso todos los medios. En su pequeña casa, en el campo, aprovechando al máximo el mínimo espacio de que disponía, se hizo una pequeña plaza para tientas, a base de tablones de obra, palés y otros restos similares. Incluso, al principio, se hizo un toro con un carrito de la compra de un supermercado, eso sí, convenientemente relleno de papeles de periódicos, con noticcias del toreo, y forrado con pieles de distintos animales. Tener una piel de toro hubiese sido su deseo.

Allí, en aquella desastrada plaza, recibió Rafael sus primeras lecciones, me mano de su padre, y de gente de las plazas que venía a comer las migas que, con nivel de excelencia, preparaba su madre, Doña Remedios.

Rafael, mientras, no quería. Seguía con sus estudios. Así pasó la primaria, secundaria, bachillerato... Universidad. Ya era casi antropólogo, su sueño desde tempranas edades.

Manuel, Manolillo para los amigos, continuaba trayendo a su casa toda clase de gente, del mundo del toro por supuesto. Todos hablaban con Rafael. Todos argumentaban. Recibía teoría y práctica, ésta, muy bien explicada por los comentaristas taurinos.

No. No quería. El no quería.

Siempre se había distinguido por una especial sensibilidad que tal vez explicase el hecho de que fuera ecologista, naturista, vegetariano, pacifista... defensor de los derechos de los animales. Sin poder decirlo, casi ni pensarlo... odiaba el mundo del toro.

Y la vida continuó de aquella manera. Él, no quería. Manuel, persistía. Remedios, haciendo migas.

Y llegó el día. Manolo había conseguido una plaza de toros de verdad, con toros de verdad. Él sería el
mozo de espadas... y sería su día de gloria, en la persona que más quería: su hijo.

Ya se veía en las noticias, en todos los medios, en la televisión, la radio, los periódicos... en los foros taurinos. Rafael había triunfado. Él había triunfado. Un día apoteósico. Todas las orejas todas. Todos los rabos todos. Miles de objetos al ruedo: peinetas, sombrillas, almohadillas, flores, puros...

Y sí. Sí fue la noticia en todos los medios de comunicación. Hasta trascendió al extranjero. Miles de vídeos fueron colgados en You-Tube. Todos, todos contaron con que gala había salido al centro de la plaza, y como había esperado al primer toro. Todos contaron su elegancia al dejar la muleta en el suelo y tender, delicadamente, la capa sobre ella. Todos contaron...

Todos contaron como, con una serenidad asombrosa y una tranquilidad difícil de explicar según las circunstancias, se había dejado empitonar desde la ingle hasta el fondo de su alma... ahora ya libre.


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texto: El no quería - OVNM 070930/080318
fotografía: @444-FB-080106-4330-R& - Liberación en la plaza
música: John Whelan - Ceol Nanolag

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lunes 24 de marzo de 2008

El Greco



Deseaba el Greco desayunar

no sabiendo dónde

alguien le quiso ayudar

que si de galletas tratara

que se fuera a Aguilar

redondas o cuasicuadradas

le iban a deleitar

que con una sola mano

y aún la otra en el pecho

ya le iba a bastar

*

Lo juro, ha sido el Ñoco
estas tonterías solo pueden ser cosa suya (acga)


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texto: El Greco - OVNM 049 - 080324
fotografía: 021208-Aguilar de Campóo-01-Galletas Greco
música: Pink Floyd - The Gnome

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domingo 23 de marzo de 2008

¡Corre!


Me lo explicaron claramente.

Estuvieron dándome ánimos hasta el último momento. Y después, también.
No te preocupes. Tú, corre. Corre como si perdieras la vida. Solo deja la línea blanca a la derecha, no la pises, y si la pisas, no te preocupes. ¡Corre!

Me trataban bien. Me sentía tranquilo. Me dijeron: ¡Ahora! ¡Ya! ¡Corre!


Lo hice. Vaya que sí lo hice. Y me sentí muy satisfecho. Conseguí no pisar la línea blanca, solo el suelo de arena rojiza. Eso sí, me sorprendí mucho, muchísimo, cuando después de haber corrido tanto me encontré con ellos otra vez. ¡En el mismo sitio! No lo entendía, pensé que no habría de verlos nunca más.

Levanté la mirada y había otros como yo, sudorosos, cansados. Todos tenían una línea blanca a su derecha, como yo. ¡Ah! ¡Sorpresa!, también tenía una línea blanca a mi izquierda.

Creí percibir una pequeña diferencia. Ellos, aparte de cansados, parecían tristes.

Y mientras observaba esto, me sentía zarandeado, aplastado, abrazado, empujado… Los gritos a mí alrededor no me dejaban entender nada… pero parecían decir ¡ánimo chaval!, ¡has ganado!


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texto: Corre - OVNM 070930/080323
fotografía: @444-FB-071124-3840-Anillos
música: Lisa Gerrard - Biking home

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martes 18 de marzo de 2008

El hombre que plantaba árboles

18 de Marzo
Para celebrar mi cumplemuchosaños he pensado...
19 de Marzo
Para celebrar el día del padre (de la madre es siempre) he pensado...
20 de Marzo
(a las 18:07 horas), para celebrar el Equinocio de Primavera, he pensado...
21 de Marzo
Para celebrar el Día Forestal Mundial he pensado...
22...
23...
*********
he pensado en haceros un delicioso regalo.
Ya sé que es una opinión muy personal pero,
como os voy conociendo algo,
estoy convencido que así será
un delicioso regalo.

Tendréis que tomaros vuestro tiempo,
que no será nada cuando hayáis terminado de verlo.

Lo que os ofrezco es una hermosa animación,
del canadiense Frèdéric Back.

La animación de una hermosa historia:
"El hombre que plantaba árboles"
de Jean Giono.

Si tuviérais problemas con la visualización, activad el enlace.

http://www.tu.tv/videos/el-hombre-que-plantaba-arboles



www.Tu.tv
Os dejo unos enlaces que puedan ser de vuestro interés

***

En E-Mule se puede encontrar una audición en español,
con música y una cálida voz de mujer
de la que ahora no recuerdo su nombre
Echadle un vistazo, un oidazo.
Otra delicia más para el espíritu es ésta:
*
Paul Winter Consort - El hombre que plantaba árboles
(Cuento de Jean Giono)
le pone la música adecuada
*
también:
El hombre que plantaba árboles audición en español.
***

The Paul Winter Consort
Paul Winter - soprano sax
Paul Halley - piano
Eugene Friesen - cello
Mark Perchanok - heckelphone
Glen Velez - percussion
Russ Landau - bass

***

(La música del video no es la versión de Paul Winter)

viernes 29 de febrero de 2008

El color de la esperanza en OVNM

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rojo es el color de la esperanza

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domingo 24 de febrero de 2008

Puertapájaro


Pequeña historia que explica una obra.


Andaba algo atareado, paseando de arriba a abajo a lo largo de una nave industrial esperando a poder pagar una factura por una compra realizada. Me habían dicho que esperase unos minutos.

Repetidas veces pasé al lado de un camión, no muy grande. Una de las veces, y por simple curiosidad, estiré el cuello para ver que había dentro de la caja.

Era un camión con chatarra. La nave a la que hago alusión, trabajaba con hierros.

La visión fugaz no me dijo nada, excepto... chatarra.

En la siguiente pasada, algo me llamó. Me llamó, no digo me llamó la atención. Ese algo era un conjunto de recortes de hierros, entrelazados, apelmazados. Y me gritaron ¡Llévanos! ¡Somos lo que está en tu cabeza!

No sé como lo supieron, pero efectivamente, estaban en mi cabeza... o se las apañaron para meterse en un descuido, mientras miraba la chatarra. Un camión lleno de chatarra.

Pensativo, continué con mi paseo nave arriba nave abajo. Es un decir, la acera era plana.

En una de las pasadas, coincidí con el conductor del camión. Le pregunté, ¿y que se hace con esto? Me miró sorprendido. Me miré sorprendido al hacer una estúpida pregunta para la que ya tenía respuesta. Aún así me respondió. Nada, que es chatarra y va para una fundición. Obvio, me dije.

Di otro paseo más y volví. Oiga, le dije. ¿Y ésto se puede vender? Otra pregunta tonta. ¿Ésto? No. Ya está vendido. Salgo ahora para la fundición.

¡Espere! Yo quería unas piezas que he visto dentro del camión. No le dije que me habían llamado. Pensaría que estaba loco, y si lo estoy, tampoco es cosa de ir contándolo.
No puede ser, me respondió, la carga del camión ya está vendida.

Bueno, dije rápido, ¿a cuánto está el kilo de hierro? Me respondió vagamente con varios precios, ¡vamos, que no lo sabía seguro!

Bueno. Solo quiero unas piezas, le expliqué mientras metía la mano en el bolsillo. Mire, tengo cuarenta y tres euros. ¿Que le parece?

Ya se puede imaginar el final de la historia. Con desgana me soltó, coja lo que usted quiera (me trató de usted, algo que no recordaba lo que era). Y hecho. No fui avaricioso, solo cogí aquellas piezas que me habían dicho ¡llevadme!

Me ayudó a meterlas en el coche. Yo las trataba con delicadeza, como algo vivo. Con sufrimiento ya que estaba guardando algo, que desmembrado, lo percibía como un todo.

Terminé pagando la factura y ya en casa... no me echó a la calle, ya sabéis quién, la mujer casada que duerme conmigo. ¡Hasta se lo tomó bien! Lógicamente me preguntó que pensaba hacer con esos trozos de hierro.

¿Qué pensaba hacer? Llamé a mi amigo, el que tiene un soldador. Quedamos para un sábado y antes de comer, o después, no recuerdo, comenzó a aplicar unos puntos de soldadura en los lugares que le iba indicando.

Y así nació puertapájaro. El pájaro eterno para mis pajarillos. El lugar donde posarse, por él que pasar, reunirse, comer… los distintos pájaros a los que he invitado.

Le hice un pequeño pedestal de piedra arenisca, a fin de que pronto pudiera admitir la humedad y el verdín como elementos decorativos, y ahí está. Ahora es frecuentado por mis petirrojos, una o dos parejas, depende, los mirlos, lavanderas, jilgueros, urracas y por supuesto… bandadas de gorriones.

Bienvenidos todos.
***

Puertapájaro es mi primera, y última, escultura de gran tamaño.
Mide 162 cm de altura, sin pedestal, con una envergadura de 186 cm.
Las piezas son de un grosor de dos centímetros y medio.
Pesará unos 130 kilos. Su color es natural, acero oxidado.
Está emplazado en el jardín de mi casa.

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texto: Puertapájaro - 080224
fotografía: @-FB-444-Puertapájaro-3093 [R40]
música: Saycet - Chromatic Birds

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martes 19 de febrero de 2008

Misperimientos

Hay veces que Ñoco se me escapa y hace tonterías mayúsculas. Recuerdo que un día, de Diciembre del 2006, mientras hacía un pan de nueces con pasas, con ajonjoli y alguna cosilla más que ahora no hace al caso, Ñoco me dijo si le dejaba el ordenador que quería escribirle a Tacirupeca Jaro. Le dije, bueno, pero no le digas tonterías.
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Cuando volví -el pan ya estaba haciéndose- me encontré con este despropósito.
*
Lo siento mucho, pero esto me pasa por tener un blog a medias con él dentro de este maizal.
Tengo la esperanza que la Sociedad Protectora de los Amantes de los Animales no me diga nada, al fin y al cabo, Ñoco es todavía menor de edad, dignidad y gobierno.


En fin. No se lo tomen en cuenta. Trataré de que se enmiende. En el fondo es un buen chico. Nunca se ha comido una rosca... mucho menos a Tacirupeca Jaro.

jueves 7 de febrero de 2008

Días especiales


To LSLB and TMSTAS or the opposite way, two sensitive friends
***

Hay días del año que son especiales. Eso dicen. Alguien podría pensar que éste es un día especial. Para mi, no. Todavía no ha acabado la matanza de los Inocentes. Solamente tenemos que abrir cualquier página de cualquier periódico de cualquier parte del mundo, y podremos asistir, casi en directo, a la continuación de la mencionada matanza. Si sintonizamos cualquier cadena de TV., de cualquier parte del mundo, incluso podríamos asistir en tiempo real a lo mismo. Así que, que nadie se engañe. O lo paramos, o continuará hasta ElFinDelMundo. ¿Tienes algo que opinar?


Pero bueno, yo estaba aquí para otras cosas. Por ejemplo, para mí si que es un día especial. Lo titularía Dec 28th. Y se entiende.


Venía de pagar una gruesa factura, y el que paga descansa mientras el que cobra descansa más, cuando recordé que tenía que comprar un tubo de silicona. Entré en el primer sitio que encontré. Una tienda tipo todoacientodoauneuro, algo así como de liquidaciones por siniestros y, pues no tenían silicona, bueno si, en tubo grande. Ya, pero yo solo necesitaba para cuatro o cinco centímetros cuadrados. Pues no lo compré, el tubo grande.


Mientras merodeaba por la tienda, absorto en la voz de Laurie Anderson (me casaría con su voz), una voz que no necesitas entender, distraídamente miraba (distraídamente) estanterías de cosas inútiles, totalmente inútiles, radicalmente inútiles, pero de esas que sacian, como un buen caldo gallego, fabada asturiana, pote lebaniego, cocido montañés, no sigo, sé más. Sacian y sacian hasta el hartazgo la necesidad de consumir. Que felicidad, con cinco euros llegas a casa repleto de cosas. ¿Cuánto costarán en China, me digo?. Tengo la sospecha de que son gratis. Ninguna de las chinas que conozco, tres, me han informado al respecto. Por cierto, una de ellas, Qiaohua, miturrón, el nombre con el que la bauticé, ya se deja besar. Se está integrando rápidamente. Las chinas y chinos son muy suyos en esto de los contactos corporales. Me lo dijo el manual de atención a esta clase de emigrantes, que no vienen en patera.


Bueno, quedamos en que merodeaba. Y en este día especial sucedieron dos cosas con un significado también especial. Sin mirar, salieron a mi encuentro. La primera la tengo ante mi vista. Allí, en medio del desorden, un libro. Si un libro. Me llamó la atención, lo hojeé, y lo ojeé. Y me lo compré. Hecho. Cuando fui a pagar algunos me miraron. Creo que debo ser el único caso dado, uno, con un libro aquí. Lo más sorprendente es el título. Se llama “Teología de la creación de un mundo en evolución”, de un tal Karl Schmitz-Moormann. Lógicamente no lo voy a copiar aquí, ni siquiera resumir dado que no lo he leído. Su autor se dedicaba a traducir al alemán, y a coeditar los escritos de Teilhard de Chardin. O sea, sin comerlo ni beberlo acabo una vez más cerca del Punto Omega. Estas cosas relacionadas con Dios me dan mucho trabajo. Para un agnóstico, o ateo, que bien mirado todavía no me he encontrado, entretienen algo. Obviamente, Teilhard de Chardin, y el tal Karl Schmitz-Moormann se preguntan cómo puede entenderse la interpretación cristina de que este universo es creación de Dios. (veis, Dios con mayúscula). Parece ser que el resultado es un planteamiento innovador y un modelo de reflexión teológica enfocado con gran precisión. Ojo, copio de la contraportada.


Y ahora a centrarse, los múltiples objetos de la tienda tipo todoacientodoauneuro continuaban asaltándome. Laurie Anderson ya no resultaba una defensa eficaz (aunque me casaría con su voz). No voy a describir todo o que veía, ni siquiera a enumerarlo, pero algo llamó mi atención de nuevo. Allí, perdido entre un lote de botellas de Ribera del Duero a muy buen precio, había un par de botellas, o dos pares, de un vino dulce español tipo málaga virgen, llamado Issabella. Toma ya. Estaba convencido que el día era definitivamente especial. Apliqué mis neuronas a trabajar y me dije que me apetecía. El ala radical de mi sistema neuronal, mucho más racional me ordenó, taxativamente, que no se me ocurriera comprar ni una botella, que a ver, que iba a hacer con la de Vintage Port 1980, de Port Wine Growers, sin consumir o con la del Harveys Bristol Cream, de la azulada botella.

Por una vez, triunfó la razón, lo que es raro en mi caso. Me quedó un ligero resquemor, tal vez debiera haberme llevado a Issabella para casa, allí estaría bien. Bueno, me queda el consuelo de que podré volver a buscarla. Como la vida tenía que continuar, me fui a la caja y pagué en la tienda tipo todoacientodoauneuro la cantidad de tres euros. Conmigo habían hecho el día, se habían quitado del medio a Karl Schmitz-Moormann. Creo que todavía me lo estarán agradeciendo. El libro parece interesante. Ahora hojeando y ojeando, veo que al final hace una serie de preguntas para ver si lo he entendido (¡estos jesuitas!). Por ejemplo, para el capítulo 5º, una de las preguntas dice “¿Cómo podría permitir tanto la indeterminación cuántica como la teoría del caos, que el Dios tapa-agujeros sirviese para dar respuesta a preguntas sobre la naturaleza?” o “En que sentido se puede decir que los protones y neutrones ejercen su libertad?” o, para el capítulo cuarto, “¿Resulta acertado decir que, a través de la información, la humanidad ha alcanzado un nivel de semejanza con el Creador?” . Inevitable, otra vez Chardin y Tippler, cada uno con lo suyo.

Resulta inquietante, son doscientas ochenta y seis páginas, aparte las del índice y otras, densas, con letra pequeña, y sin santos con los que distraer la vista. Sobre todo, ¿cambiará algo de mi forma de ver la vida?. Me gusta Omega y Gaia. No se donde quedarme, de momento en Gaia, claro.

Sin embargo, lo del Issabella, está más claro. No lo beberé pero, en venganza, al lado entré en una ferretería para comprar una hembrilla, de esas que se utilizan para colgar cuadros. Pues compré once más, y completé la docena. No las podré beber, pero triunfé sobre el ala radical de mis neuronas. Y me fui. Lo que siguió después no es tan relevante, aparte de tomarme un rueda con una amiga, su hijo y su nieta (que por primera vez no lloró ante mi presencia). Además, a quién le puede importar mi cotidianeidad habiendo asuntos tan importantes como lo del libro y lo del vino dulce.

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texto: Días especiales - wast 061228
fotografía: Mataleñas, Isla de Mouro y Bahía de Santander
Música: Laurie Anderson - Open up


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martes 5 de febrero de 2008

Chiste chino

No tenía nada que hacer y me puse a leer este chiste
Bueno, ya sé que es una tontería


我可是在七喜公司工作呀

四个好朋友在医院里碰面了,他们的妻子正在生产.护士过来对第一个男人说:"恭喜,你得了双胞胎."男人说:"多奇怪呀,我是明尼苏达双子队的经理."过了一会儿,护士过来对第二个男人说:"恭喜,你得了三胞胎."男人很喜欢:"嗯,又巧了.我是3M公司的董事."最后,护士跑来对第三个男人说:"恭喜,你得了2对双胞胎."男人很开心地说:"真令人啼笑皆非,我为四季宾馆工作."他们三个都很高兴,但第四个伙伴急得像热锅上的蚂蚁,咒骂上帝并用头撞墙.他们问他有什么不对劲,他回答道:"什么不对劲?我可是在七喜公司工作呀!"

Como no tenía nada que hacer, lo he traducido al inglés

I work for 7up !

Four best friends met at the hospital since their wives were giving births to their babies. The nurse comes up to the first man and says, "Congratulations, you got twins." The man said "How strange, I'm the manager of Minnesota Twins." After awhile the nurse comes up to the second man and says, "Congratulations, you got triplets." Man was like "Hmmm, strange I worked as a director for the "3 musketeers." Finally, the nurse comes up to the third man and says "Congratulations, you got twins x2." Man is happy and says, "Ironic, I work for the hotel "4 Seasons." All three of them are happy until they see their last buddy jumping all over the place, cursing God and banging his head on the wall. They asked him what's wrong and he answered, "What's wrong? I work for 7up"!
Cuando tenga tiempo, le pongo una foto de chinos y una música de chinos
pero, si no se la pongo, no pasa nada ¿no?

sábado 2 de febrero de 2008

Dos gallinas y un gallo




Historia-homenaje, caliente y verídica.


Ha sucedido hoy mismo, de madrugada.
Estaba en el pueblo. Había ido a pasar el fin de semana.

Ha sido una mala noche. A las 4:48 minutos soy despertado por un gran jaleo de los perros de la vecindad, cuatro pastores alemanes y un “siete leches”, que dice una amiga, de esos que no se sabe dónde ha mamado. Sobresaltado, presto atención. El jaleo es seguido de un gran revuelo (nunca mejor empleada la palabra). Intuyo que las dos gallinas y el gallo de mis vecinos están siendo atacados por un zorro. Oigo llorar a las gallinas. Digo llorar, no cacarear. No puedo reproducir aquí esa onomatopeya.

Despierto a la mujer casada que dormía conmigo qué, asustada, me manda a freír espárragos. Me levanto, enciendo las luces exteriores y miro hacia el gallinero, a treinta y tres metros según Google Earth. No veo nada. Ya no oigo nada. De la noche se apodera la calma. Los perros han cesado de ladrar.

Con los pies fríos, el termómetro marcaba 4’5 grados, me meto en la cama destemplado.

Pasan unos minutos, creo que ocho. De nuevo los perros inician la advertencia. Son ladridos continuos. Otro revuelo en el gallinero, esta vez muy pequeño. Y, de nuevo, silencio.

Es la mañana. No una mañana cualquiera. Noto que el gallo no me ha despertado. Me temo lo peor. Miro por la ventana. No veo nada. Escudriño. Nada. Cojo los prismáticos.

No. No describiré lo que veo. Solo con una frase basta. El espectáculo es dantesco.

Ayer mismo. Mi vecino me había regalado tres huevos de esas gallinas (el gallo es conocido que no pone). Se iba de fin de semana y me había confiado su custodia. Es decir, que les echara un poco de pienso. Es un amable intercambio. Intercambiamos fines de semanas cruzados, gallinas, gallo, pienso y huevos.

Se acabó. Se acabaron los paseos de las gallinas más privilegiadas del mundo. Eran libres de campar y picotear (hasta se metían en mi huerto). Hermosas gallinas con inteligencia fuera de lo común. Creo que me conocían. Los sábados venían a buscar la comida. El gallo era más desconfiado. Era un “chulín”

Se acabó. Se acabaron los cantos del gallo. Hermoso quico. Si
empre a medio metro de altura, por encima de sus gallinas. Las llevaba y las traía por todo el prado. Creo que era él quién las guardaba en el artesanal gallinero.

El zorro ha hecho bien su trabajo. Me dice Arturo, un sensato hombre del lugar, que sus hazañas las realiza siempre con el principio del día. Buen trabajo. La cadena alimentaria funciona.


El zorro siempre vuelve. Ha tenido premio.

Echaré en falta a ”mis gallinas” y a “mi gallo”. Ahora recuperaré el tiempo robado al petirrojo y al mirlo. A la urraca y al jilguero. Pero les echaré de menos.

Dos gallinas y un gallo.



texto: Dos gallinas y un gallo - 080202
fotografías:@405-070317-El gallo / Dos gallinas y un gallo
Música: The Great North Cave

¡Vaya!, tuve que volverme urgentemente del pueblo
a fin de publicar tan triste acontecimiento

jueves 24 de enero de 2008

Ilu. La frutera

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Todos los lunes y miércoles la veía en su puesto. Esmerado puesto. Todas sus frutas estaban perfectamente colocadas, alineadas, ordenadas por colores, por formas…

Todos los lunes y miércoles la veía en su puesto. Esmerada frutera. Cofia blanca con bordes bordados, bordados en azul cielo… oscuro. Mandil blanco. Mandil blanco con bordes bordados en color azul cielo… oscuro. Y más bordados, una cenefa de frutas variadas la entallaban por la cintura. Unas cintas de color rojo, el color de la esperanza, se anudaban con un gracioso lazo en el centro, coincidiendo con tres fresas.

Su cara manzana, redondeada en color pálido granada, despedía una sonrisa con olor a melocotón. Sus pequeñas manos se paseaban sobre la fruta, sin tocarla, acariciándolas y provocando una mezcolanza de aromas. Parecían mantener un interesante diálogo, interrumpido por sus senos, cuando se inclinaba sobre ellas, sus frutas. Entonces, todas enmudecían admiradas.

Se tomaba su tiempo en conseguir ese orden perfecto… en sus frutas. Las frutas de Ilu. Cada día... distinto. Le resultaba fácil jugar con el colorido. Verdes, amarillos, rojos de la esperanza…

Verdes dentro de una gama de verdes, amarillos dentro de una gama de amarillos, dentro de una gama de rojos… rojos, y así sucesivamente.

Le resultaba divertido jugar, también, con los tamaños. Grandes, medianos, pequeños… Y con las formas. Redondeadas, alargadas, ovaladas… Sí. Jugaba. Y cada día, una obra de arte creaba para deleite de los primeros asistentes al mercado. ¡Hasta con las letras jugaba! Los días pares, por orden alfabético. Los impares, al revés.

Lo vengo diciendo. El puesto cambiaba cada mañana, cómo su delantal y cofia, con bordados diferentes según el color del día (se rumoreaba que en casa, los domingos, usaba un delantal rojo esperanza con bordados en color negro, con cofia negra con bordados en rojo esperanza… pero solo se decía. Eso se decía de Ilu).

Unos días generaba cuadrados en el puesto, o rectángulos, o triángulos… Los círculos le costaban, decía, mucho trabajo. Para disimular su forma más imprecisa, acudía con frutas de elevado contraste para representar mejor los bordes de la figura.

Todas las frutas participaban en su efímero juego. El caso es que ella jugaba… y se le notaba que se divertía. Ella misma era el puesto de fruta. Ya ponía el cuidado en colocarse al lado de las frutas que combinasen bien con el mandil. Hoy, por ejemplo, con mandil de borde azul, estaba al lado de los plátanos. Creo que el miércoles irá con borde rojo. Seguro que estará con las manzanas golden.

Había olvidado hablar de las gruesas medias con las que se protegía de los fríos callejeros del invierno. Aseguraba que en sus rayas horizontales se escondía la historia de todas y cada una de sus frutas, enmascaradas en su color. Tenía también unas ligeras medias para los días templados. Siempre tenía medias.

Ella, la frutera, aquella frutera, era la alegría del mercado. Todas sus cercanas compañeras la envidiaban. Algunas, incluso trataban de imitarla, lo qué a ella no le importaba… le halagaba. A Ilu le halagaba. Ilusión. Ilu se creían esas compañeras que era un apócope de ese nombre. No sabían su secreto, ni sabían lo que significaba apócope.

Lo que nadie conocía era, y era importante… lo de su sufrimiento.

Todo aquel amoroso y divertido trabajo se iba convirtiendo en una desazón, angustia opresiva, que se acentuaba cada vez que un cliente se llevaba sus frutas... sus amadas frutas.
Y siempre creía que aquella tristeza no era compensada por las monedas que a su casa se llevaba.

Pero… cada mañana se despertaba con la ilusión de un nuevo puesto que habría de crear, esa mañana, por si acaso era la última.



La foto no es de la frutería de Ilu. No estaba el día que fui a hacerla.
No estaba tampoco su puesto.
Ahora, la añoro. No sé nada de ella.
:
:

///OVNM 037/080108 - Ilu, la frutera
///foto: 080114/C4915 - Frutería (Tenerife)
///música: Brokeback Mountain - The Wings
///enlace: Cristal Rasgado - La mujer de los mil paraguas

miércoles 16 de enero de 2008

Autoevaluación postvacacional


Bienhallados.
Ya estoy aquí, de nuevo.
Y ahora, sin más dilaciones, a lo prometido,
a realizar la evaluación.
Espero que hayáis sido aplicados.
Las preguntas serán solo diez,
la base decimal es la que mejor entendemos.
El binario lleva demasiados ceros y unos.
La base siete es un engorro.
La base 5 es un engaño, todo el mundo termina multiplicando por dos.
***
Bueno, al grano.


1 – En "La Visita",
¿Cómo se llamaba el gorrión?

2 – En "Fulgencio Máximo"
¿Qué quería ser el director del hotel?

3 – En "Hada" ¿A quién está dedicado el poema?
¿De qué nacionalidad era la chica de la maleta?

5 – ¿Cuantas burbujas cuentas en

6 – ¿Qué significa MUIC en "D.O.P.D.L.R." ?
¿Qué medida de szonas polsk se necesitaba?

8 - ¿Cuántos versos tiene

9 – En Bulbo
¿En que fecha fue realizada la fotografía?


Resultados:
Los enlaces te permitirán realizar una autoevaluación.
***
No tiene sentido que hagas trampas,
yo no iré a revisar nada.
***
Por otra parte,
que estés aquí ya te hace merecedor de una buena nota.
***
No obstante, la escala utilizada,
de Wrutembürg Mins Du Foö,
te permitirá conocer la calificación obtenida.

Si has acertado 11 o más preguntas….
Sobresaliente. De hecho, te has salido. Felicidades.
***
Si has acertado 0 preguntas, a sea, nada de nada…
enhorabuena.
Estás dentro de la normalidad absoluta.
***
Si tus aciertos estás entre 1 y 10…
debes empezar a preocuparte.
Háztelo mirar.
No es normal que te sepas eso
y nada acerca del capítulo 473 B/3h de la Biblia,
o de las obras completas de Friedichist Fon Briëstubetherg.
***
Ánimo, sea lo que sea, es posible salir de ello.
***
Ah, que se me olvidaba,
fallos internos del sistema O.V.N.M.
han originado que el post anterior a este
no se haya autodestruido.
***
Disculpad la cosa
"Herraren caballus humanun est"

martes 8 de enero de 2008

Cerrado por vacaciones


durante unos días
mis blogs permanecerán mudos

pero espero que vayáis leyendo
todo lo que he publicado

cuando vuelva, el día 16
preparaos, que haré un examen
las preguntas serán fáciles

besos y abrazos a todOAs

Ñoco Le Bolo / acga
O.V.N.M. Peculiar Unipersonal Workshop
agradecen vuestra atención

este post de autodestruirá a mi regreso




viernes 4 de enero de 2008

D.O.P.D.L.R.




DOPDLR
Pequeña guía para orientarse


Lo sé. Y lo he sabido siempre. Eso creo.

Ahora puedo manejar un lenguaje inteligible para este estado de la realidad. Ahora puedo manejar algunos conceptos comprensibles. Pero me cuesta. Esta nueva adaptación cuántica supone un nuevo esfuerzo. Los distintos planos de la realidad siempre suponen una especie de jet-lag así se dice, creo. Forma parte de los nuevos vocabularios de las nuevas realidades. Antes no los necesitaba. Ninguno.

Teníamos un mundo perfecto, diría. Ahora, desde otro plano, comienzo a tener mis dudas.

Era un mundo cálido, la única palabra de aquel lenguaje para describir sensaciones térmicas. Era acogedor. Todas nuestras necesidades estaban resueltas. Diría, también, que el concepto necesidad no existía. Todo iba bien. No necesitábamos lenguajes. La comunicación era global, instantánea. Tal vez un equivalente metafórico del punto Omega, no sé, ahora creo discernir, en poco tiempo, tres puntos Omegas con significados diferentes. Tal vez me guste más el de Teilhard de Chardin que el propuesto por Frank J. Tipler. Da igual.

Ahora lo veo más claro, Desde Otro Plano De La Realidad (DOPDLR). Vivíamos en un mundo marrón (ahora que sé de colores), dulcemente amoroso, envolvente, cálido (lo dije) y con un olor especial (ahora lo digo que sé de olores). Y éramos felices, todos. Felices e iguales. Y lo fuimos durante evos (no sé precisar la duración de un evo). Pasados evos, por alguna mutación, tal vez, algunos de nosotros comenzaron a distinguirse de los demás. Se dotaron a si mismos de algunas atribuciones. Y comenzaron las conjeturas. Todos teníamos el conocimiento instantáneo y veíamos claramente como se inventaban las necesidades. Nos empezamos a preguntar cosas. Cosas de nosotros mismos o para nosotros. Descubrimos el cerebro, que ahora estoy utilizando a duras penas. Ya en este plano de la realidad sé, que "El cerebro es el secreto mejor guardado de la naturaleza". Según Eric Kandel, neurocientífico. Y estoy de acuerdo. A duras penas alcanzo a ver donde está el mío.

Las primeras preguntas se resolvieron fácilmente. De donde venimos, a donde vamos y que hacemos mientras tanto. Nuestros más aventajados, no contestaron. Sencillamente dijeron que lo importante era el concepto del color, otros se inclinaron por la calidez y unos terceros, por el olor. Y lo consiguieron. Consiguieron dividirnos en tres grupos, aunque algunos preferían mezclar conceptos, desde lo dual a lo trino. Ahora, DOPDLR, veo que las palabras encajan en las distintas realidades, uno, dúo, trino. Y ellos se encargaron de administrar la reverencia suprema. Sutilmente, se autoproclamaron algo. Mucho caso no hacíamos, pero al final, ellos salían siempre ganando. Y dejamos de ser iguales. No obstante, nuestro mundo seguía igual. Hubo pocas excepciones, algunos, y me incluyo, preferimos no aceptar esa división y organizamos nuestra propia creencia, llamémosle así. Yo, por ejemplo creé MUIC, (mi unipersonal intransferible creencia) Obviamente, no fuimos bien aceptados, e incluso, algunos fueron eliminados de nuestro sistema perfecto. Simultáneamente, algunos monopolizaron algunos aspectos de nuestra organización social, o sea, la no organización y masa uniforme. También salieron ganando. Generaron grandes discusiones globales e instantáneas lo que llevó a la desaparición de parte del tejido social. Pero éramos buenos reproductores, luego no pasó nada. Nuestra misión, también global, continuaba.

Cuando el bioquímico Francis Crick, descubridor de la estructura molecular del ADN, reconoce que "nuestro conocimiento de las distintas partes del cerebro sigue en un estado muy primitivo (...) Todo está por descubrir...". Esa información me llega en este plano de la realidad, pero ya estaba presente en la nuestra. No obstante, nuestros cerebros funcionaban, bien, y sin saber la razón. De este modo, entre los inconformistas, surgió un nuevo tipo de gente. Eran los osados investigadores. Se lanzaron pronto a elaborar teorías. Al no saber de dónde veníamos ni a dónde íbamos, se preocuparon del dónde estamos. Y se descubrió el gran secreto, o eso creemos. Yo, ahora, DOPDLR, lo sé, eso y mucho más. Se pensó, (muy acertadamente sé ahora yo) que proveníamos de una gran explosión, que llamamos “The Big Pfff”. Ese gran Pufff generó una inmensa cantidad de calor, en el que cálidamente vivíamos y febrilmente trabajábamos. Nuestra vida cuántica era la que era, ni más ni menos, pero se llegó a deducir que ese “Big Pfff” iría seguido de una pérdida constante de calor hasta llegar a la Entropía del “Slow Fppp”. Y estábamos entretenidos. No nos preocupaba, no llegaría nunca. Algunos no creían en el FinDelMundo, sin embargo, para nuestros investigadores estaba ahí, cerca.

Ahora yo, en este nuevo plano de la realidad tengo un cerebro, que actúa como un sofisticadísimo superordenador que, a través de un lento y progresivo proceso evolutivo, se ha ido perfeccionando en sus funciones hasta el punto de diferenciarnos cualitativamente del resto de los seres vivos. Mi masa de tejido gelatinoso de color gris -de unos 1.300 gramos de peso, más que menos,- contiene alrededor de 100.000 millones de células conocidas con el nombre de "neuronas" y que constituyen las unidades básicas del sistema nervioso. Con esta prodigiosa herramienta, aunque defectuosa, ya que estoy perdiendo la facultad de la comunicación global e instantánea, he podido acceder a los secretos, de mi otro y primigenio mundo, u plano de la realidad, secretos que no desvelaré ya que me avergüenzan un poco.

Ahora veo DOPDLR que hay otras cuestiones más enigmáticas que ni siquiera son planteadas unánimemente por la comunidad científica. Teorías vanguardistas como el "cerebro holográfico" y disciplinas como la Parapsicología, que estudia aquellas facultades más ignotas de nuestro psiquismo, aún se contemplan con gran recelo por los neurocientíficos, que prefieren centrar sus investigaciones en averiguar el funcionamiento de las diferentes zonas del cerebro, descubrir la naturaleza de los neurotransmisores y localizar las áreas que controlan funciones como la inteligencia, la memoria o las emociones.

Estoy convencido. Algo de esto hace posible que esté aquí, ahora, y más tarde en otro lugar. No sé cuál. Quizá tengan razón algunos científicos contemporáneos como el neurofisiólogo Karl Pribam o el bioquímico Rupert Sheldrake, que habían enunciado ciertos postulados revolucionarios sobre el cerebro y la psique humana en los que está muy presente la noción junguiana de la "mente grupal" (junguiana viene de Jung, no de la jungla). Pribam formuló, a principios de los setenta, una sugestiva teoría según la cual el cerebro opera como un holograma, teniendo acceso a un todo mayor. Su "modelo holográfico del cerebro" considera que la memoria y la inteligencia no se encuentran en un área determinado del cerebro sino que están esparcidas por todo él. Cada parte contiene al todo, como ocurre en una placa holográfica. Yo añadiría que el modelo lo podríamos trasladar a mi primer mundo, donde encajaba a la perfección, ahora DOPDLR, el encaje se me hace más difícil, pero es cuestión de aplicar al trabajo alguna de la neuronas desocupadas. Aunque no sé, las investigaciones dicen que no es cierto que empleemos sólo el diez por ciento, empleamos todas las neuronas en distintos momentos y para distintas funciones. El EGG no encuentra zonas sin actividad. Yo disiento, conozco gente con encefalograma plano, bueno, tal vez algo curvado, como mucho.

Decía que nuestros investigadores lanzaron la idea que nuestro mundo era finito, en el sentido de que tiene fin, no delgadito. Después, desde aquí, descubriría que era ligeramente aplanado pero, y lo sé por los viajes astrales. En etapas anteriores tenía más forma cónica para finalmente llegar al plano plano y pasar al estado de disolución total. No respondía esta información a las ondas zeta (de 4 a 7 c/sg.), que me producen estados emocionales y creativos. Quizá, más bien, a las ondas alfa (de 8 a 13 c/sg.), relacionadas con mis estados de relajación y meditación. En algún momento de esos.

El destacado psicólogo Charles T. Tart apunta al respecto que "no cabe la menor duda de que ciertos aspectos de la mente y de la consciencia dependen, parcial o totalmente, del funcionamiento del cerebro y del sistema nervioso. No obstante, existen ciertos fenómenos que parecen un tanto independientes de las limitaciones físicas impuestas por el cerebro y nos obligan a afrontar el problema desde otra perspectiva". O sea, que la visión remota, alguna proyección extracorpórea y las experiencias cercanas a la muerte (ECM) evidencian que la consciencia no se reduce a mi marco físico-tridimensional sino que puede trascender las fronteras del espacio y el tiempo e incluso expandirse a otros niveles de la realidad. De hecho, en mi ECM, tuve la ocasión de verificar conscientemente lo que digo. Otras cosas las sé, simplemente las sé. Pero algunas, las sé de forma consciente. Y es que me maravillo, mi kilo y pico trabajando prodigiosamente, quizá para nada. Por cierto, respecto a mi ECM, pese a la gravedad de la situación, no guardo mal recuerdo. No me preocupaba si regresaría o no. Allí estaba yo, mirando el circo de abajo y lo atareados que estaban todos, bueno, todos menos yo que estaba muy, pero que muy quieto. No obstante, eso podría ser asunto de otra historia.

Cuando nuestros osados investigadores (NOI) llegaron al borde, a los límites, al plus ultra, y se asomaron, no consiguieron ver nada. Efectivamente, nuestros sentidos no podían ver lo que no conocían. Sé que un personaje notable descubrió un Nuevo Mundo. Los descubiertos, no los descubridores, no podían ver las naos, eran tres, que estaban frente a ellos, a poca distancia de la playa, y no las veían. El cerebro no podía percibir o reconocer las naves, dado que carecía de imágenes previas. Con ejercicio, y por los efectos, las olas que producían, conocieron de la existencia de algo. Allí tenía que haber algo. Terminaron viendo. Pues a nuestros osados investigadores les pasó igual. Se quedaron cegados por la gran luz, porque nuestro mundo era marrón, muy oscuro. No sé cuánto tardaron en habituarse y por fin, crearon la luz. Lo demás fue un proceso de tiempo. Admitamos que el cerebro holográfico crea un mundo holográfico. Todas partes del mundo son el mismo mundo, a semejanza de una estructura fractal. Luego, en cualquier plano de la realidad ya somos iguales, tal vez fractales de nosotros mismos. Así que, las células del cerebro, conectadas entre sí a través de millones de ramificaciones (dendritas y axones), forman una vasta red que cumple una misión muy específica: procesar la información sensorial, tanto la que llega del mundo exterior como del propio cuerpo. En un solo segundo, estas células son capaces de procesar hasta 200.000 millones de bits de información. Para ello se valen de sus casi 100 trillones de interconexiones. Con tan simple mecanismo nuestros osados investigadores, aparte de la luz cegadora, comenzaron a descubrir el color, los colores. Rápidamente reconocieron que estaban en un mundo marrón, tirando a verdoso ya que esa luz cegadora provocaba reflejos e iridisaciones.

Fue grande la cosa, no tardaron muchos evos, y descubrieron que no estábamos solos. Había más mundos como nosotros. Muchos. Sobre un algo verde (pronto se empezaron a nombrar los colores) había muchos mundos más que confirmaban las teorías de nuestros más reputados científicos. Si, en distintas fases de evolución. Cónicos, troncocónicos, semiplanos, muy planos, lisos, en desintegración total. Nuestro nuevo vocabulario iba aumentando, la comunicación global e instantánea se iba perdiendo en la medida del auge de los nuevos conceptos. Nuestro cerebro trabajaba intensamente, no sólo había más mundos sino que estaban contenidos en algo. El hemisferio izquierdo trabajaba el pensamiento lógico, verbal y analítico; el hemisferio derecho, por el contrario, se ocupaba de la parte subjetiva, emocional y creativa. Esto provocaba un conflicto permanente. Por ejemplo, lo lógico decía, ¿y todo esto de donde ha salido? Mientras que el hemisferio derecho comenzaba a dar engorrosas explicaciones, cargadas de valor y energía. A su vez, los hemisferios cerebrales no estaban ociosos: el frontal, relacionado con el conocimiento y la inteligencia se comunicaba con el temporal que se encargaba del área auditiva. El parietal, responsable del área sensorial y el occipital del área visual, estaban a pleno rendimiento. Todos ellos trabajando al unísono. Yo, orgulloso, asistía al espectáculo DOPDLR, o quizá, dentro de la realidad.

Lo más doloroso fue la confirmación del “Big Fpp”. Estaba a la vista. Tendríamos que cambiar el paradigma. Nada volvería a ser igual.

Olor, color y calidez, comenzaban a perder sentido. Tendría que haber algo más. El dolor se hacía insoportable.

Inmediatamente, el cerebro encontró una solución momentánea. Comenzó a producir unas sustancias neurorreguladoras que fueron bautizadas con el nombre de endorfinas (opiáceas endógenas). Ya conocidas desde los sesenta, pero este calendario es de OPDLR y que cumplen un papel similar al de determinados alcaloides derivados del opio. Dicha droga bioquímica la liberada para aliviarnos un dolor o provocarnos una sensación placentera. Gracias a ellas íbamos tirando, aunque no todo el mundo sabía producirlas y necesitaba acudir a la búsqueda de productos naturales o artificiales que mitigaran el dolor y, de pasada, intentar llegar a OPDLR.

Pero éramos conscientes. Y esa consciencia nos llevaría más lejos, a descubrir más. "La expansión de la consciencia implica un desarrollo gradual, una evolución histórica que va de lo inconsciente a lo consciente, de lo inferior a lo superior, de lo individual a lo social, de lo personal a lo transpersonal y de lo transpersonal a lo universal", afirma Ana Mª González Garza, profesora de psicología en la Universidad Iberoamericana de México. Ya llegando al final, a lo universal, me encontraría cerca del punto Omega, teilhardiano, o quizá estaríamos siendo marionetas del punto Omega de Tipler. No sé, no sé nada. Mi proceso de evolución de la consciencia debe ser algo defectuoso, tal vez me haya saltado pasos. Pero estoy aquí intentando saber por que estoy aquí, si es que estoy, o tal vez a caballo de OPDLR, o peor, de varios planos simultáneos de la realidad.

Trás haber vislumbrado la existencia de mundos paralelos, lo demás llegó solo. Habría que buscar la forma de contactar con ellos. Mientras, las ondas delta (de 0,5 a 3 c/sg.), activas durante el sueño profundo, se iban encargando de almacenar sueños, procesarlos, y encubrir asombrosas realidades. Ante lo nuevo, por un sentido ético y racional, esos contenidos mentales inconscientes serían censurados y reprimidos, aunque luchasen por hacerse conscientes (de todos modos, a través de los sueños conseguirían una vía de escape expresándose mediante un lenguaje simbólico). Aunque esto será asunto del psicoanálisis, no obstante el Dr. Charles Brenner, nos dice que ”nadie ha demostrado todavía la analogía eléctrica o química de un pensamiento, y justamente es el pensamiento lo que ocupa totalmente al psicoanálisis". O sea, de lo que no hay duda es que nuestros deseos, complejos, miedos, sentimientos e instintos (pulsiones) descansan en el inconsciente, el cual condiciona, en buena medida, nuestra personalidad. Toma ya, yo iba accediendo DOPDLR a OPDLR, y creo que en sucesión continua a OPDLR.

Cuando nuestros osados investigadores dieron las nuevas, todavía mediante comunicación instantánea y global, se produjo una absoluta y generalizada incomprensión de la realidad. El debate decidieron centrarlo en el hecho creativo. Ya conocíamos “The Big Pfff” y el consiguiente “Slow Fppp”. Tendríamos un gran debate. El antes y el después. Inevitable. Quién pone en marcha el proceso creativo. Porqué se para el proceso. Quién o qué lo para.

Nos hacían falta herramientas nuevas. El LSD no parecía suficiente. Teníamos un inconsciente individual, o creíamos tener. El psicólogo suizo Carl Gustav Jung, discípulo de Freud, consideraba que también había un "inconsciente colectivo". Con dicha denominación, Jung se refería a una especie de sustrato o "archivo" psíquico universal que contendría imágenes simbólicas esenciales ("arquetipos"), común a todas las culturas. Esto se habría ido manifestando a lo largo de las épocas en las creencias religiosas, la mitología, el esoterismo, las leyendas, los sueños y también en el arte. O sea, que de alguna forma holográfica, accedíamos al conocimiento. Tal vez así tuviésemos las respuestas. Jung decía: "He elegido la expresión 'colectivo' porque este inconsciente no es de naturaleza individual, sino general, es decir, que en contraste con la psique individual tiene contenidos y modos de comportamiento que son los mismos en todas partes y en todos los individuos. En otras palabras, es idéntico a sí mismo en todos los hombres y constituye así un fundamento anímico de naturaleza suprapersonal existente en todo hombre...". Y eso ratificaba lo dicho. Pronto accederíamos al supremo conocimiento. Volveríamos a rozar el punto Omega, pero no sé cual de ellos.

Vino en nuestra ayuda Lobsang Rampa. Gracias al tercer ojo, y a los viajes astrales pudimos trascender nuestros organismos. Y lo hicimos. El descubrimiento fue horroroso. Asistimos a la creación directa de nuevos mundos, en tiempo real. Recordemos el axioma hermético "el universo es mental" que ahora es defendido por muchos físicos de vanguardia interesados por el fenómeno de la consciencia. Y es que los nuevos paradigmas científicos están planteando asombrosas teorías relacionadas con la mente humana que hacen tambalear el modelo materialista del cerebro. El físico David Bohm plantea asimismo la existencia de una memoria colectiva -a la que denomina "campos morfogenéticos"- que actúa más allá del espacio y del tiempo, determinando los hábitos, formas y conductas de los seres vivos, y transmitiendo además a cada organismo el conocimiento acumulado por su especie. "Según esta teoría, los recuerdos no deben estar necesariamente almacenados en el interior del cerebro puesto que los hábitos y los recuerdos de acontecimientos pasados concretos pueden ocurrir por resonancia mórfica con estados anteriores del mismo organismo", argumenta Sheldrake. Para mi que ya sabíamos lo que íbamos a descubrir, de hecho, si yo estaba en OPDLR lo sabía, otros podrían estar en el mismo plano, o en otros distintos desde dónde tuviesen acceso al conocimiento supremo, que más adelante descubriríamos que no era el supremo del todo.

El descubrimiento en cuestión resultó ser que nuestros mundos eran creados por una estructura muy grande, pero no tanto, nada de inmensa o algo así. Esa estructura, redondeada y roma era bastante móvil. El movimiento era sostenido por cuatro grandes pilares. Había un pilar más, pero no parecía influir en la movilidad. Esta primera estructura tenía un movimiento relativo sobre una superficie desigual y de tonalidad cambiante, desde el verde al ocre, con distintas gamas en cada color. En cualquier caso, la estructura creadora modificaba y alteraba el espaciotiempo entre dos medios distintos al que hasta ahora conocíamos. El nuestro era cálido y húmedo. La estructura alternaba medios secos con acuosos, palabras que no existían en nuestra comunicación global e instantánea.

Más adelante habríamos de sorprendernos de los muchos mundos cómo el nuestro creados por esa estructura.

No adelantemos acontecimientos. Poder estar cuánticamente situados en OPDLR, incluso en otros planos de la realidad instantánea y simultánea, aporta muchas ventajas al conocimiento. Pero cada conocimiento estaba circunscrito a cada una de las OPDLR individuales. El ejercicio que ahora hago es solamente un intento de dominio de conciliar, al menos, dos planos. Este ejercicio me está conduciendo, poco a poco, a un estado esquizoide. En cada momento no sé en que momento estoy, a veces, si estoy en algún momento. Es un problema de física quántica. Por ejemplo, cuanto de mi yo está ahora tratando de ordenar esos millones de neuronas, y disciplinarlas dentro del kilo y pico, para que piensen lo que quiero pensar y eleven mi inconsciente individual a los límites de lo permisible, y sujeten a las ondas delta (de 0,5 a 3 c/sg.) durante el sueño profundo, todo ello de modo que encaje en el inconsciente colectivo que diría Jung (a mi Alfred Adler me encantó, durante algún tiempo).

En resumen, empezamos a tener claro que esa estructura creadora debiera tener un nombre, ya que de momento fue, por evos, la SinNombre, La Innombrable. También fue cuestión de evos. Los tres grandes grupos, calidez, color y olor, comenzaron a migrar hacia lo Innombrable. Incluso, los disidentes tuvieron que admitir que se tenía algo concreto. Yo me mantuve firme, en mi MUIC (ver atrás).

Pero los evos no pasan en balde. Solucionado en mecanismo creador de mundos, se tuvo que admitir que ese ser supremo estaba inmerso en algo, seco o mojado, alternativamente, pero en algo. Nuestros osados investigadores (NOI), tuvieron un nuevo reto, mientras que los que ya estábamos en OPDLR, teníamos las soluciones, que no podíamos dar por vergüenza.

Evo tras evo se llegó al descubrimiento de muchas estructuras creadoras, muy iguales entre sí, color grisáceo, redondeadas, romas y soportadas por pilares móviles. La velocidad era relativa. Desde la estructura era diferente que desde fuera. Tuvimos que elaborar teorías respecto al espacio y la velocidad, relacionándolas con el tiempo. El problema a resolver era que esas velocidades no tenían nada que ver con las internas de nuestro mundo marrón iridisado por fuera, y marrón marrón por dentro.

NOI se desesperaban. Parecía que el esquema no tenía límites, Y todavía quedaba por resolver el enigma de los distintos estados del mundo. Que pasaba, se preguntaban, después del estado plano plano. Y si los mundos se desvanecían, se preguntaban a dónde iban. Algunos aventuraron que volvía a la estructura creadora.

La teoría de Karl Pribam, expresa que nuestro cerebro puede acceder a una "esfera de frecuencia holística", fuera de nuestros límites espacio-temporales, con lo que cobra sentido facultades como la telepatía, la "visión remota" o la psicokinesis, y experiencias trascendentes como los "estados místicos". Y ahí estábamos algunos, Lobsang Rampa y yo entre otros. Fuera de esos límites ya tenía muchas respuestas.

"Si tenemos ESP o fenómenos paranormales -asegura Pribam-, eso significa sencillamente que estamos leyendo en otra dimensión en ese momento. No podemos entenderlo a nuestra manera corriente". Pero nosotros ya habíamos accedido a ese conocimiento prohibido. Si, prohibido taxativamente. Pero ahora no recuerdo cuándo, dónde y quién lo prohibió. Tal vez antes o después del trío Olor, Color y Calidez.

Por su parte, Rupert Sheldrake afirma que
"la hipótesis de la causación formativa quizás pueda proporcionarnos un puente entre la ciencia y los fenómenos parapsicológicos".

Ciertamente, fenómenos como la clarividencia, la retrocognición o la sincronicidad pueden tener también una explicación natural bajo ese novedoso enfoque teórico. Todo el mundo científico del OPDLR ratificaba que estábamos en lo cierto. O que sabíamos, lo sabíamos, y no necesitábamos saber porque lo sabíamos. El hecho determinante era, lo sabíamos. Y tuvo consecuencias. No era yo solo, había mas como yo. Solo encontrábamos un impedimento. Estábamos obligados a un cierto hermetismo. De alguna manera se había instalado en nuestro subconsciente minoritariamente colectivo, un código infranqueable.

Traspasados los límites del espacio y el tiempo, escondidos en cada uno de los pliegues del mundo holográfico, accedimos al conocimiento absoluto, de momento. Había más estructuras productoras de mundos. Los mundos producidos eran directamente proporcionales a cada una de las estructuras. Todas las estructuras se situaban en un plano aparente, desigual, coloreado diversamente, zonas claras u oscuras, verdosas, azuladas o marrones.

Cuando NOI, y nosotros mismos, agudizamos nuestras percepciones sensoriales, pudimos comprobar que algunas estructuras eran móviles verticalmente y los mundos creados eran generalmente planos, totalmente planos, de otro colorido. Para esta alturas, desde OPDLR, los conceptos aplicables a nuestros mundos, (ya éramos más miembros, de procedencias diversas), carecían de importancia. Colores, Olores y Calidez eran diferentes. Tenían en común, las estructuras, que eran móviles, horizontalmente o verticalmente e, incluso, combinados aleatoriamente (no pudimos sacar conclusiones). NOI enseguida hicieron conjeturas acerca de la zona plana de color azulado. Se preguntaban si también habría allí estructuras generadoras de mundos. Y se preguntaban como serían esos mundos, y si se podría llegar a ellos. No hubo problema. En la medida que aumentaban sus preguntas, para las que nosotros, los de las MUIC, teníamos respuestas crípticas, aparecían las soluciones.

Nos preguntábamos si existen realmente evidencias de que nuestro cerebro posee facultades extrasensoriales. Y si existe una energía psíquica capaz de ejercer una acción sobre la materia. Pues bien, desde este plano de la realidad, en la que ahora mismo nos movemos, o creemos movernos, diría que recientemente se han cumplido 130 años desde que comenzara lo que por entonces se conoció como la investigación metapsíquica (precursora de la Parapsicología). Numerosos médiums de aquella época fueron sometidos a minuciosos exámenes por destacados científicos como William Crookes, premio Nobel de Física, o Charles Richet, premio Nobel de Medicina. Aquellos ilustres pioneros reconocieron la realidad de los fenómenos extraordinarios y determinaron que tenían un origen psíquico. Apoyado en la teoría del "inconsciente", el filósofo Frederic W. H. Myers elaboró en 1895 la hipótesis del "Yo-subliminal", un nivel psíquico en el que pueden conectarse diversas mentes, explicando así los fenómenos telepáticos. Y esto lo explicaba todo.

Ahora sabíamos que debíamos tener prisa. Nuestra comunicación global e instantánea se estaba perdiendo pero todavía quedaba energía hasta la Entropía. Aquí me permitiré una salida de tono, será una nota aclaratoria. Cuando se plantea la pregunta: ¿por qué ocurren los sucesos de la manera que ocurren, y no al revés? se busca una respuesta que indique cuál es el sentido de los sucesos en la naturaleza. Es decir, ¿por qué cuando se cae un vaso se rompe en miles de pedazos y nunca, se ha observado que los miles de pedazos de cristal saltan espontáneamente del suelo para formar un vaso? Se necesita de un criterio que indique el sentido en el que evolucionan los sucesos o las experiencias, y la entropía vino a resolver esta cuestión: los sucesos en la naturaleza siempre ocurren de manera que aumente el desorden del universo. O dicho de otro modo, la entropía del universo siempre aumenta. Miles de trozos de cristal, esparcidos en el suelo, forman un sistema mucho más desordenado que todos ellos colocados formando un vaso. Bien si con esto no está del todo claro, tendríamos que avivar un poco los trillones de conexiones. Yo ahora no puedo, estoy ocupado en esto.

Resumiré un poco, hemos llegado a la conclusión de que existen muchos mundos, con distintas formas y tamaños, en distintos medios, sí, confirmado, también se descubrieron en el medio azulado. Todos estos mundos tienen un origen común, un “Big Pfff”. Existen estructuras de producción de mundos, creadoras de mundos. Por cierto, no se ha observado ninguna relación posterior entre la estructura creadora y los mundos creados por la misma. Sin embargo, si parece que las estructuras creadoras tengan alguna conexión entre sí. Por otra parte, es común a todas las estructuras creadoras la falta de relación con el “Big Fppp”.

NOI trabajaron arduamente. Mirando hacia adentro, de sus cerebros, vieron claramente los trillones de dentritas y axones, incluso llegaron a ver los destellos físico químicos de las conexiones sinápticas, incluso llegaron a comprobar que muchas de las conexiones quedaban como automatizadas, con la inestimable ayuda de los neurotransmisores, lo que proporcionaba tremendas ventajas en cuanto a la economía energética del proceso. Nosotros, los ya organización MUIC, que cambió las siglas a NUIC (Nuestras Unipersonales Intransferibles Creencias), lo sabíamos ya, de hecho, casi todo. No me refiero a todo todo, más bien al conjunto de avances a los que podrían llegar NOI.

Se estableció, pero no se comprobó, que existía algún tipo de conexión entre el conjunto de mundos, incluidas las estructuras creadoras. No se podría crear el gran ente si previamente creábamos dos entes, el de las estructuras creadoras y el de los mundos creados. Además, habría que añadir al Gran Ente un nuevo grupo ya que, se había observado que las estructuras creadoras interactuaban con el medio que las sostenía. Concretamente, las primeras estructuras descubiertas, redondeadas, romas, sobre cuatro pilares, interactuaban con el medio de color verde, de forma brutal, desintegrando lo que podría ser otro gran mundo pero de distinta topología. También interactuaban con el medio azulado, provocando tremendas alteraciones en su forma y color, llegando a pasar de azuladas a marrones, las superficies visibles y los interiores. En conclusión, para no cansar, NOI afirmaron contundentemente que solamente habría un Gran Ente, Ente en el que se integrarían todas las estructuras creadoras de mundos, los mundos creados, y los distintos medios en los que se desenvolvían los anteriores.

NOI decidieron, unilateralmente, administrar las relaciones entre el Gran Ente y el resto de los mundos. Trataron de incluirnos a nosotros los de NUIC, que no nos dejamos. Así pasaron evos y evos. Estábamos proscritos. Pero se había creado un Gran Ente para un solo mundo. Se consiguió la fusión. Al nuevo mundo unos le llamaron Gaia. Gaia era la interactuación absoluta, pero el Gran Ente estaba aparte.

Nunca quedo claro del todo el interés de NOI, pero a los de NUIC nunca pudieron ni vencernos ni convencernos. Nosotros, DOPDLR, teníamos claro que Gaia era un mundo más dentro otros posibles mundos más. Aunque todavía no habíamos encontrado la estructura creadora de Gaia y otros mundos similares. Ya sabíamos a ciencia cierta quien había creado los primeros mundos, esas estructuras redondeadas, romas, sobre cuatro gruesos pilares. Incluso sabíamos ya que esas estructuras creadoras tenían dentro otras estructuras creadoras, que generaban nuevos mundos internos que seguramente incidirían en la creación de los mundos externos que fueron nuestro origen, lo dicho "The Big Pufff"


Estos procesos conscientes, eran ya comunes a todos los de NUIC, ¿serían tal vez Un subproducto del cerebro?
¿Cómo los procesos cerebrales pueden dar lugar a la experiencia consciente?... Complicado dilema se les planteó a los neurocientíficos que intentan abordar el problema de la consciencia, el más grande enigma de nuestra psique. El matemático y filósofo David J. Chalmers señala sobre ella que "nada hay que conozcamos de forma más directa, pero resulta dificilísimo conciliarla con el resto de nuestros conocimientos". Y es que a pesar de las elaboradas teorías reduccionistas planteadas por científicos de la talla de Christof Kock, Daniel Dennett o Roger Penrose -éste último incluso aplicando el modelo cuántico-, no es posible por ahora explicar la consciencia en sí. Y tal vez, como sostienen los más pesimistas, no sea posible nunca. Pero ya lo dice, se refiere a los pesimistas.

Los de NUIC somos pesimistas bien informados. Tenemos la información directa de nuestras primigenias habilidades y, sobre todo, de todas las percepciones sensoriales y extrasensoriales. Nunca podremos afirmar nada taxativamente, pero creemos que el conjunto Gaia, y la elaboración mental del Gran Ente, sean posiblemente el resultado de otra Gran Excreción. Nos da vergüenza reconocerlo. Aventuramos más. Dado nuestro conocimiento global y casi instantáneo, al que llegaremos como Punto Omega tal vez, afirmaríamos que tras cada proceso excretor/creador habrá que inventar un Gran Ente, que será seguramente el resultado de otro proceso excretor/creador. Estoy convencido de que, DOPDLR, llegaremos siempre a la misma conclusión, en dirección ascendente o descendente, hacia lo inconmensurablemente grande, o hacia lo inconmensurablemente pequeño. Solo me preocupa mantener MUIC, aunque sea dentro de NUIC. Aunque me preocupa también el transito de lo infinitamente pequeño hacia lo infinitamente grande. Ese tránsito me sitúa demasiado cerca del primer mundo creado por la primera estructura, redondeada y roma sobre cuatro pilares. Y la mayoría estaremos ahí si no nos aplicamos con la física cuántica y no conseguimos movernos DOPDLR.


***
Apostilla final I: He estado trabajando desde un plano de la realidad que me ha permitido escuchar, entre otros de la misma clase, y en la última hora, a Herbie Hancock en vivo con Jaco Pastorius. Una delicia.

Apostilla final II: Este plano de la realidad me obliga a marcharme a cenar. DOPDLR, probablemente sería hora de desayunar, o quizá, no estaría obligado a estas necesidades tan escatológicas.



***
No los conozco de nada, a los citados, pero suenan lindo (rellenan)

Viaje hacia el universo interior

Los relatos de aquellos que por diferentes vías -espontáneas o provocadas- han protagonizado una "experiencia transpersonal", que suele ser difícil de describir con palabras ya que trasciende el mundo de los sentidos, coinciden en muchos aspectos. El místico, el chamán, el médium, el que sufre una ECM, el que "canaliza" supuestas entidades astrales, el que medita, el que experimenta con sustancias alucinógenas, etc. suelen narrar prácticamente lo mismo. Cuando se encuentran bajo un "estado elevado de consciencia", las puertas de la percepción se les abren a un mismo escenario, a un "lugar" lleno de luz en el que se siente un estado de felicidad suprema.

Mark Probert: El espacio no es algo objetivo 'per se' que se difumina a lo lejos y puede ser cruzado en un viaje alucinatorio, sino un estado de conciencia, la extensión de la propia vida interior. El espacio es en sí mismo un estado de la energía universal, un campo de la conciencia del ser.

Sri Chinmoy: "Ningún pensamiento, ninguna forma: sólo existencia pura. La voluntad y el pensamiento se extinguen. El final definitivo de la danza de la naturaleza: yo soy Eso que he estado buscando".


texto: D.O.P.D.L.R. - 061221 WAST
fotografía:@444-071205-DOPDLR-4023
Música: Tangerine Dream - Rubycon - Part II

martes 1 de enero de 2008

2008




viernes 28 de diciembre de 2007

(6x3) - 6 + (4X2) + 8 = (8x8) - (8x7) +( 2'5x4) + (2x5)



Hola, ya has llegado. Bienvenido


dentro del campo o.v.n.m.
se estaban produciendo
graves perturbaciones
y se pudo notar como acga trataba de coordinar con Ñoco Le bolo
había algunas interferencias notables

... pie izquierdo a pie derecho: recibido, avanza un paso al frente.
corto y cambio
... pie derecho a pie izquierdo: recibido. hecho.
ahora avanza tú un paso también al frente
corto y cambio
... pie izquierdo a pie derecho: recibido. hecho. avanza un paso al frente.
corto y cambio
... pie derecho a pie izquierdo: recibido. hecho.
ahora avanza tú un paso también al frente
corto y cambio
... pie izquierdo a pie derecho: recibido. hecho avanza un paso al frente.
corto y cambio
... pie derecho a pie izquierdo: recibido. hecho.
ahora avanza tú un paso también al frente
corto y cambio
... pie izquierdo a pie derecho: recibido, avanza un paso al frente.
corto y cambio
... pie derecho a pie izquierdo: recibido. hecho.
ahora avanza tú un paso también al frente corto y cambio
...pie izquierdo a pie derecho: recibido. hecho. avanza un paso al frente.
corto y cambio. Ah! párate ahí
...pie derecho a pie izquierdo: recibido. hecho. estoy parado
ahora avanza tú un paso también al frente corto y cambio
... pie izquierdo a pie derecho: recibido. hecho. ya estamos juntos
...pie derecho a pie izquierdo: ¿que son esas gotas que vienen de arriba?
corto y cambio
pie izquierdo a pie derecho: ni idea, a mí también me están cayendo

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lunes 24 de diciembre de 2007

La manilla

*


Estaba en la sala de espera. Paseaba la mirada de aquí para allá, sin orden, izquierda, derecha, abajo, izquierda, arriba, abajo, derecha… Ni se me ocurrió pensar en que podría contar esos rápidos, o lentos según el caso, movimientos de los ojos. Probablemente habría pasado la mirada por aquel lugar varias veces, pero ahora fijé la atención en la puerta blanquecina con marco de madera clara con ribete azul europa. Hasta creí percibir en sus bordes un ocre alicatado en gresite.

La puerta estaba allí, desde siempre, ya que otras veces había estado en este lugar, pero algo me llamó poderosamente la atención. La manilla de la puerta, de último diseño más allá de ikea, en acero inoxidable matizado. La ventana situada tras mi nuca proyectaba una luz tamizada que producía extraños reflejos, o brillos, en la manecilla. Y de pronto, un sobresalto. Creí percibir, y lo percibí claramente aunque la razón me fallase, un cierto movimiento sobre la manilla.

No necesité levantarme, estaba solamente a tres metros y mi vista siguiendo las apresuradas órdenes de algunas neuronas que estaban de guardia, enfocó el lugar empleando todo su máximo potencial. Es extraño, nada me sorprendió. Parece como si siempre lo hubiera sabido.

Sobre la manilla había muchas personas, tal vez cientos, miles, ¿o más?, muy apretadas, de un tamaño tan diminuto que solo mi vista de un quinto de milímetro podría alcanzar a ver.

Se movían tan apresuradamente que resultaba imposible las direcciones.

No eran partículas, ¡eran personas!

Después de un largo rato, algo más relajado, empecé a notar, por los bordes, más definición en lo movimientos. Se producía una violenta aceleración, como un venturi inverso, cuanto más cerca de los límites. Pero no podía deducir nada, sólo movimiento.

Sin embargo, en la zona de contacto con la parte vertical de la manilla, esa plaqueta circular, la actividad era frenética. Intentaban subir por esa superficie tan brillante (pensé que tal vez fuera más fácil para ellos, con su tamaño podrían encontrar irregularidades en esa superficie a mi vista perfecta).

Me excitó profundamente el ver que otros intentaban descender, desafiando una fuerza de gravedad que tiraba de ellos hacia abajo, pero no conozco la relatividad de esa fuerza. Aunque si bien su tamaño era insignificante, a medida que podía singularizar elementos me parecían algo más grandes.

Me sentía cada vez más triste, sin poder precisar cuando me empezó a embargar la tristeza. A tres metros percibía claramente el futuro. No había futuro para ellos. No creo que supieran donde estaban. Tal vez supieran que hacían allí, aunque yo no tenía ni idea, pero ¿a dónde pensaban ir los osados que se lanzaban a la aventura?

Descorazonado, mi mirada se apartó, pero ya no desordenadamente. Ni arriba ni abajo. Primero a la derecha, luego a la izquierda. Puertas, veía más puertas, cada una con su manilla, manillas que tendrían su otra mitad al otro lado.
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texto: la manilla - WAST 061130 - OVNM 071224
fotografía: @444-061202-La manilla [m]
música: Pat Metheny - To The End Of The World


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viernes 7 de diciembre de 2007

Brindando por Chile...

Este texto fue publicado hace ahora un año, en WAST, mi primer blog. Hoy, en el aniversario de la muerte de ese sangriento dictador, viene a este nuevo alojamiento para recordar que sigue pendiente hacer justicia aquí, en la Tierra (al menos nos queda el consuelo de que la Historia ya la ha hecho ), la otra... no me importa.
*
Ya sabéis que siempre ilustro mis contenidos. En el momento de reeditar el texto he tenido la tentación de poner una fotografía de un excremento en la taza del inodoro. No lo he hecho, en el último momento, ya que he preferido darle un contenido más positivo (ha pasado un año y, por otra parte, el excremento sería poca metáfora del original).
*
Tuve también dudas con la música, que recomiendo escuchar desde el principio. Lo mismo. Opté por un contenido más optimista (tenía muchas otras, tristes o estrambóticas). Al final... hasta parece un canto a la esperanza.
*
Y... al asunto que nos corroe.
Ah!, Chile es Chile, Argentina... pero no las citaré a todas, ni a mi país siquiera.
*



Mi pequeño homenaje a Pinochet

Te has ido, pequeño bribonzuelo. Te has ido sin despedirte. Y me quedo desolado al enterarme por la prensa de tu viaje. No has tenido la delicadeza de llamarme, para contármelo. Bueno, los amigos sabemos entender las circunstancias.

No te preocupes por el recuerdo que nos dejas. Yo te comprendo. Yo, y otros grandes hombres como tú y yo, que también te comprenden y respetan.

Y es que, los que hemos tenido en las manos la posibilidad de tomar decisiones que cambian, para mejor, la historia del mundo, nos comprendemos y apoyamos entre nosotros. Es un principio de solidaridad que debiera ser común a todos los mortales, aunque personas como tú y yo estemos predestinados a la inmortalidad.

En el fondo, tú y yo somos iguales. Gente amoral, no inmoral, no vaya a ser que la humanidad se confunda. Tenemos nuestros criterios morales y somos extremadamente exigentes con nosotros mismos.

Nuestra amoralidad nos permite estar fuera de los parámetros normales. Solamente tendríamos que rendir cuentas ante Dios y la Historia. Dado que sabemos a ciencia cierta que Dios no existe, sólo nos queda la historia, ya con minúscula, y ésta, en cuanto se de cuenta, nos juzgará con indulgencia, ya que no hemos hecho más que trabajar para ella. En el fondo somos sus esclavos. No podríamos hacer otra cosa.

Aparte de comprenderte, te envidio, te envidio con todo mí ser, te envidio. Has tenido la suerte de los elegidos, suerte que yo no tuve. O tuve mala suerte.

Tú has podido matar, y matar bien. Has matado a diestro y a siniestro, bueno, más a siniestro y, si me apuras, nada a diestro. Yo no he podido. No he tenido la oportunidad. De niño tenía un cierto éxito con las moscas. Caían bien. Las hormigas también. Era gratificante, con un nada, un montón. Cuando lo intenté con los pajarillos fracasé estrepitosamente. Carecía de escopeta de perdigones (mis desgraciados padres nunca quisieron o pudieron decirle a los reyes que me trajeran una, y ellos, en su lugar, tampoco me la trajeron). Así, en inferioridad de condiciones, me enfrentaba a ellos con piedras. De modo que nunca pude asesinar a ninguno, ni siquiera uno para tatuarme una muesca en el brazo derecho, con el que les lanzaba las piedras. Nunca supe del todo cierto si ellos eran más rápidos que yo, o simplemente, yo no tenía buena puntería. De hecho, ahora recuerdo aquella época de fracasos y creo que ha marcado mi vida convirtiéndome en un frustrado, pero esto no he querido contárselo a mi psiquiatra. Tú, en cambio, que suerte. Has asesinado y bien.

Yo he devenido en ecologista, los tiempos cambian. Creo que si tú hubieses sido algo más joven, aparte de no morirte, hubieras evolucionado igual.

Tan ecologista me he hecho que, cuando tú acabas con Allende, sí, Salvador Allende, ese desgraciado iluso que pensaba que podía hacer por Chile algo que lo sacase de manos extrajeras etc, y perdona, no me quiero meter en política, eso que para la gente del pueblo, esos que vociferan el pueblo unido jamás será vencido, yo estaba a otras labores. Bueno, que me metí a ecologista y en aquellos años salvaba la vida de sapos. Ya, me dirás, que era por interés. Sí, es cierto, tener una veintena de sapos en el jardín de mi casa me libraba de insectos molestos y además, me ofrecían un esplendoroso concierto nocturno con su canto, cada uno afinado en una nota diferente.

Mientras yo con mis sapos, tú disfrutabas con los viajes organizados. La verdad es que nunca comprendí que interés les movía a saltar de los aviones en marcha, mejor, y para precisar, en vuelo. Gente de pocas miras, unos mil doscientos dicen, lo hacían a lo bravo. Si se hubiesen organizado mejor, lo hubieran hecho de docena en docena, permitiendo así una bella exhibición acrobática, haciendo figuras geométricas e, incluso, intentando dibujar el signo de la paz en el cielo, o la hoz y el martillo. Podrían haber salido en las noticias de las tres, antes de darse el galletazo y tener sus quince segundos de fama.

Ay, Augusto, mi pequeño bribonzuelo. Que suerte has tenido. Y no digamos tus herederos, todos tan formales y guapos, bien colocados y con el futuro resuelto. Veo que has sido previsor. Yo también, tengo mi plan de pensiones, no te creas. Ya te dije, somos iguales. Bueno, yo he evolucionado un poco más. Ahora me dedico a salvar gusanas. Cuando salen del jardín, o del huerto, para encontrar una muerte segura en la sequedad circundante, yo, amorosamente, las recojo, una a una, y las vuelvo a enterrar en la húmeda tierra. Ya sé, me dirás otra vez que es por interés, que lo hago para que me aireen la tierra. Bien, será cierto, pero el hecho, inamovible, es que les salvo la vida. Y dada mi tendencia natural podría asesinarlas, como tú. Al fin y al cabo, que diferencia hay entre una gusana, un sapo, o un hombre. Los tres carecen de la conciencia histórica que nos inunda. Que podemos hacer nosotros. Además, son los muertos de nadie. Seguro que nadie los echará en falta. La humanidad tiene una capacidad de reproducción inaudita. De un polvo al polvo. Nosotros solo hacemos de intermediarios.

Bribonzuelo, que sorpresa se daría Dios si hubiese existido. Tú, gente como tú que ya ha ido antes, yo, y gente como yo que iremos algo más tarde, cercanos al FindelMundo, todos juntos, en ComunióndelosSantos. Que espectáculo para la humanidad si tuviese suficiente capacidad de admiración.

Respecto a mi ecologismo, te lo prometo, solamente que se trata de una locura pasajera, locura de la que te prometo fielmente habré de enmendarme. Tú, desde el privilegiado lugar que ahora ocupas, el GranSillónDeLosElegidos que te reserva la Historia, se mi guía. Inspira mi conducta. Oriéntame. Marca mi norte y, sobre todo, envíame una chuleta, bien resumida, con los mejores sistemas para matar con eficiencia e impunidad. Y tranquilo, no te preocupes (que no estás para eso) por que te llamen dictador. Yo quedo aquí para limpiar tu imagen.

Tuyo devotísimo

PD I - Hablaré con Escrivá a ver si gestionamos algo respecto a una futura declaración de santidad.

PD II – De los tres mil muertos, tampoco te preocupes, si no te dio tiempo de más, pues que se le va a hacer. Quedamos tus seguidores.

*****

Texto: mi pequeño homenaje a pinochet 071210 - publicado en WAST 061210

Fotografía:@400-071101-Furia y Paz encontradas-3355[m]

Música: Meredith Monk - Travellers - Churchyard Entertainment

jueves 6 de diciembre de 2007

Soy culpable

*


Sí. Debo empezar este breve relato reconociendo mi culpabilidad. Soy un delincuente. Al parecer, de poca monta, pero delincuente y encubridor.

La cosa comenzó hace solamente dos o tres días. Estaba en la fila de una caja de una de esas grandes tiendas de material deportivo. No hace al caso lo que llevaba en las manos, pero como sé el natural curioso de la gente, aclararé que eran unos pantalones de montaña. No muy caros, lo que tendría su importancia más adelante.

Distraídamente miraba para allá y para acá. Había que hacer tiempo. Las dos cajeras no conseguían adelantar el trabajo. Sí, dos cajeras. ¿Por qué no encontraremos también cajeros? Tal vez esta palabra esté exclusivamente reservada para esos artilugios de pared, de esos en los que tienes que poner la mano sobre el teclado donde escribir los cuatro números encargados de proteger tu fortuna. Quién sabe, todavía no sé quién me protege a mí de todos los números que forman mi vida.

La chica realizaba todas las operaciones maquinalmente. Recogía las prendas, miraba la etiqueta, sacudía la prenda en el aire y la doblaba de forma precisa para, finalmente, introducirla delicadamente en una bolsa y dejarla sobre el mostrador. Recogía tu tarjeta y carné, que cuidadosamente comprobaba, y tecleaba el importe, después de entreabrir la bolsa, seguramente para confirmar su buena memoria, y etcétera (para que contarlo si todo el mundo sabe como funciona esto).

El caso es que todo sucedía de una forma normal, natural, pero...

En una de las dos cajeras percibí algo especial. Lo descubrí y supe que me tendría que tocar con ella. Crucé los dedos.

¿Qué descubrí? No todo era tan normal, tan natural. No perdía la sonrisa, ni la amabilidad pero, en una décima de segundo, un brillo extraordinario inundaba sus verdeazulados ojos, que se volvía radiantes y llenos de felicidad.

También ella descubrió que la había descubierto. Pero se quedó tranquila. Al instante supo que podía confiar en mí, que yo jamás contaría su secreto. Es más, que me haría su cómplice. Y fue en ese momento en el que me arrepentí de haber comprado solo unos pantalones. Tendría que haber comprado algo caro. Ya, puestos a delinquir, debiera haberlo hecho por una cuantiosa suma.

Sin mirarme apenas, ni cruzar palabra, y mientras atendía a los clientes de la fila, me contó con sus grandes ojos que ella y su novio estaban planeando el gran viaje de su vida. Después, de casados, con lo del piso y los niños nunca podrían hacerlo. Era ahora la gran oportunidad de su vida. Ahora o nunca.

Me contó que su novio trabajaba en la hostelería, explotado a tope. Ella le había sugerido que la ayudara en el plan trazado. Allí tendría muchas pequeñas oportunidades y, ya se sabe, muchos pocos hacen un mucho.

Él se había negado. Tenía miedo a que le pillaran. La historia de siempre, las mujeres son más decididas y ella se había tirado al río sin saber nadar.

Siquiera se habían puesto de acuerdo en el gran viaje. Compaginar gustos e intereses en algo que solo podrían hacer una vez en la vida... muy duro decía ella. Pero bueno, se animaba a si misma, todo se irá solucionando, se decía, a medida que vayamos teniendo más medios.

Y ahí está la clave. Los medios a los que se refería son el dinero, para que engañarnos. Un gran viaje, el viaje de tu vida cuesta mucho, pero mucho, que no es lo mismo que un fin de semana en una casa rural o una semana en Canarias.

En fin. El brillo en sus ojos, que la delató ante los míos, provenía de que en cada operación de caja ella se quedaba mentalmente con un cinco por ciento. Si la compra era grande, se quedaba con el diez. Si la compra era grandísima, cosa que casi nunca sucedía, se quedaba mentalmente con una gran cantidad aleatoria, que normalmente dependía de su humor en ese día.

Me confesó que ya tenía acumulada una gran suma mental procedente de esos pequeños hurtos. Yo, en vista de la confianza que había depositado en mí. La invité a quedarse mentalmente con todo el importe de mi compra, y me disculpé por su escasa cuantía. Eso sí, le prometí que, si volvía, siempre iría a su caja, para poder colaborar con su gran viaje, pero con una condición, tendría que quedarse con el importe completo.

Se mostró muy agradecida. Me prometió traerme un recuerdo mental. Incluso me preguntó por mis preferencias a lo que le respondí que, primero, ni siquiera sabía a donde iban a ir y, en segundo lugar, debían ahorrar para el futuro, que a mí no me hacía falta nada, que con su sonrisa ya me sentía más que satisfecho.

No sé el final de la historia. El novio parece, por lo que me ha contado, un chico normal y formal y a buen seguro llegarán a un acuerdo acerca del destino del gran viaje.

La historia termina en un final feliz. Hubiese sido un bonito titular de prensa: Una gran delincuente mental roba diariamente en una gran tienda de deportes sin ser descubierta. El único testigo, cómplice y encubridor no suelta prenda. Solo unas personas conocen la noticia a través de un blog pero, nadie sabe cual es el importe de lo robado, el nombre de la tienda y de la cajera, ni al dueño del blog.

Oye!, y que me quedo feliz. Bueno, no del todo. Me falta conocer los detalles de ese gran viaje mental que van a hacer esos dos.



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texto: soy culpable WAST 070722 - OVNM 071206
fotografía: @444-FB-000000 - unas tintas de "casj" 071101
música: Lalo Schifrin - Cantata for Combo (Bullitt)

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viernes 23 de noviembre de 2007

El grumo


Bien. N.S.N.C. había encontrado muchas cosas curiosas en el suelo. La mayoría, prosaicas. Generalmente, cosas que pierden las personas, unas monedas, una navaja, unas llaves…
*
También encontraba en el suelo cosas que estaban ahí, no por ser perdidas sino por ser tiradas o abandonadas.
*
Y más todavía, hay cosas que están en el suelo ya que pertenencen al mismo suelo, como nosotros ocasionalmente.
*
Esta vez le llamó la atención un extraño grumo. Se agachó a recogerlo. No supo identificarlo pero su aspecto era agradable.*

Tan pequeño como un grano de arroz. Blanquecino, de aspecto suave, tacto sedoso y tierno. No muy denso, elástico, algo dúctil.*

Lo envolvió en un ticket de supermercado, el único papel que tenía a mano (recordó que había comprado un poco de fruta por la mañana, cuando el sol ya templaba el aire)*

Ya en casa, lo depositó en una cucharita de plata, de esas pequeñitas que se tienen y no sirven para nada. Bueno, esta vez sí.*

Puso la cucharita, con el grumo, dentro de una vitrina, junto con otras cosas curiosas encontradas, regaladas o heredadas.

Cada día le dedicaba un cierto tiempo. Lo miraba y se sentía bien. Cada día se sentía mejor. Notaba como el grumo aumentaba de tamaño, no exteriormente, pero aumentaba.*

N.S.N.C. lo percibía. Allí, en la cucharita de plata, en la vitrina de cristal, el grumo se había hecho inmenso, no exactamente en tamaño. Eso era lo que N.S.N.C. notaba. En poco tiempo, ya había ocupado todo el salón, la cucharita dentro de la vitrina estaba en el salón.*

Sin embargo, aunque el grumo seguía allí, en su cucharita, ahora empezaba a extenderse por toda a casa.*

N.S.N.C. se sentía muy feliz y se preparaba para el gran evento que intuía.*

Llegó el día esperado. El grumo estaba, desde la cucharita, invadiéndolo. N.S.N.C. notó que le invadía. Comenzó a dejar de sentir esa sensación placentera. Ahora, él mismo era la sensación.*

Era la felicidad absoluta. Y moría ahogado en su propia felicidad.*

Mientras, en otro lugar, se estaba investigando acerca de la posibilidad de extraer la felicidad de aquellos que abandonaban este mundo en ese estado de gracia. Los investigadores creían qué, cuando culminaran sus investigaciones con éxito, concentrados de felicidad podrían ser incluidos en la lista de órganos susceptibles de ser donados. Ya suponían la alta demanda que habría de producirse.*

Sin embargo, y muy a su pesar, de momento no habían logrado avanzar nada en ese campo de investigaciones.
********
071123 el grumo
foto 071019 brócoli

domingo 18 de noviembre de 2007

Chateando


Manolo: Hola
Power Translator 5.1: Hello
Manolo: ¿Cómo estás?
Power Translator 5.1: How are you?
Manolo: ¿Cómo te llamas?
Power Translator 5.1: What’s your name?
Manolo: ¿Cuántos años tienes?
Power Translator 5.1: How old are you?
Manolo: ¿Eres una chica...?
Power Translator 5.1: Are you a girl?
Manolo: ¿De dónde eres?
Power Translator 5.1: Where are you from?
Manolo: Yo soy español
Power Translator 5.1: I am Spanish
Manolo: ¿Que haces?
Power Translator 5.1: What do you do?
Manolo: ¿Eres inglés?
Power Translator 5.1: Are you English?
Manolo: Oye, no entiendo lo que dices
Power Translator 5.1: Listen, I don’t understand what you say

Juanita: ¡Manolo!, ¿Que estás haciendo?
Manolo: Estoy chateando
Manolo: Espera un momento, por favor
Power Translator 5.1: Wait a moment, please
Juanita: ¿Con quién?
Manolo: No lo sé, todavía no me ha dicho su nombre
Juanita: ¿Es una mujer?
Manolo: No me lo ha dicho
Juanita: ¡Anda!, ven ya, que la cena está puesta
Manolo: Un segundo, que me despido

Manolo: Lo siento, me tengo que ir
Power Translator 5.1: I am sorry, I have to go
Manolo: Si tengo tiempo, luego regreso
Power Translator 5.1: If I have time then I come back

Juanita: ¿Qué estás haciendo? ¡Ven ya!
Manolo: Ahora mismo.... ¡un segundo!

Manolo: Que pases un buen día
Power Translator 5.1: Have a good time
Manolo: Bueno, entonces adiós
Power Translator 5.1: Well, then good bye
Manolo: Adiós
Power Translator 5.1: Good bye
Manolo: Hasta pronto
Power Translator 5.1: See you soon
****
Dos horas más tarde

Juanita: ¡Manolo! ¿Qué es esto?
Manolo: ¿Cuál?
Juanita: Lo del ordenador, lo de la pantalla.
Manolo: ¿No lo apagué?
Juanita: Manolo, por Dios, cada día eres más idiota
Juanita:.......
Juanita:.......
Juanita:.......
***
acga 071117 Chateando
foto acga: 071117 Pantalla

lunes 12 de noviembre de 2007

Concho!



¡Concho! Lo escribí en Febrero y lo había olvidado ¡Concho!
*
Había ido a comprar el banco, como otras tantas veces. Me habían llamado ellos, estaban interesados en una OPA amigable. Había acudido a la cita con un cierto desdén, sabía de antemano que no llegaríamos a un acuerdo. Ellos no pondrían un buen precio y yo no tenía liquidez suficiente como para comprar el banco entero. En serio, comprar solo una parte no me apetecía, sería tanto como comprar solo unos tornillos, a lo sumo, solo una pata. Ya sabía de antemano que la conversación la remataría diciéndoles que en tanto no les comprase el banco entero me limitaría a prestarles algo de mi dinero, lo suficiente para que mi economía no se resintiese y lo necesario para crear riqueza en el país y permitir que ellos siguieran forrándose a costa de pretendientes como yo, pretendientes a comprar el banco entero. ¡Así podían ellos tener esos sillones! ¡y millones!
******
Mientras esperaba, en un confortable sillón azul con vistas a la única bahía del norte que mira al sur, rodeado de periódicos de color naranja, de esos que las vísceras solo le interesan en tanto coticen en bolsa, y absorto en John Surman y Jack DeJohnette, llegó una pareja de uno, de uno por que en principio solo me fijé en ella (debe ser una deformación, o defecto de nacimiento). Se sentó a mi lado, separada por una mesita repleta de periódicos de color naranja. Mediana edad, quizá 50, vaqueros, jersey a rayas horizontales, de variados colores, diría de fabricación artesanal. Una chaqueta de cuero en los brazos. Picaba sur (foehn le llaman en centroeuropa y yo he decidido llamarle comenieves) y el día era cálido. No era como para tenerla puesta, la chaqueta. Cogió uno de los periódicos naranja y lo hojeó desdeñosamente, como buscando sin buscar en mí, diría Santa Teresa. No me miró.
************
Se le acercó su otra mitad, deduzco, y la incordió quitándole el periódico naranja. ¡Concho! dijo ella, con ligero acento gallego suavizado por los muchos años que llevaba viviendo en esta ciudad del norte que mira al sur, no exento –el acento- de una cierta acritud. (Bueno, esto es una elucubración mental, pero podría ser así, me refiero a lo de la residencia en la única ciudad del norte que mira al sur)
**************
¡Concho!, Esta palabra mágica, como ¡Abracadabra! desató todas mis neuronas. John Surman y Jack DeJohnette pasaron a un segundo término y llegó en pleno mi niñez, la de aquellos tiempos en los que a golpe de escoba encerraba a mi tía Chita en el baño. Chita era la más joven y guapa de mis tías, y nos sacaba a paseo al parque, acompañada por el que más tarde sería su marido. Nosotros, mis hermanas y yo debíamos ser las carabinas ¿se usará esta palabra ahora?.
****
¡Concho!. Se había roto la cerradura del baúl de los recuerdos. Todo junto, a la vez. Mis incursiones a robar uvas, manzanas y peras, en los huertos de las afueras. Mi robo de bicicletas mientras mis amigos jugaban a ese noble deporte llamado balompié, al que -como un valiente- me he resistido hasta estos días. Mis helados de La Ibense, mis churros y patatas fritas, saladitas eso si, de Galiano, mi vinito dulce de Cariñena, de ese que salía de un baturro con un gigantesco odre (era niño pero no era tonto y, además los padres no se andaban tan preocupados por los niños como ahora), los coches de choques, el Teatro Principal y las entradas de gallinero (primera tentativa de alejamiento de La Tierra). Todo por un ¡Concho!.
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Después lo he pensado. Concho, ¿no será el masculino de concha? (Le preguntaré a un argentino). Yo era niño, no sabía de lengua, podía decir impunemente me cáchis en la mar sin saber que realmente decía me cago en la madre de dios, o decir me cago en diez sin atender a esas transformaciones del lenguaje para evitar decir sin problemas me cago en dios.
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Ah, ya recuerdo, en los bares ponía prohibido jurar y blasfemar, ahora entiendo. Yo solo entraba a recoger una chapas de martini o cinzano para aplastar un poco y rellenar con una elaborada mezcla de arena (ahora sé que era silícea) y piche (alquitrán). Con esas chapas barría, ganaba todo, se pegaban al suelo y vamos, nada que ver con las normales, rellenas de una cáscara de naranja o papeles de periódico húmedo. Era el rey. El rey del fórmula 1 de los recorridos de chapas. Podría crear recorridos inverosímiles sabiendo que mis chapas responderían siempre.
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¡Concho!, no lo he dicho, era la palabra que usaba Chita, y de ahí mis evocaciones. Yo no juraba, no sabía. Sabía algunas palabrotas pero no sabía decirlas en el momento adecuado. Los niños de antes éramos más inocentes. Nuestros padres no sabían como convertirnos en unos pequeños josputas, no tenían tiempo ni experiencia. Ahora es más fácil, aunque ellos se esfuercen poco, la vida ayuda mucho.
*****
Pero de niño tuve una mala experiencia (seguro que más) ¡Concho! Debió decir aquel padre que me obligó a devolverle a su hijo todas las bolas (
otros les llamaban canicas) que jugando limpio le había ganado. Podía ganar doscientas al día, si quisiera. Y no me importaba cambiar cien canicas de barro por tres de piedra o una de cristal. Podía ser generoso, sabía que todas volverían a mí. No soy modesto, para qué, soy realista. Donde ponía el ojo, iba la bola. Ni más ni menos, sin exagerar. Así que ¡Concho! debió decir mucha gente. Coño de crío dirían ahora o, joder con el enano este. (hay muchas combinaciones posibles)
****
Joder, dirían los del circo. Me colaba en todos, era mi pasión. Nunca conseguí cazar un gato, noble forma de entrar en el circo gratis. Decían que si les llevabas un gato, para darle de comer a los leones, te dejaban entrar gratis. Ahora, que sigo siendo un niño, creo que era mentira. Bueno, yo no cacé, pero mi venganza era segura, nunca les compré una entrada. También pedían papel para limpiarle el culo a los elefantes. Ahí es donde caí yo en cuenta que todo debía ser mentira. Tan mentira como los personajes del circo. Al acabar la función, los veía y comprobaba que eran normales, como mis padres. ¡Gente normal! ¡Concho!
***
Total, la señora del concho había conseguido sentar a su marido, un suponer, en otro sillón, y le había pasado la revista, no sin antes recriminarle la forma brusca de asalto sufrido. El sur seguía iluminando la bahía al sur de la ciudad que mira no al norte. Esos claros días gozan de una visión larga. La humedad atmosférica baja a medidas cercanas al 50% contra las superiores al 70% habitual. La visión alcanza más y más lejos. Los picos del sur estaban más limpios y definidos. No lo puedo evitar. Hablo conmigo y me digo con asombro, ¡oye!, ¡y que los has subido todos! ¡concho!. Y al oeste, los Picos, los únicos que se escriben con mayúscula, mucho más cercanos, pidiéndome un ¡concho! a gritos, creo que ya me echan en falta.
******
Volví con John y Jack, a los que ahora, mientras escribo, escucho de nuevo para ponerme en situación. Y agradecí profundamente todos los recuerdos desatados.
***
Cuando se marchó la mujer del ¡concho!, me sentí desazonado. Tenía que haberle dicho algo, algo acerca de mi cascada de recuerdos, o interesarme acerca de su acento. O preguntarle acerca de su vida en cualquier otro plano de la realidad. Quizá hubiéramos compartido ciudad, colegio, autobús, algo. Ahora, un mes más tarde (más o menos) y por tanto más próximos al FinDelMundo, se me remueve alguna fibra sensible, que debería tener en algún lugar. No sé, cuando estudié estas cosas, las fibras solo eran eso, fibras. Carne roja.
****
Nunca me hablaron de la fibra sensible, además, ¡la fibra sensible, concho!. ¿Significará que sólo hay una?. Y si solo hay una, cuando dicen que hay que comer fibra para ir bien al water, ¿se refieren a esa fibra?. Entonces, ¿se alojará en el estómago e irá a parar, vía intestino delgado y después grueso, al ano?
***
¿Que pasa? Tal vez, antes de salir, deje la sensibilidad en las vellosidades intestinales. Sería la solución de algunos problemas. Supongamos que dentro del torrente sanguíneo llegara al cerebro y se alojara en un clúster específico. Si, tal vez sea así. Ya entiendo. Esta claro, esas personas que carecen de sensibilidad debe ser por que no se queda nada en las vellosidades intestinales, todo sigue hasta su destino final. Tal vez de ahí venga la expresión tiene la sensibilidad en el culo.
***
Seguro que la fibra sensible, una vez alcanzado el cerebro, se ubica en un clúster. Sucede, y eso lo he comprobado, que cuando dos clúster homogéneos se juntan, se transfiere información. Eso me debe estar pasando. Tenía en un cluster el ¡Concho! y en otro, mi niñez. Ya está. Se han juntado y por ósmosis se ha transferido información dispersa. No dejaré sueltos los demás clusters. Acuden en masa, para aflorar, multitud de recuerdos.
***
De momento, me quedo con Chita encerrada en el baño, hasta que decrecía mi furor infantil o mi madre me quitaba la escoba.
¡Concho! No compré el banco. Lo sabía.

*********
De John Surman, con o sin Jack DeJohnette, recomendaría:
* Upon Reflection
* Private City
* Withholding Pattern
* Invisible Nature
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Cualquiera de estos álbumes es bueno para empezar
y lo siento, no he encontrado nada de él para este texto.
***
También recomendaría mirar un cuadro, por ejemplo, de Modigliani: Desnudo rojo
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*

texto: Concho - 071112 ovnm - 070308 WAST
fotografía: Mil canicas huyendo apresuradamente
música: Yann Tiersen - Soir de fete

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*
*
Post scriptum
Coco Becerra ha dejado un comentario en este post. Decía yo, cinco líneas más arriba, que sentía no haber encontrado nada de John Surman. Él lo ha hecho.
Lo que ha encontrado es exactamente lo que yo quería, enriquecido con unas excitantes imágenes.
Pongo aquí el enlace, y agradezco a Coco Becerra su diligencia. Se ve que sabe.
*

domingo 4 de noviembre de 2007

Perdido el norte



Yo sé donde está el norte

Querido amigo: Me escribes acongojado diciéndome que has perdido el
norte.
Bien, ya era hora. Esa es una experiencia por la que todo ser humano bien realizado habrá de pasar algunas veces en su vida. Felicidades.

No te acongojes amigo mío. Desde la experiencia que tengo, soy algo mayor que tú, podré decirte algo al respecto. Nunca aconsejarte ya que deberás ser tú el que libremente opte por la solución que creas correcta, y eso significa, que puede ser cualquier otra que las que yo pueda proponer.

Verás, yo he perdido (y hallado) el norte muchas veces, muchas más de las que le he contado a mi siquiatra de cabecera (al de los pies casi nunca le cuento nada dado que es poco resolutivo, aunque sea un poco más barato). No te adelantaré lo que me dice. De momento, cualquiera te diría que andas desorientado.

Nada más falso. Veamos, todavía te queda el sur, el este y el oeste, sin contar con sus intermedios sureste y suroeste, por no decir el sur-suroeste y el sur-sureste. Ya ves. No estás del todo perdido.

Yo, normalmente, he encontrado, cuando me hallaba en tan penosa situación, dos grandes soluciones. La primera consistía en la aceptación de mi lastimosa realidad. No hay norte. Entonces me apañaba para conducir mi vida de acuerdo con los restantes puntos cardinales antes enunciados.

Pero… Pero cuando mi situación era desesperada, y antes de acudir a cualquiera de mis dos siquiatras (recuerda, de cabecera y de pies), que me iban a cobrar un pastón por decirme que comprara una brújula, me iba directamente a una tienda de deportes y me la compraba yo solito, por mis propios medios y sin mediar receta alguna.

No…, no era la solución, me decía tarde o temprano (siempre más temprano que tarde). Tengo que encontrar una fórmula que no me haga sentir como un inválido –una brújula siempre es una prótesis, no viene de nacimiento- y tampoco podía andar preguntándole a la gente donde estaba el norte.

Y encontré una solución sencilla pero práctica. Veamos, solo has perdido el norte. La conclusión es que si sabes donde están los restantes puntos ¿no?. Bien, pues te sitúas de forma que el brazo derecho apunte a donde sale el sol y tendrás enfrente… ¡el norte! ¡has encontrado el norte! Creo que tus horas de aflicción se habrán acabado.

¿Que no es por la mañana? Pues esperas a la tarde y te sitúas de forma que el brazo izquierdo apunte a donde se pone el sol y tendrás enfrente… ¡el norte! ¡has encontrado el norte! Creo que se habrán acabado tus horas de aflicción.

¿Que sabes dónde está el sur? Míralo fijamente, que es un buen sustituto del norte, al que tendrás... ¡en tu culo!, que bien se lo merece por haberse perdido, ¿o lo has perdido tú?

Querido amigo, somos muchos los que hemos perdido el norte pero, no por ello, andamos desorientados. Reflexionando, he llegado a la conclusión de que muchas veces es conveniente perderlo (ahora que sabemos encontrarlo cuando queramos). Con el norte perdido podremos cometer locuras inimaginables, para las que tendremos una coartada perfecta –pobrecito… ha perdido el norte, dirán-

¡Piérdelo! Te animo desde la constancia de que con el norte perdido podrás redactar hermosas poesías, componer fantásticas canciones, pintar envidiables cuadros, montar a caballo y jugar al golf o, incluso, escribir chorradas como yo.

Cuando recuperas el norte eres otro, más acomodaticio, más clásico, más convencional (incluso puedes llegar a usar traje). Vamos. Eres otro. Eso dicen.

Te lo confieso, yo no me entero de cuando soy otro… siquiera de cuando soy uno. De hecho, ahora mismo voy a ponerme a buscar el norte.

Tuyo afectísimo, este amigo que lo es desde siempre y para siempre nunca jamás etc.



071103 en O.V.N.M. - Outra Vaca No Milho
070826 en WAST - WhatASoreThroat
foto acga: la brújula de mi abuelo
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y estás oyendo a Faithless - Evergreen

lunes 29 de octubre de 2007

En barco velero

. .

***************************************

*****************************Dedicatoria


*****************************A ti, joven de 16 años, mujer, ecuatoriana, emigrante…
*****************************brutalmente maltratada
*****************************A ti, joven maltratador…
*****************************tenga contigo el destino la piedad de hacerte ver lo que eres.
*****************************A mí, estupefacto, asistiendo un día más…
*****************************avergonzándome una vez más.
*****
*******************
Como un barco velero empujado por un viento firme y constante, pero suave.
Como en un barco velero.
La brisa constante en la cara. Brisa húmeda.

Las miradas perdidas en un horizonte lejano. Mirando hacia adentro, buscando lo que había sido. Mirando hacia delante, buscando lo que habría de ser. No más detalles. No alcanzaban, sus miradas, más detalles. Dos miradas introspectivas, sin nada que ver.

La manta, la pequeña manta escocesa, de cuadros verdes y amarillos jaspeados con grises de la edad, le protegía de las inclemencias de cualquier tiempo. Esa manta no estaba allí para esa ocasión, formaba parte del atrezzo. Tras ella, asomaba un traje de buen corte. Los años habían pasado por él, pero conservaba toda la elegancia de lo que había sido.
La bufanda, a juego, en verde musgo. Bien colocada, cuidadosamente colocada, primorosamente colocada.

Su mano derecha empuñaba un paraguas, a cuadros verde amarillentos. Con finas líneas rojas. Alguien cuidaba los detalles. ¿Quién? Haría falta saberlo, aunque sea para darle un beso.

El paraguas que empuñaba su mano derecha, era el timón, el dueño del destino. El paraguas verde amarillento parecía tener vida. A la derecha, más despacio, más deprisa, párate, a la izquierda. No, no es verdad, esto son imaginaciones mías. Pero sí, el paraguas existía.

Avanzaban. El porte era impresionante. Avanzaban los dos formando una unidad. No importaba la lluvia fina. No era lluvia. No llegaba a calabobos. Más bien podría ser una nube baja y espesa, de esas que te humedecen hasta el punto de mojarte. Mojarte por fuera, por dentro y el alma. Me parecía que ambos llevaban el corazón encogido.

Avanzaban, los dos. Y dos miradas nuevas. Sí otras dos miradas.
Él podría ser... Bueno, por encima del paraguas sobresalía la figura de un sudamericano. Él podría ser peruano, ecuatoriano o colombiano. No importaba. Se delataba por sus facciones. Pero no importaba.
Importaban sus ojos. Dos miradas. Tal vez todos tengamos dos miradas, que no practicamos.

Miraba hacia adentro, es decir, hacia atrás. Veía a su mujer, Yma Sumac, y a su hija, Antawara. La veía a ella, joven, llena de vida, allá, en su pequeño pueblo de Perú, o Colombia, o Ecuador, que más da. Ella, esperando una llamada. Rápidamente recogería a Antawara (la abuela Nina quería llamarla Tintaya) y saldrían para la tierra de promisión. Volverían a su pequeño pueblo, al cabo de unos años, y.....

Él miraba hacia atrás, añorando los paisajes, la tierra, las gentes, los amigos, la familia...

Avanzaban como un barco empujado por un viento suave, con la brisa en la cara. Y él miraba hacia fuera, hacia delante. Miraba el país de las promesas. El país que esperaba lleno de frutos jugosos, apetitosos, fáciles. Y comprobaba... comprobaba la dureza de ser un emigrante en tierra de emigrantes.

Poca memoria, se decía. Estas gentes tienen poca memoria. Pero era feliz en el modo que se puede ser. En poco tiempo se traería a su joven esposa, a su niña de sus ojos y... volvería a ser una familia. Ya nada habría de faltarles. Nunca más. Y era feliz. Tenía la certeza de que su hija conocería un mundo nuevo en este nuevo mundo. Un mundo nuevo en el que la gente no se fijaría en el color de su tez.

Por encima del paraguas veía todo eso. Veía más que todo eso.

Se veía ahora sentado bajo un paraguas, navegando, pilotando su silla de ruedas, empujado por otro ciudadano del mundo que estaba soñando lo mismo que él, de profesión, capitán de silla de ruedas.

Y sabía, al contrario que Yma Sumac, que Antawara no regresaría a la tierra que le vio nacer. Se quedaría aquí, en la tierra de promisión para cuidar que su manta, su bufanda y su paraguas, estuviesen primorosamente, amorosamente colocados, aún cuando él ya no se enterase de esos pequeños detalles.


Post scriptum

* Y mientras escribía, con la tristeza escapándose entre los dedos, escuchaba la obra de Michael Nyman - A Zed and Two Noughts

* Me hubiese encantado poner la fotografía real de esta historia. Por respeto, al capitán y al piloto de la silla de ruedas, de papeles intercambiables, no hice la foto. Podría haber disparado pero...
Tampoco me hubiese gustado ser el protagonista, ninguno de los dos, de esta historia. De ser así, no hubiese querido salir en la foto.

* Mi amigo Rammses me regaló estos preciosos nombres, nombres en Quechua.

Nina. Significa fuego, candela, calor. Un estupendo nombre para el alma de la casa, la abuela, que resguarda el pasado de una familia que se va a enfrentar al futuro. La que queda como depositaria de la tradición y la historia. Gracias Nina.

Antawara. Lucero cobrizo o Estrella cobriza. Que mejor nombre para ese futuro prometedor. Será la nueva generación que aporte vitalidad a una civilización gastada por los años.

Tintaya. Deseosa. Nina quería ese nombre. Hubiese sido un precioso nombre. Tal vez, pronto será la hermana de Antawara, la nueva vida nacida en un viejo país que se rejuvenece por el flujo migratorio.

Y por último… la princesa.

Yma Sumac. Éste es un nombre que sólo se les daba a las princesas incas y significa bella, hermosa. Y es lo menos que se merecía nuestro capitán y piloto. El hombre arriesgado que cambia un presente cierto por un futuro, más allá de los mares, mares poblados por enormes monstruos marinos, en pos del Otro Nuevo Mundo.

No hay un nombre para nuestros dos protagonistas, ese equipo indisoluble que conforma el barco velero, tres, si contamos al paraguas, que tiene vida propia.
*
El hombre de la manta podría ser… no se me ocurre
.
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///OVNM 024/071029 - En barco velero
///foto: Barcos veleros en Santander - Cutty Sark 2002
///música: Michael Nyman - Here to there

domingo 28 de octubre de 2007

Cambio de hora



Me he despertado hoy con la hora cambiada. Me lo vienen haciendo año tras año. Nunca me he quejado, al menos, más de lo normal.

Hoy ha pasado algo nuevo. Me he dado cuenta de que la hora que me han regalado no me será devuelta.

Ya había notado algo en años anteriores. Me devolvían una hora, allá por primavera, pero no era la mía. Algo así como con los bancos, euro que meto allí, cuando lo saco, ya no es el mismo. Algunas veces le he puesto una marca, una simple rayadura, o un micro taladro en una de las diminutas estrellas, y cuando voy a buscar mi euro, me dan otro que no era el mío.

Con las horas me está pasando lo mismo. No me devuelven la mía. Es más, estoy casi seguro de que cada una de mis horas es disminuida en algo, tal vez una milésima de segundo. El caso, es que los años me duran menos.

He marcado el reloj, para intentar hacer la comprobación, y me he llevado la sorpresa de que le habían robado los números. Tendré que aprender a contar el tiempo en letras. Tal vez formando palabras los años me duren más.

Veremos. Tengo que encontrar la clave de las palabras a formar. Seguro que no vale cualquier cosa que se me ocurra.
acga 071028
foto: acga

martes 23 de octubre de 2007

Rojo vs. Azul














la necesidad de viajar es consustancial al ser humano
construimos la vida haciendo un viaje
no sabemos de dónde procedemos
no sabemos a dónde nos encaminamos
pero
pero pero
de los múltiples viajes que podemos planificar
nosotros solos
sin vuestra ayuda
¿por qué os empeñáis?
sí os empeñáis en que solo existen dos mares
cuando nosotros sabemos
a ciencia cierta
que aparte de nuestros mares interiores
existen
sí, ignorantes, sí
existen infinitos océanos múlticolores
múl-ti-co-lo-res
************
acga 071023
foto acga: bahía de santander

lunes 22 de octubre de 2007

Nada


En principio, me costó mucho trabajo crear la Nada. Era imprescindible tener una Nada para poder construir algo sobre ella.

Después, todo fue más sencillo. De la Nada hice todo un Universo. Sobre él, creé al hombre.

Que estúpida creación la mía. El hombre pretende conocer un universo que ni yo mismo conozco. Lo hice de tal modo, que estuviese en un continuo proceso de expansión. Me salió tan bien, que ahora siempre va por delante de mis ansias de conocimiento.

Debió de ser un proceso defectuoso ya que su velocidad de expansión no tiene límites. Y Yo sí. Siempre pensé, por un principio ético elemental, que no debiera rebasar las leyes de mi propia creación. De hecho, no intervengo para nada en los desórdenes de mi obra preferida, La Tierra. Y sé que me reprochan que haya dejado el planeta a medio terminar, sin dejarlo enfriar, por ejemplo.

El hombre. Vaya por Mí!. Estoy asustado con este producto. Empiezo a sospechar que también me salió defectuoso. Es más, contemplo aterrado la posibilidad de que sea Él quién me ha creado a Mí.
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acga 071022
foto acga - abstracción

viernes 19 de octubre de 2007

La visita

.




Solo el paso del tiempo les había cargado de años. Los años, por un raro mecanismo, empujan más deprisa a medida que avanza el tiempo.

Ahora, ya casi ancianos, solo se tenían el uno al otro... y parecían no necesitar más.

Habían tenido tres hijos, que les habían llenado de felicidad, al menos durante mucho tiempo, creían recordar.

Ahora tenían una visita.

Eduardo parecía el más normal. Se había ido pronto de casa. Se había casado con una azafata. Viajaban mucho. No sabían dónde vivía. Recibían, de vez en cuando una tarjeta postal con una extraña dirección que no entendían. Creían recordar que su hijo había estudiado algo de muy alto nivel. No vivían en España. Estuvieron hace poco ¿no?, Se decían. Claro. Y era un claro muy poco claro.

La visita era puntual. Había aparecido, sin previo aviso, una mañana de la primavera. Tal vez fuera aquel jueves en él que los de la asistencia social nos trajeron el aparatito ese que tiene un botón que hay que apretar si nos pasa algo, dijeron. Pero lo importante es que era puntual.

Magdalena, su hija, la mediana entre los tres, también estudió. Hizo algo relacionado con las artes. Eso lo recordaban bien por que siempre tenían la casa llena de extravagantes visitas y, y eso si que importaba mucho, toda la casa siempre desordenada llena de botes de pinturas y extraños cuadros.
Magdalena no daba señales de vida. Se decía que estaba en el extranjero. Gente mal pensada decía que trabajaba en un cabaret. Y los había que pensaban lo peor.
Magdalena, de cuando en cuando, enviaba un cheque al banco. Pero ellos no se enteraban.

Hacía tiempo que no les interesaba la televisión. Decían que ese aparato lo carga el demonio. Curiosa expresión, cualquiera diría el diablo. Pero ellos eran de la opinión de que el demonio anda suelto.
Si tenían encendida la radio era, más que nada, por que el ruido de fondo les acompañaba. Tampoco les interesaban las noticias. Algún anuncio les llamaba la atención... si tenía musiquilla pegadiza.

Pero se habían acostumbrado a la visita matutina. Habían hecho buenas migas. Tanto que un poco antes de llegar ya apagaban la radio. No deseaban interferencias.

Anselmo era el hijo pequeño. Ellos se habían llevado un enorme disgusto cuando les dijo que era homosexual. El paso de los años había mitigado el dolor. La pérdida de la memoria les había ayudado mucho. Cuando llegaba a casa con su nuevo compañero, ellos le recibían amablemente y le felicitaban por tener tantos amigos.
Anselmo los veía más a menudo. Trataba de cuidarlos. No lo hacía bien, no tenía tiempo. El Salón de esculpido de uñas que regentaba le ocupaba mucho tiempo.

Pero la visita era puntual. Constante. Y era la alegría de aquel par de viejecillos. No estaba mucho tiempo, pero el tiempo en que estaba... Era el aire fresco de la mañana.
Compartían la comida. Y jugaban a quitárselas los unos a los otros. Era un perfecto triángulo amoroso.

Terminando el otoño, los días se hacían más desapacibles. Y el invierno estaba cerca.

La visita se llamaba Ramón. No lo había contado antes. ¿No?

Ahora, los viejecillos, en sus periodos más lucidos, empezaban a temer por Ramón. Que podía pasar si Ramón ya no volvía.

Temían que Ramón, el gorrión, el pequeño gorrión, no pudiese sobrevivir al crudo invierno que se suponía que iba a venir.

Y si hubieran tenido el televisor enchufado, las noticias les habrían confirmado que se aproximaba el más crudo invierno de los últimos 12 años.
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///OVNM 020/071019 - La visita
///foto: 070609/C1810 - Granada - Ramón el gorrión
///música: Josephine Foster - Good news
///enlace: English version - OVNM International: The visit
(translated by AiYiYi)

jueves 18 de octubre de 2007

Ilusión satisfecha

Me hacía mucha ilusión publicar algo
**********para mis amigos de otras lenguas.
********************Perdonad vosotros, los del habla hispana.
******************************Otro día pongo algo más claro.
*
*
Bbirtziyle taniorisirsin, konusursuvion, arkaiodas olursunt... bazirltariyla iste bitr yakarollarsin muhahiobbeti, satnki saatlerrhce konuissant sikilmioazmissin gibil gelirlir...
*
Ayrildigoiin zatman aklintie da kalir, bir tsonrta ne zamanine gorusehyceginizi kurarsint kafandarl...tanglo'nun buyuleyicireo yaniin, butunso bu soyleiodiklerimi tek ketlime konusmanfdan hissedeiobiliyor olmansi... ann artbor'dalki klubetio ilk kattil’digimdal da olmrustu bu..
*
Dun dersitete de olddu yineia... Hos olran kismine, bu serfer betni etkileyein sadence "iyti dains" deilidi, icoten gelmnesi, kartsilikli pay’lasimdi... Iki dains araiosindaki o anlambli bosxluk ile bututun dans’in ozeti-nin gecmtesiydi... Yaeda bekilenemendik figurlerele eslikiolerdeki karsilik’li gulumioselerdi... Hotsumani gittoi... Aklimrdai kaldie, bir daefhaki haftaka da danse’der milyiz diye dus’undurdu...
*
bui kadari mi guseli olureio vie bu katdar mie coik duylguyiu aytni andaya hissettirier...
bui kadari mi muteiolu ede’r voe aytni zramandia itcimit pa’ralar..
bui kadari mi girs odahisi, bu katdar mui shinie'in ortalisinda kolonkalari olant tsalonu tolur..
bui kadari mi petrsember aksaloimlarinin’ yalniztean mimariani kortidorkhlaridiar..
bui kadari mi uptown'daasi icilein birch biral vewion heyeitcanla gildilen deroinslerdir...
*
buo kadaro mo duyiogo, buheno kaltdaro mio sevgiltdirea'no...
buo kadaru mu duyiogu, buhenu kaltdaru miu sevgiltdirea'nu...

acga 071018
No pongo, de momento, la música ya que no la entenderíais. Sería un desperdicio
Tampoco pongo la imagen, por lo mismo
Y no se me os ofendáis, por favor

lunes 15 de octubre de 2007

Llueve, luego moja

Vaya!, llueve por fin.
Lluvia fina de esa que, dándote cuenta, cala pero vas por la vida como si fueras un PiumaDoro, a algo así.

Pienso en los zapatos. Irán salpicando poco a poco, la puntera se llenará de pequeñas gotitas, que en el futuro llegarán a ser manchitas de barro. (por no hablar del fondillo de los pantalones)

Que tontería, el futuro no será hasta el 2025, año del FindelMundo. Será después, dentro de un rato. Pero un rato más largo, ya que todavía no me he mojado.

Claro, si no salgo a la calle, no me mojo, luego no se formarán esas gotitas, luego no se secarán, luego, no llegará el Fin del Mundo.

Pero, claro, tengo que salir. ¿Seré responsable del FindelMundo?
¿Podré vivir con esa carga hasta el momento en que llegue?

Encima, ahora pita la panificadora para que le agregue los cereales, las nueces y las uvas pasas. Me temo que el pan saldrá normal y otro día haré el chachi.

Volviendo al FindelMundo. Espero que tarde algo, todavía tengo que escuchar a la Penguin Café Orchestra, en este momento, y después tengo una lista inmensa.
Tal vez así lo pare, no el reproductor, el FindelMundo.

Tengo los pies fríos, tendré que ponerme unos calcetines, no sin antes cortarme las uñas.
¿Crecerán lo suficiente para que el FindelMundo me pille con ellas bien, es decir, con un tamaño aceptable que me permita tocar la guitarra, pero suficientemente largas por si hay que rascar algo?
La vida ocasiona múltiples ocasiones para rascar algo. A veces las etiquetas de los botes de cristal, para aprovecharlos y meter en ellos pequeñas porciones de vida para llegar vivos al FindelMundo.

Creo que el cristal nos sobrevirá. Entonces, ¿por qué la investigación no se desarrolla en esa dirección, convertir nuestro organismo en cristal?.
Por supuesto, los investigadores debieran desarrollar también algo para que no fueramos tan frágiles, para frágil tenemos la vida actual, pero no resistirá el FindelMundo.

Una vez, hablando con una cucaracha, me contó que ya estaba aquí (ella se refería a antes que yo, y también los millones de chinos y no chinos) y que seguirá aquí después del FindelMundo.

Tal vez dejemos lo del cristal. ¿Y si fuéramos cucarachas?
Bueno, una buena parte de la humanidad ya vive arrastrada, y la otra parte no es humanidad.

Sorry, creo que la diarrea me está saliendo por los pelos de las orejas. Lo dejaré, no vaya a ser que alguien me pida responsabilidades. Además, tengo los pies frios, pero eso ya lo dije.
Ya continuaré, que para ser la primera vez, ha sido suficiente.

acga 061128 - rescatado de WAST

jueves 11 de octubre de 2007

The abyss

Thanks SZO, it is a very nice quote.

"Ten, który walczy z potworami powinien zadbać, by sam nie stał się potworem.
Gdy długo spoglądamy w otchłań, otchłań spogląda również w nas"

"He who fights with monsters should look to it that he himself does not become a monster.
When you gaze long into the abyss, the abyss also gazes into you"

Bueno, creo que dice:

"El que lucha con monstruos debiera mirar que él mismo no se convierta en un monstruo.
Cuando miras fijamente en el abismo, el abismo también lo hace en tí"
*
Fryderyk Nietzche

miércoles 10 de octubre de 2007

Advertencia / Confidentiality Notice

HOLA, GENTE - HELLO, PEOPLE
ADIOS, GENTE - BYE, PEOPLE

>Advertencia / Confidentiality Notice>

>Este envío es confidencial y está destinado únicamente a la persona a la
>que ha sido enviado. Puede contener información privada y confidencial. Si
>usted no es el destinatario al que ha sido remitida, no puede copiarla,
>distribuirla ni emprender con ella ningún tipo de acción. Si cree que lo ha
>recibido por error, por favor, notifíquelo al remitente.

>This transmission is confidential and intended solely for the person to
>whom it is addressed. It may contain privileged and confidential
>information. If you are not the intended recipient, you should not copy,
>distribute or take any action in reliance on it. If you believe that you
>have received this transmission in error, please notify the sender.


acga 071010
copiado de cualquier lugar
sin ilustraciones ni músicas que te distraigan de lo importante

lunes 8 de octubre de 2007

El pacto

*

Lo hemos pactado. Ella no se preocupará nunca más de mí.

Yo, por mi parte, haré todo lo posible por acudir a su cita. Le he prometido no faltar.

También le he prometido no intentar hacer algo por mi cuenta, sin contar con ella. Esta promesa me resulta más fácil cumplir cada día que pasa. A los veinte años no podría hacerla, la promesa.

Ahora, dentro del pacto, los dos, ella y yo nos llevamos mejor. Ella, implacable, continúa con su trabajo. Siega que siega. No perdona a nadie. Yo, por mi parte, vivo más relajado. Sé que puedo contar con ella cuando la llame. Sé que no faltará a mi cita.

Tiene truco la cosa. Ella tiene una paciencia eterna, lo sé. Sabe esperar. Además, tiene mucho trabajo y me ha prometido no preocuparse nunca más de mí.

No sé que podría pasar si no la llamo nunca. Tal vez me aburriese de ver pasar distintas generaciones. En cualquier caso, siempre tengo la llave, puedo llamarla cuando quiera.

¡Que cabrona que es! Intuye que tarde o temprano habré de aburrirme.

¡Venga! ¡Vete a la mierda! ¡Joder!

*

texto: El pacto - OVNM - 071008
fotografía: de una cerámica de acga
música: Requiem For A Dream - Summer Overture

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*
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miércoles 3 de octubre de 2007

Dos bancos un tamarindo dos bancos

*

Dos bancos, un tamarindo, dos bancos un tamarindo, dos bancos un tamarindo... Mañana fresca del, recién caído del calendario, otoño.
*
Suelo mojado. Dos bancos, un tamarindo. En el paso de peatones espera una mujer, joven, en una postura comprometida deseando ver al mismo tiempo el permisivo verde semáforo y el azul acerado de la mañana en la bahía a sus espaldas. Sin charcos. Dos bancos un tamarindo dos bancos, interrumpidos ocasionalmente por una papelera parisina.


Un señor maduro, arrastra su cuerpo en un penoso esfuerzo por aparentar que corre. El mp3, o mp4 posible, le proporciona un aire distraído. Me gustaría, dos bancos un tamarindo dos bancos un tamarindo, saber que es lo que está escuchando. Yo, algo de Steve Reich, minimalismo repetitivo, dos bancos un tamarindo, minimalismo repetitivo. Sí, siempre parece lo mismo, pero no. Me gusta Steve dos bancos un tamarindo Reich.

La bahía plácida deja ver al sur una locomotora Stevenson de 1868 (por ejemplo), huyendo sobre el verde intenso urgentemente hacia el oeste, personificada en la figura de una industria que emite grandes nubes de algodón azucarado, con vaya a saber qué cosas, empujadas por el viento de la lluvia hacia donde tendría que salir el sol cada día. Gruesas y negras nubes lo tapan ahora. Dos bancos, un tamarindo, alineados al tresbolillo forman un bosque de árboles que son y árboles que han sido.

Uno de los raqueros mira pensativo.
*
El bus 10, ¿o era el 14?, pasa con sus cristales empañados por los pensamientos de gentes que todavía no se han enterado de la razón de estar allí... tan apretados. Dos bancos un tamarindo... aparca un coche, sale una persona, ¿qué más da el asl? hablando por su móvil, dos bancos un tamarindo, de penúltima generación, diciendo algo inintiligible, no por el volumen, sino por la estulticia fuera de toda sospecha.
*
Miro al suelo. Sé que pronto habrá de secarse. Va apareciendo más gente. Ya recuerdo, asl, sí, age, sex, locate. Dos bancos un tamarindo dos bancos un tamarindo.
*
Una joven ucraniana, ¿es importante?, no se lo pregunté, arrastra una pesada maleta color fucsia con incrustaciones plateadas. Deduzco que viene andando desde la cercana, ¿cercana con esa maleta? estación. Dos árboles un tamarindo. Se están acabando los tamarindos ¿a dónde irá?. Chaqueta corta de piel, minifalda blanca, medias negras, zapatos de medio tacón, ¿qué llevaba debajo de la chaqueta?
*
Se acabaron los tamarindos. Se acabaron los bancos. En el Palacete hay una exposición titulada Vísteme. No es la hora todavía. Me quedo con el deseo de vestir a alguien.
*
Estúpidamente, el riego automático está funcionando, el riego automático está funcionando, mientras pasa un hombre de mediana edad, katiuscas, impermeable, gorro, cesto de mimbre, caña de pescar... ya supongo lo que va hacer, tiene el muelle a cuatro metros, el riego automático está funcionando.
*
¿Sé lo que voy a hacer yo? Tres coches hacia el este, cinco hacia el oeste, cuatro hacia el este, uno hacia el oeste, siete hacia el este, doce hacia el oeste ¿doce u once?. Sospecho que estoy que estoy perdiendo la concentración.
*
Creo que debo desandar el camino.

Tal vez empecé mal. Creo que era un tamarindo dos bancos un tamarindo dos bancos un tamarindo...

Enfrente, y lo dejo para otro día, por la acera, debe ser algo como quince plátanos un banco, doce plátanos un banco y etc. Bueno, más plátanos que bancos, se nota a simple vista. Estoy cansado. Los plátanos comienzan a amarillear. Los plátanos comienzan.
*
La próxima vez llevaré un papel y algo para marcar y algo para marcar.

**********

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texto: Dos bancos y un tamarindo - OVNM - 071003
fotografía: Dos bancos y un tamarindo
fotografía: Bahía de Santander
música: Wim Mertens - Often a bird

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*
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lunes 1 de octubre de 2007

Estaba allí

Estaba allí, mirando al frente. Me refiero a mí. A mí mismo. La verdad es que siempre miro al frente, aunque tenga el cuello retorcido mirando aparentemente hacia atrás. Y la ví. A mi derecha. Moviéndose pausadamente.

Al norte tenía tres uniformadas muchachas, de blanco impoluto pese a sus menesteres, Las dos laterales con una sonrisa de oreja a oreja mientras que la del centro estaba absorta en su trabajo con el ceño fruncido, sin que translucieran, para nada, sus pensamientos.

Lo primero que me llamó la atención fue su indumentaria.

Al sur tenía unos cuantos varones de mediana edad, haciendo guardia distraída sobre su cesta roja (dos de ellos) y el resto, sobre sus carritos de la compra.

¿Había dicho que estaba en un gran centro comercial? De hecho, viéndolos me veía reflejado en el espejo de otras ocasiones, cuando adoptaba esa misma actitud.

Un montón de pares de ojos de distintos peces, que en esos momentos ya eran pescados, me observaban con atención. Diría que algunos trataban de incitarme a que entablara conversación con ellos pero no podía, ahora el objeto de atención era ella, alta para su edad, vamos, le calculaba unos 68 o más. Alta para mí serían los 1,68. Desde luego, más baja que yo, que es uno de los indicadores que empleo para averiguar alturas (de personas).

Los varones de guardia, sus respectivas estaban a lo que yo, a intentar entablar alguna relación con los pares de ojos que nos miraban, seguían ahí, de pie, oteando, y esperando el relevo, que paulatinamente les iba llegando, cuando su compañera, esposa, amante o lo que fuese tomaba las riendas y ordenaba la puesta en marcha del carrito. Todo era cuestión de una delicada mirada, o áspera según casos, que significaba el momento concreto y la dirección adecuada.

Desapareció ella en un momento para aparecer algo mas tarde a mi izquierda. No sé el tiempo que transcurrió. Estaba abstraído mirando al sur, donde un cartel me informaba que las naranjas estaban a 2 euros la bolsa de tres kilos y de que el kilo me saldría (se supone que en el caso de que me decidiera a llevarme una bolsa), a la cantidad de no me acuerdo, y podría hacer una regla de tres pero ya no vale la pena.

Vestía con una camiseta de manga larga, algo deslavada, que dejaba transparentar un sujetador de color negro. Los senos, los dos, algo caídos, por otra parte algo natural y consecuente con la edad que le calculaba.

Las tres muchachas del mostrador del pescado, se supone que a estas alturas todo el mundo ya se habrá percatado de mi exacta ubicación, estaban muy atareadas. Todo era eficacia. Una cuarta muchacha me indicó que si prefería el pescado ya preparado me atendería en el acto, sin esperar a mi turno (el del número verde, azul o rosa según el momento del día). Por no desairarla, uno es débil, le pedí amablemente que me pusiera dos rodajas gruesas de salmón, pero no me moví, continué en mi puesto, duramente conseguido a base de pasar números en un ordinario indicador led de puntos rojos.

Mientras; la miraba. Acompañaba su camiseta con un pantalón de tela ligera, de color blanco y negro con dibujos geométricos algo atigrados.

Lo hizo, la muchacha del salmón. Me las sirvió perfectamente envasadas y selladas para que no fueran dejando un rastro del mar noruego por mi futuro trayecto. Le di muy amablemente las gracias. Me gusta dar las gracias, quizá porque a mí me las vienen robando desde hace unos años, vamos, casi todos, en cosas menos, más o igual de importantes que el asunto del salmón.

Al lado del letrero de las naranjas había otros, pero no recuerdo, a mi sur, como he dicho antes. Había también algunos expositores de productos varios, pero tampoco me acuerdo, estaba atareado mirando al este. Ella continuaba allí. Destacaba entre el gentío. Una gorra negra, un poco al estilo del Che, cubría un fino cabello rubio rubio, de color claro, rubio claro. El marco que suponía esa gorra, o gorro, realzaba más ese rubio.

Cantaron el número 58. Pronto me tocaría. Las tres muchachas seguían en sus papeles. Dos resplandecientes de felicidad y la otra taciturna. Por un momento caí en la tentación de intentar introducirme en sus pensamientos. Lo dejé. Las combinaciones posibles eran infinitas. Miento, lo hice, pero las revelaciones carecen de interés ahora.

A mi espalda, el sur, se renovaban las cestas rojas o los carritos llenos hasta arriba de mercancías, como si esperasen el FindelMundo. Cestas y carritos, carritos y cestas, con sus respectivos y solitarios guardianes masculinos. En realidad, uno de ellos no era guardia solitario. Tenía niño dentro del carrito. Era consciente de que yo era uno de ellos, pero hoy debía desarrollar un rol diferente.

Su tez era clara clara, a juego con el rubio rubio claro. Se le descolgaba la historia de su vida en su faz. Debió ser muy guapa, y todavía lo era. Y muy feliz, pues así me lo parecía ahora. Sus arrugas no escondían amargura alguna. Estaban ahí y eran la historia de su vida, que parecía mostrar orgullosa.

El 60. Y cuando una de las tres muchachas (no quiero llamarles pescaderas o pescateras, es un horror de palabra) inició la atención a la afortunada propietaria del número, ella dio unos saltitos disculpándose. Ay!, estaba distraída mirando la lista.

Y estaba distraída mirando la lista de la compra. Lo certifico, no mentía. En la mano izquierda tenía un par de gafas degradadas, del gris oscuro a un gris blanquecino. Gafas con vida propia, que subían y bajaban en rápidos movimientos. O que ordenaban a la mano un rápido movimiento para colocarse en una delgada y bien formada nariz. Esa mano tenía bastante trabajo ya que también sostenía un bolígrafo normal y corriente, nada de lo que podríamos esperar de esta señora tan especial a mi vista.

La chica de las rodajas de salmón se movía apresuradamente haciendo nada. Tenía poco éxito y por tanto poco que hacer. Todo el mundo, incluido yo, preferíamos que nos preparasen el pescado. Sin ir más lejos, yo le diría a la muchacha que me atendiese: A mí, esa lubina, por favor. No, esa no, la más grande, y por favor, preparada para ponerla a la espalda, ¿puede ser no?. Gracias.

En la otra mano tenía un papel muy arrugado, escrito a lápiz con letra muy pequeña. Está muy claro que ya lo traía preparado desde casa.

La sincronización era perfecta en una dama de esa categoría (cada vez crecía más mi admiración por ella). La mano del bolígrafo retiraba de sus ojos (después hablaré de ellos), las gafas de sol degradadas del gris al blanco. La mano del papel arrugado subía, con el papel arrugado bien asido, a colocar las gafas de cerca que le colgaban de un cordón negro que destacaba sobre sus flácidos senos, revelados por un negro sujetador bajo una blanca camiseta de manga larga.

Mientras estaba siendo atendida, otra muchacha llamó al 60, esta vez, de verdad. Ya iba a ser mi vez. ¿Me daría tiempo?

Sus ojos eran verde azulados. Pese a los dos pares de gafas, no aparecían gastados por la vida. Eran vivaces. Viajaban a lo largo del mostrador preguntando continuamente, algunas veces acompañados por la palabra. Pero no consigo recordar su voz. Probablemente, fuese tan delicada que solamente fuese oída por los peces o pescados de la primera línea.

Sobre el carrito una chaqueta de burda lana rojiza, o así, con un toque jipi de verdad, y un bolso bandolera que me hubiese gustado para mi. En realidad, para mi me hubiese gustado todo si…

El 62. Yo. Y lo dije tan como lo había ensayado a lo largo de toda la espera: A mí, esa lubina, por favor: No, esa no, la más grande, y por favor, preparada para ponerla a la espalda. ¿Puede ser no?. Gracias.

Al este, a mi derecha, se había colado un hombre, con un carrito. Me alegro. No me sentía tan solo, pero enseguida me olvidé de él.

No se si podría ser mi madre. Ya dije algo acerca de su edad aparente. Por otra parte, tampoco sé muy bien mi edad. Tenía un trasero alto y plano, nada atractivo. Y la camiseta no le quedaba muy bien por la espalda. Mi admiración era profunda. ¿Sería yo capaz de ir así? ¿Quién me lo podría impedir?

Estaba colocando las cosas en su carrito. Había comprado muchas cosas. Algo de trabajo le iba costando teniendo en cuenta que no había soltado, durante esa manipulación, ni las gafas degradadas, ni el bolígrafo, ni el papel escrito a lápiz y cada vez más arrugado.

La muchacha del pescado alargaba su brazo derecho, movimiento acompañado con un delicado movimiento de seno del mismo lado, hasta un punto de difícil equilibrio, a fin de facilitarle la recogida de sus compras.
Mi muchacha, la que tan amablemente me estaba atendiendo, después de acabar con la lubina, esa no, la más grande, y sellarla para evitar un rastro a mar cantábrico, un decir, en mi más próximo futuro trayecto, hacía otro tanto que yo agradecía con una sonrisa.

Sin darnos cuenta, sobre todo ella de mi presencia, nos fuimos alejando poco a poco. Yo absorto, ella no sé, ya no atendía. Yo con la imagen de la serenidad personificada. Ella, ignorando que por un momento, fue la persona más importante de mi vida. Yo recordándola ahora. Ella, sin saber que sería la protagonista de esta historia.
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acga 061209

lunes 24 de septiembre de 2007

Princesa Chen del Sombrero Azul

Allí estaba, esperándome con un gran cartel que decía SI.
Yo creí que era para mí. Así que pensé que me esperaba.

Y me esperaba.
*
Vivía bajo un sombrero de color violeta. Lo primero que me contó es que no le gustaba ese color, y eso que tenía otro. Otro, el de poner, aparte del sombrero donde vivía.


Dado que soy persona de soluciones rápidas, le regalé dos sombreros nuevos, Uno para ponerse, de color azul, y el otro para vivir bajo él. De color azul también. Claro, ella me dijo que era el color que le gustaba. ¡Que iba a hacer yo!


Ahora, bajo su nuevo sombrero azul y con su nuevo sombrero azul, era feliz. Muy feliz ya que después del cambio, niños de todos los paises extranjeros, y algunos del suyo propio, iban a verla para que les enseñara a hablar ya que ellos venían sin las palabras puestas. La verdad es que había muchos niños y niñas que no sabían hablar. Ella tenía una gran paciencia y les enseñaba. Poner las palabras dentro de una persona es un trabajo que requiere mucha paciencia.

A mí, como era ya su amigo, también me puso alguna palabra nueva que yo no conocía.

A todo esto. Todas las palabras andan sueltas en el mundo de las palabras. Solo hace falta hacer un esfuerzo e ir a buscarlas. Si alguien quiere coleccionar palabras puedo asegurarle que es una bonita colección. Y no tiene límites, uno nunca va a acabar la colección. Y lo más curioso, uno puede coleccionar palabras que no entiende. Bueno, y ahí es donde ella, tiene un papel importante. Hace que los niños comprendan palabras que andan sueltas por ahí.

Se hizo tan famosa, no solo por vivir debajo de un sombrero azul y vestir un sombrero azul, sino también por lo bien que enseñaba a tantos niños extranjeros y alguno de su país también, que un día fue el Presidente del Mundo disfrazado de Yo y le nombró Princesa. No una princesa cualquiera, la Princesa Chen. No una princesa cualquiera Chen. La
Princesa Chen del Sombrero Azul, ya conocida como PCBH.

Y ahora... a mí me gustaría encontrar palabras sueltas para enseñárselas a PCBH. Pero hay un problema. Hay demasiadas palabras sueltas y no se cuales escoger ni en que orden enseñárselas.

Vale, si ella tiene paciencia, pues yo tambíen tendré paciencia.


/acga 070924/

domingo 23 de septiembre de 2007

Coriolis

Me estaba limpiando los dientes. La mente perdida, como en muchas ocasiones.

El grifo del agua, abierto.

Me fijé en el agua. Desde el cuarto cercano me llegaban los amables sonidos de Jan Gabarek Group, concretamente White noise of forgetfulness.

El agua, ya nevada de espumarajos, pugnaba contra las fuerzas de
Coriolis, que al final, ganaban.

Me dí cuenta de la inexorabilidad de la Madre Naturaleza. Siempre gana, cualquiera sean nuestros desatinos.

Ah, el grifo. Me dí cuenta de que no era justo. Recordé que entre otras contribuciones que hacía a la causa medioambiental, debía colaborar cerrando el grifo. Cosa que hice. Era el cumplimiento con mi particular Protocolo de Kioto.

Por otra parte, y reprochando un poco a mi madre, la Madre Naturaleza, me pregunté ¿pará cuando vamos a venir con dientes autolimpiables? Con los hornos ya lo hemos conseguido.


/acga 070923/

viernes 21 de septiembre de 2007

Día Internacional de la Paz

Hoy, 21 de Noviembre, se celebra en todo el mundo el Día Internacional de la Paz.

Seamos serios aunque parezca que lo tomamos a broma.

Hoy se está celebrando este día, en todo el mundo, de las más diversas maneras.

Una de ellas, dedicada solamente al público infantil y juvenil, es en los centros de enseñanza, dando por supuesto de que eso habrá de tener alguna repercusión en el futuro.

*****- Vaya, solo es un día, dicen los clientes, que saben habrán de librarse de otras duras tareas.
*****- Pero es que todos los días sería aburrido, dicen los ilusionados enseñantes mientras despliegan un ******abanico de eventos.
*****- Preferimos las celebraciones de los mayores. Dicen los clientes.

Y es que mientras, los adultos lo celebran, normalmente, con
fuegos artificiales. Tienen otras formas de celebrarlo, más refinadas, más ocultas, que prefieren guardar en el baúl de la discreción.

Para evitar que se siga criticando al mundo occidental, por su permanente egoísmo, los fuegos artificiales siempre son de mayor calidad en los países menos desarrollados. Un espectáculo de luz y sonido.

No obstante, desde nuestro privilegiado mundo podemos asistir casi en directo a las retransmisiones televisivas de los eventos de mayor resonancia que allá se conmemoran. Los ecos duran y duran.

Yo recomendaría, por que no suelen perder calidad con la rutina y monotonía del paso del tiempo, las sesiones que se celebran en tierras palestinas, en Irak, y otros lugares de esa clase. Y para que la gente no llegue al hastío, los eventos principales se trasladan de lugar de tiempo en tiempo.

A veces, los países menos ricos, que no son realmente los más pobres, organizan celebraciones en el exterior, en justa correspondencia a los honores recibidos. Cuando esto sucede, nos sorprende, y hasta nos agravia, el grado de perfección en la organización de los fuegos en nuestras propias casas. Miramos el espectáculo con estupor. No les suponíamos tal grado de generosidad. No contábamos con su prurito personal.

En nuestros aburguesados países occidentales, y que conste que occidentales no es solo un término geográfico, nos gusta recordar los eventos del pasado y, dada la diversión, hacemos continuamente méritos para que se reproduzcan. Los fuegos artificiales, digo. Y en nuestra casa si es posible.

El Día Internacional de la Paz se celebra a gran escala. Vamos, lo hace las Naciones Unidas aunque no estén unidas las naciones. Para todo el mundo! Definitivamente, nos gustan las cosas grandes.

A menor escala, el Dr. Néstor Swerjodsen Cruisnoir, va a realizar, hoy mismo, aprovechando lo señalado del día, una proposición a la Asamblea General de la Naciones Unidas, para que dicha proposición se convierta en resolución antes de que llegue el Fin Del Mundo (que ya ha anunciado su visita). La proposición destinada a convertirse en resolución trata de que a menor escala, se celebren los días siguientes, susceptibles de ir aumentado según necesidades:

* El Día Internacional de la Paz con Uno Mismo. A veces no nos soportamos mutuamente. Es un hecho.
* El Día Internacional de la Paz con la pareja, sin entrar en disquisiciones acerca de la palabra matrimonio.
* El Día Internacional de la Paz con la familia. Concretamente, la mía anda muy necesitada.
* El Día Internacional de la Paz con la Comunidad de Vecinos. Y ese día no se habla de yo tengo humedades y cosas así.
* El Día Internacional de la Paz en el Barrio. Asimilable a urbanización y otras variables
* El Día Internacional de la Paz en la Ciudad. Y áreas de influencia, incluidas ciudades dormitorio.
* El Día Internacional de la Paz en la Comunidad Autónoma. En ella misma y con las agresoras a sus más legítimos derechos históricos.
* El Día Internacional de la Paz en España. En las dos Españas. Jó, como suena. Y eso que estamos a medio camino de llenarnos de orgullo o hundirnos en la miseria.
* El Día Internacional de la Paz en Europa, y de aquello que estando en Europa no es Europa.

La proposición, destinada a convertirse en resolución, del Dr. Néstor es ambiciosa. No desarrolla los días referidos a continentes e islas continentales. Y por supuesto, salir de La Tierra ya le parece algo excesivo.

En cualquier caso, se hace camino a golpe de excavadoras y apisonadoras. Esto solo es el comienzo.


Mientras, a disfrutar de los fuegos artificiales.

* Nota: Respecto a la ilustración de este artículo, el que desee solidarizarse con él pastorcito de la estrella de David (tiene seis puntas y es azul), que lo diga, o calle para siempre. Luego, tal vez sea tarde.

/acga 070921/

jueves 20 de septiembre de 2007

Princess Lesi Red Shoes

La encontré escondida en un cuento, entrebuscando entre las ordenadas letras del Mago de Oz. Todos los personajes estaban ya en marcha. Hacia ¿dónde?

La princesa estaba allí, oculta, esperando a su descubridor. En un principio solo pude encontrar sus zapatos rojos. Después, me contó entrecortadamente, rodeada de ‘hi-hi-his’, que venía de la Casa de la Felicidad. Era el sueño de un día.

Sobre sus zapatos fue creciendo, poco a poco. Primero, unos diminutos pies. Bueno, he tenido que imaginarlos. Y así fue como, poco a poco, fui conociéndola. Todavía no tiene
cara. No sé si algún día la tendrá. Tal vez cuando la mía se haya desvanecido en la nada. Es un espíritu puro de la Casa de la Felicidad. Solo es una tenue sombra con una túnica roja, roja como sus brillantes zapatos de charol.
*
Mi Princess Lesi Red Shoes se mueve en el oriente de mi universo y cada día, como el Sol Naciente, aparece en el firmamento y apaga las estrellas. Y si no aparece, por que está atareada dentro del cuento, miro las estrellas y trato de averiguar en cual de ellas se refugia de los días calurosos y húmedos de allí, o de los fríos y secos de allá, que encogen su espíritu. Y cuando llega, recorre el universo de oriente a occidente y me deja unas pocas palabras sin sonido. Los espíritus no necesitan sonidos. Va y viene varias veces, como una brisa, como la música, con la música. Snowflakes are dancing. El viejo Isao me acompaña con sus sintes. Tomita puede con todo, puede con Debussy también.

Ya está. Está ahí. Ella. Ah, un día me habló de cine. Yo no sabía que las princesas espíritus puros sabían de eso. Ya veis. My Princess Lesi Red Shoes es así.
*

Veo que se ha salido del cuento y ahora vive entre nosotros.
*
/acga 070626/

miércoles 19 de septiembre de 2007

Juntos

Había sido una relación tumultuosa. No todo el tiempo, claro. En un principio, muy tumultuosa pero con el paso de los años se había ido haciendo cada vez mas sosegada.

Juntos, habían viajado por todo el país y… parte del extranjero. Juntos, muchos días. Juntos, muchas noches.

Había sido testigo de días de tristeza, noches de amor, noches de tristeza, días de amor. Y también, días y noches aburridas hasta el hastío. Juntos, todas las pasiones. Todos los pecados, juntos.

Habían soportado, juntos, toda clase de imprevistos, incluso accidentes más o menos graves. Juntos, habían sobrevivido.

Se habían sido fieles, rigurosamente fieles durante todos estos años. Bueno, a veces ella miraba furtivamente con envidia a otros, que le habían parecido mejores, pero nunca se había atrevido.

Su encuentro había sido casual, fruto de un enamoramiento juvenil. No había intermediado cálculo alguno. Y él estaba orgulloso. Le había elegido a él, ¡entre tantos!

Y ahora… Ahora. Ella le había abandonado.

Había sucumbido a la tentación. Otros. ¡Había tantos otros mejores que él! Relucientes pimpollos que habrían de devolverle su perdida juventud. Eso creía ella.

Le había abandonado. Sin previo aviso. Con una crueldad extrema. Ni una palabra de explicación… aunque las explicaciones no eran necesarias.

Ahora. Ahora, solo y abandonado. Se encontraba deprimido, no triste, más que triste. No solo le había abandonado, tenía la seguridad de que ya nunca más habrían de verse.

Ahora. Ahora. Solamente… se sentía mal. Cada día asistía, ya casi impasible, a su desmembramiento. Cada día perdía algo y, con ese algo que perdía, perdía su identidad y, su mayor desolación era el convencimiento de que aunque ella regresara, ya no podría reconocerle.

Ahora. Ahora hubiese deseado una muerte rápida, instantánea. Podría haber sido así.

Pero no. Allí, en aquel horroroso y frío campo de desguace, con el óxido corroyendo sus entrañas, miraba a la lejanía, con sus dos desvencijados faros, deseando haber sido llevado al achatarramiento total, prensado y fundido, que pusiera final a su triste y lento destino.

Y mientras… todavía la recordaba… y… la comprendía.

/acga 070919/

martes 18 de septiembre de 2007

Historia de tres historias

Lo advierto. Es un relato breve.

“Un día que no conseguía dormirme, me levanté y me puse a escribir. Escribí tres historias"

Fin. (Total, 16 palabras, una coma y un punto...ah, y las comillas de apertura y cierre) . Y ésta es la historia de tres historias.

Nota final: Si al levantarme hubiera escrito cuatro historias, pues el título sería Historia de cuatro historias pero, hay que reconocer que suena mejor, es más eufónico, el ritmo ist-tres-ist que la secuencia ist-cuat-ist. Esta diferencia se nota mucho mejor si se dice el título muy deprisa. De todos modos admito la división de opiniones y la propiedad conmutativa.

Aclaración final. "Historia de tres historias" no es una de las historias contenidas en la "Historia de tres historias", de hecho, es una cuarta historia aparte, si siquiera consecutiva.

Nota final de la aclaración final: Una nota y una aclaración son siempre cosas distintas.


***acga 070918***

lunes 17 de septiembre de 2007

El Descubrimiento





Era querido y respetado en su empresa. Había comenzado haciendo recados y en solo 18 meses le habían confiado un vehículo. Llevaba 38 años en la misma de los cuales 34 y medio los había pasado conduciendo distintos tipos de vehículos.

Ahora era el mejor representante para todo el norte de España y algunas provincias de la antigua Castilla la Vieja y del Reino de León y, aunque sus jefes y compañeros no querían, él pensaba jubilarse. Había decidido hacerlo dentro de seis meses. Estaba en su último año de conductor profesional.

No se encontraba mal, presumía de hacer más de 50.000 kilómetros anuales, al precio de dormir en su casa solamente un mes al año (algo que su mujer le agradecía).

Ahora, ahora mismo, se encontraba reflexionando acerca de lo acontecido.

Realizaba su recorrido diario, absorto en los clientes visitados, cifras de negocio, anécdotas y… aquella camarera del restaurante de carretera con la qué… cuando observó algo extraño al borde de la antigua Nacional 634. Detuvo el coche. Bajó. Lo rodeó…

Era un poste vertical de color gris. Metálico, comprobó dándole unos golpecillos. Con un enorme círculo en la parte superior, que estimaba en unos 70 cm. de diámetro, de color blanco con el borde rojo. En su interior, en gran tamaño, había un siete y un cero, que rápidamente interpretó como 70.

Dio la vuelta alrededor del poste y comprobó que la cosa era de color gris y, en letra pequeña, tenía grabado algunas cosas.

Le dio varias vueltas. Volvió al coche, se sentó, y lo observó cuidadosamente.

Reanudó la marcha y pronto cayó en la cuenta de que el fenómeno se repetía. Había más. Y pronto pudo apreciar que no en todos había un 70. Otros tenían un 40 y otros un 90.

Se le habían agilizado sus dotes de observación dado que pronto reparó en que había otros más, pero con distintas formas y colores. Le resultó extrañamente curiosa una de aquellas cosas, que no parecía abundar tanto como las anteriores, por su forma octogonal y roja. No le dio tiempo a ver lo que había escrito en ella, la cosa.

Ya en el hotel, pensó en el asunto. No sabía que hacer con su descubrimiento. No se decidía a comunicárselo a nadie ya que, si nadie nunca le había hablado de eso tal vez fuera por que nadie tenía constancia de su existencia y, si lo contaba, tenía miedo de que lo tomaran por loco.

Al final del día ya había tomado la firme determinación de no hablar con nadie del extraño hallazgo o suceso.

Tal vez, dentro de mes y medio, ya en casa, y personalmente, se lo contara a su mujer. Ella era más inteligente y quizás juntos adoptaran la resolución más acertada acerca de que se podría hacer con aquel descubrimiento.

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013 - El descubrimiento - OVNM - 070917
fotografía: @444-FB-080602-6203-Stop en Castrillo de Polvazares
música: The Alan Parsons Project - Mammagamma



domingo 16 de septiembre de 2007

Tarta de Ascrofutelos sojertes sabel

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Cuando uno va a recibir una visita muy especial, como la que voy a recibir yo, mañana a las siete de la tarde hora local, debe agasajar a su huésped con algo extraordinario. Es una costumbre que he aprendido precisamente en Milones, pero de ese lugar hablaré después.

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Mañana, para la cena, le prepararé esta tarta, es lo menos que se merece. Ella, la visita, sabrá entender el esfuerzo que voy a realizar ya que si bien la confección de la misma es muy fácil, la búsqueda de los ingredientes me llevó algo más de tiempo.
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En mi último viaje –me gusta viajar- he conocido una pequeña isla dentro del archipiélago Papueche Terminakus Mundus, en el Océano Trasíndico.
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Es difícil llegar allí. Yo no suelo frecuentar los viajes organizados, vamos, los he frecuentado solo una vez y no me gustó la experiencia. Así, a partir de entonces me constituí en mi propia empresa organiza viajes: “OVNMlogicaltravel”.

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Esta vez contacté con el capitán portugués Amaraibo Da Silva Santos-Souza, de un carguero panameño, el Andromericus, con ruta hacia aquellos mares.
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Embarcamos mi zodiac y yo una mañana de Mayo y, tras unos tranquilos días de viaje, en un punto del océano, concretamente el 187º63’17’’ N 375º73’27’’W, el capitán dio órdenes de aminorar la marcha y nos dejó caer, suavemente, a mi zodiac y a mí, sobre las placenteras aguas del océano.
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Nos despedimos, no sin antes quedar en ese punto ocho días más tarde, encontrándonos en su viaje de regreso.

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Velozmente con mi Zristitixe II, mi zodiac, me alejé del Andromericus al tiempo que me acercaba a la pequeña isla de
Milones, una más del archipiélago citado.

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Normalmente hago reseñas bastantes completas de mis viajes. En este caso, he renunciado a detallar todos los aspectos generales, por lo que no hablaré para nada de ello, ni de la belleza de la isla ni de la hermosura de sus hombres y mujeres, hermosura que conservaban hasta el final de sus días. Así pues, me centraré en un solo aspecto, su gastronomía.
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Cualquiera de sus platos merecería una especial mención por su exquisitez, por sus selectos ingredientes y por su fácil preparación.
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Como muestra, reflejaré, lo mejor posible, una receta de un postre, sencillo pero divino, la acreditada tarta de ascrofutelos (variedad sojertes sabel). Concretamente, la receta de Ma'Lihana Te Cué 'Nê, la más anciana guardiana de todas las recetas del poblado más alto de la isla.

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Este extraordinario postre tiene la virtud de no necesitar de primeros platos, se puede consumir directamente en vez de ellos, incluso como postre.

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Para no distraer más la atención paso a la receta.
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Tarta de ascrofutelos sojertes sabel

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Ingredientes:


- Ascrofutelos sojertes sabel pelados --- muchos
- Ascorfutelos ídem verdes sin pelar --- la misma cantidad
- Biscolotes grinsel --- los que caben en una mano abierta
- Mastroneas zil --- tres octenios
- Zorjostereas --- siete láminas
- Prinlesis liofil --- lo mismo que los biscolotes
- Szonas polsk --- cuarto y mitad de un octenio
- Aceite balsámico de ñocoboleateras --- a discreción
- Zimbrelejtori fuebi --- suficiente para cubrir
- Sal de nitetanza cordoviense --- a discreción
- Pétalos de carnationes SinensisII --- un múltiplo de 5, a discreción
- Pétalos de hamandas SinensisII --- un múltiplo de 10, a discreción


Modo de preparación:


- Confitar los ascrofutelos sojertes sabel pelados en el aceite balsámico de ñocoboleateras, a 62º Celsius, durante 127 minutos.
- Cortar los ascrofutelos verdes en tiritas largas. Escaldarlas. Introducirlas en el zimbrelejtori durante cinco minutos. Dejar secar y reservar.
- Dorar, al punto de caramelo, los biscolotes grinsel. Criogenizar con nitrógeno a –273 grados.
- Partir en láminas las prinlesis. Hornearlas y espolvorearlas con szonas polsk.
- Extender las zorjostereas, con un rodillo relleno de agua hirviendo. Darle forma circular. Reservar.
- Preparar una capa de mastroneas zil. Ya viene preparada en origen (zonas abruptas de la isla de
Milones). Solo se necesita flamear.

Montaje de la tarta:


- Colocar en un molde de piroleptorneosm, de tamaño medio, una capa de zorjostereas. Colocar sobre ella los ascrofutelos verdes en tiritas largas. Esta colocación debe ser radial a fin de optimizar las sinergias derivadas del producto con la energía cósmica. El principio señala que la totalidad es más que la suma de las partes. (2+2=5)
- A continuación, cubrir con una delgada capa de zorjostereas, de aproximadamente un milímetro. Rellenar con los biscolotes grinsel, que deben estar quebradizos por lo que habrá que manejarlos con cuidado.
- Pondremos ahora otra capita de zorjostereas para cubrirla con las láminas de prinlesis liofil. Debe notarse claramente el espolvoreo con szonas polsk, si no fuese así, deberá prepararse aparte unos grumos de lo mismo y rociar sobre las prinlesis liofil.
- Nueva capa de zorjostereas que cubriremos con los ascrofutelos pelados y confitados.
- Cubrir todo con la capa final, de mastroneas zil flameada.

Terminado:

- Espolvorear la sal de nitetanza cordoviense, de forma que no llegue a cubrir todo. Esta olorosa sal puede ser usada sin problemas ya que la piedra madre, la nitetanza cordoviense, es prácticamente insípida, solo se busca el efecto estético de sus perfectos cristales troncopiramidales. Es un mineral de la familia de la tanzanite a la que se parece mucho en que tiene distinta forma, distinto color y hasta distinta fórmula química ya que si ésta es Ca2Al3(SiO4)(Si2O7)O(OH) la nitetanza es (Ca2Al3(SiO4)(Si2O7)O(OH)(OH)(OH)(JO)
- Adornar con los pétalos de carnationes sinensisII y de hamandas escaleritas sinensisII, que con sus colores rojo
piracanta y verde tulipífera respectivamente, realzan los cristales intensamente amarillos de la piedra nitetanza cordoviense.
- Por los bordes de la tarta puede, a discreción, añadirse un poco de aceite balsámico de ñocoboleateras con otro poco de zimbrelejtori fuebi. Al no ser miscibles, producen una iridisaciones muy agradables a la vista. Otra opción, es servir las dos salsas en sendos recipientes para que cada uno, a su gusto, mezcle las proporciones adecuadas.

Servido final:


- La tarta deberá estar semicongelada. En el último momento deberá sufrir un horneado a 250 grados durante dos minutos y cuarto. El horno habrá de estar precalentado.

Otra idea, que puede sino mejorar el plato darle un toque de originalidad, es inyectarle lateralmente, en seis puntos, un chorro de gehocalnogor, que tiene la peculiaridad de calentar instantáneamente no obstante, dejará interiormente unas señales de color rojo anaranjado que, a algunos podrá parecerle sorprendente.


Este plato típico, de fácil preparación, lo suelen realizar los milonesiensis una vez a la semana, generalmente los sábados dado que es muy energético y les permite disfrutar de un domingo realmente ocioso, sin preparar otras comidas.
Lo de energético los sábados… pues está bien.


Bueno, tal vez, con un poco de tiempo, os informe de alguna otra receta milonesiensis de una preparación algo más complicada, para cocineros avanzados o cocineras avanzadas.


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texto: tarta de ascrofutelos sojertes sabel - OVNM - 070901
fotografía: @444-FB-080113-Victoria amazónica-Botánico de La Orotava (TF)
música: Hawaian - Jack De Mello - Blue Hawai

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ñoco: ¿les invitamos?
acga: ¡claro! ¡ya se han dado cuenta de nuestra invitación!

viernes 14 de septiembre de 2007

Fulgencio Máximo

*



Ella: Que haces?
Él: Estoy escribiendo
Ella: Y sobre que escribes?
Él: Sobre Fulgencio Máximo
Ella: Perdona… mi ignorancia...
Ella: Quién es?
Él: Un amigo mío, un personaje famoso de la vida real

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Vaya por delante eso que suele ir detrás. Por ejemplo: Esta es una historia verdadera, real como la vida misma, así que todo parecido con la ficción es pura coincidencia. Hasta los nombres de los personajes son reales. Cualquier investigador, con un poco de paciencia, podría localizarlos a todos en una pequeña ciudad de nuestro país. Y no doy más pistas.
Y dicho esto, ya puedo seguir tranquilo.

Yo era, y soy, íntimo amigo de Fulge. Y seremos. Casi nos criamos juntos, nos separaban unos meses de edad, vivíamos en la misma calle de la misma ciudad (tengo que hacer esta precisión por que los nombres de las calles se repiten en muchas ciudades).

Juntos íbamos a todos los sitios y, casi siempre, juntos regresábamos. Etc. Más tarde, si tengo ganas, contaré algo de nuestra conjunta niñez.

Hoy quiero escribir algo de la historia de este hombre singular, ahora que es mayor, se ha convertido en eso, en singular, y que se encuentra inmerso en un trágico drama, pero para hacerlo tendré que entrar en los antecedentes familiares.

Conocía a su padre, Crescencio Afranio Hinojosa del Temple Carballeda, y a su madre, Regina Virginia Montanchez y Cervalizas.

Crescencio vivía obsesionado con tener un hijo, me contaron, y mucho más desde el punto en que Regina ponía todos los obstáculos posibles a la consumación del matrimonio. De estas cuestiones me enteré más tarde, cuando dejé de ser niño. Nadie le contaba a un niño esas cosas de años antes de su nacimiento. Tampoco llegué a saber como por fin se había consumado aquel matrimonio. Bueno, no me refiero al acto en sí, que sí se como se hace, sino a la decisión y/o consentimiento de Regina a ser violada por su propio marido (creo que ella lo veía así)

El plan de Crescencio era, por demás, bastante común en el planteamiento. Quería tener un hijo, no hija, que brillase como un diamante dentro de una montaña de carbón. Para él, el mundo era una mierda (poéticamente le llamaba carbón) y su hijo brillaría, brillaría, brillaría…

Los preparativos de la concepción fueron extraordinarios. Alquiló, por una semana, una suite en un conocido gran hotel. De acuerdo con la dirección del hotel, llenó la habitación de valiosas reproducciones de grandes pintores de la historia de la humanidad, incluso se llevó a la suite un cuadro original muy apreciado que tenía en su despacho. No se conformó con eso. Dispuso, durante esa semana, de originales centros florales donde suponía se concentraba toda la belleza, y lo completó con un surtido de onerosos frascos de esencias y fragancias que serían la envidia de
Jean-Baptiste Grenouille.

Hay muchos más detalles, no nimios, que completaban el llamado marco de referencia. Durante todo el tiempo en el que habitaban la suite, que era todo el tiempo, sonaba la mejor música que se podía suponer, desde los más exquisitos clásicos hasta la música más actual de aquellos momentos. Por cierto, la cama estaba elevada sobre un espléndido surtido de las mejores obras de la literatura universal, abiertos todos ellos en una página con un pasaje de especial significación, o una cita digna de pasar al libro de las 1001 mejores citas de la historia.

Regina de tal y cual estaba todo el tiempo inmersa en aquel sobrecogedor ambiente, no agobiada, ya que era una mujer que se adaptaba rápidamente al entorno. Todo el tiempo. Alimentándose de los más preciados manjares hechos traer de todas las partes del planeta. Crescencio era así, todo para su reina.

Por las noches, y en el momento de cada acto, violación según Regina, sonaba El Anillo de los Nibelungos, de Wagner, no por que Crescencio tuviera ideas filonazis, que no las tenía, sino más bien por que le entusiasmaba verse cabalgando a Regina en un acto de amor sublime del que habría de surgir el fruto de su pene. Lo siento, Crescencio era así, Regina solamente era un instrumento para la creación de un ser superior, el futuro Fulgencio Máximo, mi amigo Fulge.

Bueno, no en vano Crescencio se había pasado media vida buscando su media naranja, que tendría que ser más que la mitad dado que aspiraba a la perfección. Y así fue Regina seleccionada no solo por su nombre, perfecto, sino también por su bien formado cuerpo con las medidas anatómicas por él consideradas áureas, no muy cerca de las mujeres de Rubens pero tampoco de las escuálidas de la posguerra. Y tengo que mencionar el exhaustivo y riguroso examen médico, mental y corporal.

Catorce. Catorce actos consumaron Crescencio con el consentimiento de Regina. Dos diarios. Por la mañana, después de un copioso desayuno en la cama, para coger fuerzas, y por la noche, tras el rezo del rosario por parte de Regina mientras Crescencio preparaba la música. El rezo del rosario tenía una parte interesante, eran las letanías. Cuando Regina llegaba a la serie de
regina angelorun, regina patriarcarum, regina profetarum… a Crescencio se le erizaban los vellos de emoción. No así a Regina, que en el momento de recitar regina virginum se le erizaban los vellos, también, al tiempo que se le caían gruesas lágrimas pensando en que nunca más podría ser reina de las vírgenes.

Un día, es decir, una semana más tarde, ambos salieron de la suite. El director del hotel les despidió atentamente y les deseó suerte. Mientras Regina agachaba la cabeza semi avergonzada, Crescencio, cortés pero tajantemente le dijo que no la iban a necesitar, que todo estaba ya consumado y que el resultado era el deseado. De algún modo el director participaba en aquel evento y solicitó ser el padrino del niño porque, obviamente Crescencio dijo que sería niño y que había sido concebido el jueves a las 10:37. Nunca desveló a nadie de donde provenía su certeza, pero el caso es que, a los
270 días justos, vino Fulge.

!Ah! El director del hotel consiguió ser el padrino.

Es necesaria tanta explicación dado que debe saberse que Crescencio buscaba la excelencia así que debo continuar con los nueve meses siguientes. Y fueron un poco más de lo mismo, sin el acto, pero en casa. Sin el acto porque a Crescencio no le interesaba ya, que el sexo puro lo tenía fuera de casa. En cuanto a Regina, rota su virginidad, quería mantenerse como el sagrado cáliz de la nueva raza.

Fueron meses sistemáticos. Mucha música directa sobre le vientre de Regina. Crescencio se había hecho fabricar unos auriculares tamaño grande para ajustar al vientre de Regina. Por otra parte, también se había hecho fabricar un extraño alambique desde el que emanaban esencias que superaban las del citado Jean Bautiste Grenoullie.

También había contratado una serie de lectores, masculinos y femeninos, con armoniosas voces, para leer sobre el vientre esas obras selectas antes citadas. En cuanto a la obra plástica, proyectaba imágenes con un antiguo
proyector Hunter de forma directa sobre el ombligo de Regina, con la esperanza de que llegaran al interior. No citaré otras pequeñas invenciones realizadas con el objeto que, por la vía de los sentidos, llegase a Fulge toda la belleza y riqueza acumulada por la humanidad desde que el hombre abandonó Atapuerca.

Y así nació Fulgencio Máximo. Su escogido nombre ya indicaba las ansias de Crescencio, las ansias de que Fulge llegara a brillar como una estrella, más aún, más que las estrellas. No entraré a relatar los muchos nombres que rondaron la cabeza de Crescencio con el fin de dejar una impronta en su hijo. Se quedó con Fulgencio, el que brilla decía él y Máximo, por las razones obvias que el mismo nombre indica.

Dicen que fue un niño perfecto. Yo no lo diría ya que nació con seis dedos, tenía los pulgares duplicados. Ligeramente duplicados, unidos por una pequeña juntura que, después, ya en el colegio, le facilitaba el encaje del lápiz entre su doble pulgar e índice. Reconozco que fue una ventaja y Crescencio así lo veía. El pobre nunca pudo imaginar que algún día llegarían los ordenadores y la Play-Station para lo que esos dobles pulgares no suponía una ventaja.

Ya de niño, como yo, seguía siendo perfecto. Era más alto y más guapo que yo. Me consuela que en aquellos tiempos no existían las niñas (realmente no sé dónde las escondían) lo que nunca supuso un problema de envidias o competencias. Pero era, era más todo que yo….excepto en sus cuatro dobles pulgares.

Crescencio estaba orgulloso. Regina, a su modo, también. Ninguno de los dos adivinaba todavía el gran drama de Fulge, ni yo, tampoco.

Perfecto. En los estudios, el primero. Yo, detrás, aprobando siempre dejando alguna, él, dejando atrás un notable o dos a lo sumo, lo demás, sobresalientes.

Nos separamos por un tiempo. Nuestras vidas se hicieron divergentes, como las vías de un tren, paralelas pero realmente tirando a divergentes ya que en las estaciones unas van a Orense y otras a Gerona, un decir. Así que, por lo menos, no convergentes.

Nos reencontramos años más tarde. De forma tonta, casual, estúpida. Los dos pasábamos por el mismo sitio al mismo tiempo (hora exacta). Y nuestra amistad se reanudó en el mismo punto en el que la habíamos dejado. Y fue entonces cuando me contó su drama, que arrastraba en silencio, con ocultación, desde que tenía uso de razón.

No era feliz. Había hecho cuatro carreras serias, Filosofía y Letras, Económicas, Antropología social y Psicosociobiología del ADN. La otra carrera, el Maratón de Nueva York, 42 y pico kilómetros quedando entre los 99 primeros.

Se había casado con una guapa mujer, sana e inteligente, que conoció en Económicas, con la que tenía dos preciosas niñas y un bien parecido niño, todos con un futuro prometedor. Su guapa mujer lo tenía todo, no necesitaba engañarla.

Me contó un sinfín de detalles acerca de lo acontecido durante esos años de nuestra separación. Se podría resumir en una vida ordenada y feliz pero...

Abrió su cartera y, al lado del carné de identidad y las tarjetas de crédito, tenía un sinnúmero de tarjetas de color marrón, tirando a ocre, que decían:
Fulgencio Máximo Hinojosa del Temple y Montanchez,
Su cargo (que no digo)
Caga el Rey, caga el Papa, pero de cagar, nadie se escapa.

Y por supuesto, la dirección, email, teléfonos etc. Que aquí no habré de desvelar por razones obvias.

Me quedé anonadado. Impactado.
Speechlees. Obnubilando. No me lo podía creer. Puestos a epatar con tarjetas, yo tenía unas que decían, “por favor, no me pida la tarjeta”, era a lo más que había llegado. Y pensé que era una quedada.

Nada de eso. Era el reflejo de su gran drama. Pude comprobar, mucho más tarde, que en su despacho –era un alto funcionario público- tenía sobre la mesa un marco con esa misma expresión, caga el Rey, caga el Papa, pero de cagar, nadie se escapa. Y en su casa, en todas las habitaciones, discretos marcos con la consabida frase.

Me contó que muchas veces había pensado en suicidarse. Pero era un cobarde y lo asumía. El nunca lo haría solo. Reclamaba una eutanasia activa (suicidio) asistido por la Seguridad Social. Gráficamente decía que quería que le pegasen un tiro de mierda.

Yo lo animaba y le recordaba aquellos tiempos en los que andábamos dos kilómetros para ir a la playa. Él, con su elegante toalla de rayas verticales de variados colores. Yo con el neumático (ahora le llaman cámara) de un coche que, al pasar por una gasolinera cercana a la playa nos inflaba Manolo. Y cómo más tarde, todavía sin llegar a la playa, entrábamos en el Mercado y le comprábamos a Matilde dos gigantes y maduros
membrillos (es una casualidad el gran parecido con sus pechos). Cómo ya en la playa, éramos la envidia de la gente por, primero, el gran neumático con siete parches a punto de reventar, segundo, por nuestros relucientes membrillos que tirábamos al agua para ir a buscarlos nadando. Ummm, que ricos al mordisquearlos, dulces con sabor salado. Y tercero, por el clavo, ese gran clavo, de casi 20 cm., con el que jugábamos a dejarlo caer desde distintas partes del cuerpo... Iba ascendiendo por el mismo hasta llegar a la punta de la nariz, luego, la cabeza, y si siempre caía clavado en la dorada arena de la playa, ganabas. Admitíamos un ángulo de inclinación de tres dedos. Éramos exigentes.

Nada. Nada lo consolaba. Era feliz a su modo, o sea, no era feliz.

Lo había intentado todo. Había visitado todos los mejores especialistas. Ningún médico encontraba una solución. Habló con la NASA, como especialista en Psicosociobiología del ADN, tenía sus contactos. Ellos, la NASA, habían encontrado medios para reducir el problema en sus astronautas pero eran
soluciones parciales y, sobre todo, temporales.

Por su cuenta, había estado investigando con unos amigos preocupados por su problema, sobre cambios en la estructura molecular de su organismo a fin de encontrar otras vías anti-VRSH. Nada. Desaliento, mucho desaliento. El estado actual de la ciencia se mostraba impotente.

Y Fulge... Oh, pobre Fulge, viviendo continuamente entre dos depresiones que cada vez se acercaban más entre ellas. Pobre... !Pobre amigo mío!.

Y es que Crescencio Afranio Hinojosa del Temple y Carballeda había olvidado, en aquella gran suite del aquel gran hotel, había, había olvidado algún tipo de actuación, sobre su futuro retoño, encaminada a asumir las pequeñas imperfecciones de esta vida. Y desde luego, cagar, hacer de vientre, hacer caca, obrar, emporcar, ciscar, ensuciar, hacer de cuerpo, deponer, descargar, evacuar, excretar, defecar... es una pequeña imperfección, en nuestras imperfectas vidas. Claro, en Fulgencio Máximo, esa imperfección no era un mínimo (y no el mínimo común divisor)

Bueno, adiós, me voy a cagar


Post Scriptum:

- Fulge todavía vive, no ha conseguido que lo suiciden en la Seguridad Social. Es feliz dentro de lo que cabe. Y ya sabemos. Cabe poco.

- Adelaida, su guapa mujer, de la que no dije su nombre antes, se ríe todo el día. Le hace gracia lo que le pasa a su marido. Y continúa riéndose.

- Angélica, Melania y Adolfo, sus tres hijos, pasan del drama de su padre. ¡Cosas de la edad!

- Regina Virginia mantiene su cáliz puro, nunca más lo ha vuelto a usar.

- Crescencio Afranio, entre nubes de Alzheimer, cuando tiene un rato de lucidez, maquina sobre los errores cometidos durante la concepción. Ya tiene elaborado un plan extraordinario para la concepción de su segundo hijo (también quiere que sea hijo)

- La CCC, Comunidad Científica Caláxica continúa investigando. Ha nombrado una Comisión de Expertos. Deducimos que no tiene futuro.

- Y... siete mil millones, yendo cada día, con más menos esfuerzo, el que tiene suerte.

- Y ... yo... esta mañana... ¡Pues he tenido suerte!

* ¡Ah! VRSH, igual se me había olvidado aclararlo, Vertido de Residuos Sólidos Humanos

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///OVNM 002/070914 - Fulgencio Máximo
///foto: 080423/C5817-Autoretrato de Fulgencio Máximo
///música: Parsons and Spies - An hour

Viaje al pasado

Hoy me trasladé al pasado. Hace un rato. Temprano.

Posiblemente debí de hacer un traslado defectuoso ya que apenas pude observar nada interesante. Incluso os aseguro, no encontré nada interesante en el pasado.

Para más detalles, hice un traslado rápido al 14 de Setiembre de 1980, 27 años antes. Justos.

El breve resumen que puedo hacer es que:
Primero, era domingo. Sin embargo, hoy es viernes.
¿Y que más? Pues nada. Siete líneas de puntos. Vacías.

No me ha resultado nada interesante este traslado al pasado así que cerré la agenda y me fui de nuevo a dormir.

¡Y es que era de madrugada!


***acga 070914***

miércoles 21 de marzo de 2007

Y llamé a las puertas del cielo

ñ


.................................................... Y llamé a las puertas del cielo

Estaba en un pequeño pueblo, cercano a la única ciudad de la costa norte que mira al sur, intentando hacer una fotografía al cáliz de una pequeña y sencilla, pero hermosa flor, cuando un destello luminoso distrajo mi atención. Separé la cámara de mi cara y mire cuidadosamente a su objetivo. Estaba limpio.

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Miré al sol, y no percibí nada diferente a cualquier otro día. Reanudé el intento de captar un momento mágico en ese cáliz, y de nuevo volví a percibir un destello, esta vez algo más acusado. Dejé la cámara y miré hacia el Sol. Nada, no había nada.
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Al intentar coger la cámara de nuevo, cosa que ya no llegué a hacer, noté una cierta luminosidad por el rabillo del ojo. Giré la cabeza y el destello estaba allí, sobrevolando el macizo de flores, a unos dos metros de altura. Mi cara se volvió pálida.
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Yo no soy creyente. No creo en cada... o casi nada. De haber creído en algo hubiese dicho que era un ángel, o ángela dado que no percibía atributos diferenciadores.
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Claramente noté que me decía, con una encantadora sonrisa, sin que se observara movimiento alguno en sus delgados labios, vete, busca y encontrarás. Si, eso creí entender, vete, busca y encontrarás.
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Me quedé anonadado. Eso no me podía estar pasando a mí. ¿A donde tenía que ir? ¿Qué tenía que buscar? ¿Qué iba a encontrar? Además, ¿Quién era ese ser? ¿Tendría que darle carta de naturaleza y afirmar su existencia?
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Y no pude hacer más ese día. Realmente, si pude. Pasé todo el día pensando en lo que me había sucedido. A mí. Un escéptico, un agnóstico recalcitrante.
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Llamé. Si, llamé. Llamé a las puertas del cielo, sabiendo que no existe un cielo, como mucho, un infierno aquí en la tierra salpicado por instantes de paraíso.
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Y se abrió una puerta. Allí, con su sonrisa encantadora, allí estaba. Me repitió, vete, busca y encontrarás. Y tuve una vaga visión. Me vi, por un momento, en la Luna, o Marte, quizás algo así.
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A la mañana siguiente salí con destino a Lanzarote, no sé por qué, y una vez allí, olisqueé todas y cada una de las piedras de lava volcánica, siguiendo un rastro de no sé qué. Entré en el interior de la tierra, me bañé en el calor del volcán hasta deshacerme por los poros de mi piel...
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Regresé con la extraña sensación de que esa experiencia era gratificante. Nada más.
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Llamé de nuevo a las puertas del cielo. No hizo falta que llamara, estaba esperándome a las puertas. Me repitió, vete, busca y encontrarás. Y de nuevo una vaga visión. Estaba bajo el mar, desnudo. Me acompañaba mucha gente muy diferente a mí.
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Y a la mañana siguiente, sin saber por que razón, estaba volando hacia Toba, Japón, donde al llegar me esperaba, sin saber por qué, una comitiva de diminutas mujeres que me llevaron a una bahía. Nos sumergimos en sus aguas donde me enseñaron, y rápidamente aprendí, la técnica del buceo a pulmón libre.
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Eran unas expertas, habían nacido extrayendo las mejores perlas del lecho marino, y me decían que allí les encontraría la muerte algún día. Eran felices y sonreían todo el tiempo. Yo les correspondía de la mejor manera que sabía hacer.
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Me dijeron adiós. Que ya sabía todo lo que tenía que saber, y que buscase en donde nadie habría buscado antes.
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Llamé a las puertas del cielo. Esta vez no estaba nadie para recibirme. Un cartel de plateado color decía: Norte – Isla - Muy Frío – Abajo. No tenía sentido para mí. Solo norte era una indicación.
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Decidí dejarlo al destino. Me puse en carretera y paré al primer coche. Iba en dirección norte. Y pasaron los días, por un extraño azar, todos los coches que paraba iban en dirección norte. Y de este modo llegué a una costa que tenía enfrente una pequeña isla. Después supe que era de poco más de 30 kilómetros cuadrados.
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En la playa noté un agua heladora. Claro, pensé, estoy en el Mar del Norte, no puede estar el agua de otra forma. Sin embargo, las indicaciones de las puertas del cielo comenzaban a tener coherencia.
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Me acordé de mis amigas japonesas, me desnudé y me lancé al agua. Buceé incansablemente en unas aguas extrañamente cristalinas. Solo estaba yo. Ninguno de esos peces de colores. Nada de arrecifes de coral, nada de nada. Solamente arena blanca y fina.
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No sé cuanto tiempo pasó pero al final lo distinguí claramente. Un destello. Quizá el mismo que había notado cuando estaba fotografiando aquél cáliz.
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Agradecí profundamente a mis maestras japonesas el arte del buceo a pulmón libre. Allí estaba yo, aguantando sin esfuerzo todo el tiempo del mundo, viendo...
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La más hermosa perla que jamás pueda ser imaginada.
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¿Cómo imaginar una perla así en esas frías aguas?
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Perdí la noción del tiempo. Solo tenía ojos para aquella perla. La visión de la perla cambió mi vida. El mundo cambió de color. Mis flores se hicieron más bellas, las montañas… más altas, la música… más armoniosa, la comida de cada día más deliciosa...Todo era un goce para los sentidos.
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Moría lentamente. Día a día bajaba a ver la perla. Mi perla. Jamás se me ocurrió la idea de sacarla de allí. Ese era su lugar.
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Poco a poco, el mar se llenó de peces de colores. Surgió el coral. Las aguas se hicieron más cálidas. Ya no necesitaba subir a tomar aire. Mi piel se encargaba de respirar por mí. Solo necesitaba verla. Saber que estaba allí. Era suficiente.
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Un día, sin saber porqué, el agua se tornó oscura, muy oscura. Sucedió de repente. Nunca pude conocer las causas... pero sí los efectos. Ya no había corales y peces de colores. Ya no podía aguantar dentro de aquel infierno, el oxígeno me resultaba insuficiente. Si intentaba bajar a buscar una causa, aceleraba mi muerte. Y moría lentamente.
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